diumenge, 26 de juny de 2016

El adiós al Teatro Guindalera



El TEATRO GUINDALERA nació como centro de creación teatral con la voluntad de ser
un servicio público, un servicio público para la ciudad de Madrid, con un espacio físico
para la creación y difusión de sus producciones. Durante estos trece años y en ese
espacio concreto hemos intentado crear un estilo propio, con unas características
específicas, que son el sello de nuestras producciones.
Como “verso suelto” que somos en la profesión, hemos buscado la independencia, la
dignidad artística, técnica y laboral, así como el equilibrio entre lo que nos interesa a
nosotros y a nuestra sociedad, entre la elección de textos sólidos y el deseo de
renovación, además del entretenimiento y la búsqueda de temas que hablen de la
condición humana y planteen nuevos interrogantes sobre el ser humano en el
universo. Nos interesa fundamentalmente el actor como centro de la experiencia
teatral y sus procesos creativos, al tiempo que nos alejamos del “efecto teatral”, en la
búsqueda de la esencia del arte escénico. Buscamos la magia del juego sin estridencias
circenses ni trucos escondidos bajo la manga. En nuestros montajes damos prioridad a
la cercanía con el espectador, que siente la proximidad de las emociones desnudas de
nuestros actores.
La sala, situada en el número 20 de la calle Martínez Izquierdo, fundamentalmente ha
sido ese espacio físico que ha propiciado que el proyecto se desarrollara
adecuadamente; un lugar donde poder elaborar y mostrar nuestra propia producción
teatral, enriquecida con la aportación de otros espectáculos cercanos a nuestra forma
de concebir el arte escénico. De esta forma, el Teatro Guindalera se ha convertido con
los años en un espacio de culto con un público fiel, en un referente por la calidad
artística y por su modelo de gestión independiente (se paga un precio muy alto por la
independencia), en algo que, como servicio público muy localizable, sin los
presupuestos de los teatros “oficiales”, enriquece a la sociedad a la que pertenecemos.
Es también un lugar que,por sus características,propicia intimidad y cercanía –que se
amplía con el licor de guindas que comparten espectadores y actores en al hall al final
del espectáculo, como excusa para intercambiar comentarios sobre la obra,o en
pequeños debates programados–.
Sin embargo, después de remontar muchas situaciones críticas -que nos llevaban
durante varios años a un posible cierre-, nos vemos finalmente en la obligación,
definitivamente, de cerrar la sala como centro de exhibición,por la única razón de una
total imposibilidad económica para su mantenimiento.
El TEATRO GUINDALERA se convierte así en un lugar donde únicamente se ensayarán
nuestros espectáculos -que deberán exhibirse en otros teatros-, o se llevarán a cabo
otros proyectos de investigación teatral. No podemos seguir manteniéndonos como
sala de teatro con una programación estable. Es verdad que una posible solución para
evitar el cierre sería la derenunciar al centro de creación para convertirnos en sala
multiprogramación, programando incluso varios espectáculos diarios o exigiendo un
porcentaje superior a las compañías. Pero, por razones que nos alejan de nuestros
objetivos anteriormente expuestos o, simplemente, por dignidad profesional, nos
negamos a ello. No buscamos la supervivencia a través de un servicio comercial.
Por tanto, después de muchos años buscando soluciones cada vez mas ingeniosas,
llega el momento en el que en la balanza pesa más la desesperación del presente (el
21% del IVA es solo un matiz más) que la esperanza de un futuro mejor -en el que
siempre habíamos creído-, especialmente porque llegamos a la conclusión de que
nuestras administraciones no sólo son incapaces, sino queno tienen interés en
proyectos como el nuestro.
Hay que añadir que las instituciones apenas ayudan a las salas de creación, pero
sevuelcan con festivales que todo el mundo difunde y de los que se sienten
muyorgullosos (FRINGE, TALENT, SURGE...), que no miran por la calidad de
laprogramación ni por la profesionalidad o legalidad de las personas que participan.
¡Nadie premia ni destaca que los artistas estén contratados! La cuestión es ganar
dinero o servir de imagen, y no crear un proyecto decalidad y un equipo de trabajo
estable... Por otro lado, el teatro profesional tiene que ser cosa de profesionales con la
estabilidad necesaria para su desarrollo profesional, y si no están al servicio de las
necesidades del mercado, mejor.
Debemos agradecer a todos los ángeles que han desfilado por Guindalera, que han
sido multitud, espectadores, colaboradores, artistas y, porqué no, a algún demonio
que quiso hacernos daño -aprovechándose de nuestra ingenuidad-, pero que nos abrió
los ojos un poco más a la realidad. Nos vamos con la alegría y satisfacción de haber
sido fieles a nuestros postulados y con la tristeza de comprobar que el país no puede
permitirse proyectos como el de GUINDALERA o, simplemente, no le interesan.
¡Ojo! Tenemos que cerrar la sala, ¡pero Guindalera seguirá dando que hablar en sus
producciones! Seguimos con nuestro montaje de Tres hermanas de Chéjov que en
octubre iniciará su gira, y en noviembre El año del pensamiento mágico estará
programado en el Teatro de la Abadía.
23 de Junio 2016
Juan Pastor Millet

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