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02 de setembre 2017

Marianella Morena inaugura el festival de teatro peruano Sala de Parto



El Festival Sala de Parto, que se hace en Perú y que en 2016 recibió a personalidades de la escena como Sergio Blanco, Claudio Tolcachir y Sergi Belbel, será inaugurado este año por una directora uruguaya: el 13 de setiembre, la que dará inicio a este encuentro internacional de teatro será Marianella Morena, con un espectáculo de gran porte: en el Parque Próceres de la Independencia de Lima, que abarca unos 4.800 metros cuadrados, se estrenará Bicentenaria, una obra de las peruanas Mariana Silva y Claudia Tangoa, con dirección de Morena, que contará con 200 mujeres en escena, entre ellas las reconocidas actrices Magaly Solier –protagonista de la película La teta asustada (Claudia Llosa, 2009)– Evelyn Ortiz, Michela Chale, la rapera y conductora de televisión Mera de la Rosa y Katerina D’Onofrio. Así, artistas, periodistas, abogadas, deportistas, amas de casa, famosas y anónimas, feministas y no feministas, se reunirán en una puesta que intenta revisitar la figura de la mujer a lo largo de dos siglos. Y según adelantó Morena a la diaria, la selección de las participantes no respondió a ninguna condición artística, ya que se trata de una obra que “no sólo se crea a través de lo visual, y de una puesta masiva, sino también a través del contenido, de lo que se dice, y eso sí es muy poco usual”.

Para la dramaturga, este encuentro peruano presenta una singularidad en lo que tiene que ver con la habitual ingeniería de los festivales latinoamericanos: el teatro La Plaza es un espacio privado que se guía por la lógica comercial, y a su vez gestiona el festival Sala de Parto, que es un proyecto exclusivamente artístico, centrado en la apuesta por nuevos lenguajes y por el fortalecimiento de la dramaturgia peruana, que vendría a ser “lo que no genera ingresos” en la dinámica de los responsables de ambos. “Esto me parece muy interesante porque se piensa un proyecto exclusivamente artístico, que no tiene el peso ni la presión económica”, y eso se traduce en los riesgos y apuestas de la programación, destacó Morena.

El director artístico de Sala de Parto, Alejandro Clavier, conocía el trabajo de la directora por distintos festivales (como el brasileño Miradas o el chileno Santiago a mil), donde vio No daré hijos, daré versos (2014) y Rabiosa melancolía (2017). Al poco tiempo, contactó a la directora para comentarle su nuevo proyecto y su concepción del festival, al que entiende no solamente como una vidriera de exposición, sino como algo que acopla a la tendencia de cocreaciones, en la medida en que se invita a directores de otros países para que trabajen junto a artistas peruanos, no sólo a nivel artístico sino también en lo que tiene que ver con la curaduría. “Eso me pareció muy interesante. En ese entonces dijo que le interesaba mi trabajo como mujer dentro del contexto latinoamericano, y me planteó que, a partir de mi mirada poética, artística y política, hiciera una dirección con dramaturgias peruanas”, recuerda Morena.

A priori, lo que le interesaba a Clavier era pensar las conmemoraciones latinoamericanas del bicentenario de los procesos de independencia con la figura de la mujer como centro, “con todo lo que implica el silencio, el abandono, y esa extensa franja de lo histórico a lo contemporáneo. Por eso, la primera pregunta que les planteé fue dónde estaba la independencia, que es la pregunta clave del bicentenario, y, en paralelo, dónde estaba la independencia de las mujeres. Así comenzamos a trabajar con el grupo de dramaturgas, pensando desde qué lugar escribimos y cómo Latinoamérica está muy determinada por la estética, ya que nuestra identidad también responde al modelo de producción, que siempre condiciona, al por qué producimos desde determinados lugares. No podés escribir para 25 actores ni pretender que haya una piscina en un escenario. Aunque después también se logre ser libre a partir de las limitaciones, eso es un aprendizaje de experiencia”, advierte.

Pensar a la mujer en la historia, en el contexto peruano, remite de inmediato a la heroína de la emancipación Micaela Bastidas, esposa y consejera de Túpac Amaru II (José Gabriel Condorcanqui, descendiente del inca Túpac Amaru y líder de la mayor insurrección anticolonial hispanoamericana del siglo XVII). A partir de esta primera referencia, la dramaturgia dialoga con lo real y lo testimonial, la ficción y “esta nueva concepción en la que la forma no se diferencia del contenido. En ese sentido, Bertolt Brecht ya no es teatro político, porque pertenece a un tiempo histórico, y no es denuncia. De modo que así fue como se comenzó a pensar en la incorporación de la ciudadanía como motor real, y en cómo lo real acorrala a la ficción, a la problematización de quién define la fronteras. Lo ambicioso del proyecto y la ruptura de las formas tiene que ver con esa inclusión de la ciudadanía como sujeto de discurso: el cuerpo que habla, el cuerpo que relata”, explica la directora.

Morena ha asumido distintos proyectos explícitamente políticos en su trayectoria. El primero de ellos fue, en 2003, Elena Quinteros, presente, acerca de la maestra y militante uruguaya secuestrada y desaparecida en 1976, y uno de los últimos fue Antígona oriental (2012), en el que, junto al director alemán Volker Lösch, combinó el clásico de Sófocles con la participación y el testimonio de mujeres que fueron presas políticas y exiliadas durante la última dictadura militar en Uruguay. Ahora admite que si bien esos proyectos han sido varios, e incluso después de pensar que en esa línea nada que hiciera iba a superar la experiencia de Antígona..., Bicentenaria “es el proyecto político más grande que he asumido, e incluso el más político. Porque acá el teatro se trasciende a sí mismo, con una gran ruptura, como es este abrazo entre lo real y la ficción en un solo cuerpo”.

Ensayando posibles intentos de definición, para ella Bicentenaria tiene su centro en un juego histórico relacionado con “la Micaela” Bastidas, que viene a exigir que le devuelvan la voz, después de que los españoles le cortaron la lengua. “Es como si cruzara el tiempo y la historia para hablar y participara en esta celebración. Porque si bien hay denuncias sobre determinados relatos, y se levantan muchos textos de la prensa, con declaraciones de políticos y de representantes de la iglesia católica, también incluye humor, y en algunos momentos apunta a los hombres y las mujeres que terminaron presos por determinadas circunstancias, se suman testimonios y pasajes musicales, y se cruza la dramaturgia de la convivencia, de los ritmos y los tiempos, con la intervención rapera. La idea es cerrar con una fiesta, en la que todos celebremos y festejemos el encuentro y la diversidad desde el arte, que es la propuesta más integradora y real”, dice Morena, y puntualiza que el grupo de trabajo asumió la puesta desde un espíritu combativo, “desde la fuerza y la alegría de la recuperación de una voz y de la apropiación. Es decir, sin pedir permiso”.

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02 de juny 2011

Siete décadas de teatro universitario



La Habana, Cuba.- El próximo 20 de mayo el Teatro Universitario de La Habana celebrará su aniversario 70. La licenciada Luisa García, asesora cultural de la Dirección de Extensión Universitaria, del Ministerio de Educación Superior destacó que se trata de un grupo emblemático, ya que es el más antiguo de su tipo en Cuba y América Latina.

“La primera presentación fue en 1941 en la entonces Plaza Rector Cadenas, hoy Ignacio Agramonte, de la Universidad de La Habana, y estuvo a cargo de alumnos del Seminario de Artes Dramáticas integrado por jóvenes actrices y actores que encontraron en éste un medio de expresión teatral en una época en que las artes escénicas no contaban con apoyo alguno”-señaló-.

Desde sus inicios-dijo la especialista- sus propósitos fueron promover la importancia social del teatro y su influencia en el orden ético, cultural y político, así como, la extensión al ámbito nacional; en las décadas 40 y 50 la agrupación contribuyó eficazmente al auge del arte teatral en la Isla.

Indicó, además, que numerosas figuras que constituyen orgullo de las tablas y la cultura cubanas, formaron parte de las numerosas obras puestas en escena, entre las que sobresalen Aurora Basnuevo, Sergio Corrieri, Raquel Revuelta, Eslinda Núñez, José Corrales, Erdwin Fernández, Ángel Toraño y Alicia Bustamante.

“Con recursos creados por sus propios integrantes, en la propia Plaza donde surgiera, se ofrecieron innumerables funciones abiertas libremente al público, contando con el apoyo y entusiasmo de figuras como Alicia Alonso y Alejo Carpentier. El teatro clásico griego y español desfilaron múltiples veces entre las columnas de la antigua Facultad de Ciencias, de la habanera universidad”.

Al triunfo de la Revolución en 1959 muchos de sus integrantes formaron parte de colectivos teatrales profesionales, lo que propició que a partir de 1978 el grupo estuviera compuesto sólo por estudiantes, profesores y graduados universitarios integrados al Movimiento de Artistas Aficionados de la Federación Estudiantil Universitaria, FEU. Desde ese año hasta la actualidad lo dirige Armando Rosario Durán.

El Teatro Universitario de La Habana montó más de 70 obras entre las que figuran, de Cuba, las afamadas Contigo Pan y Cebolla, de Héctor Quintero, las Yaguas, de Mayté Vera, Las Vacas Gordas y el Robo del Cochino, de Abelardo Estorino; también Madame Buterfly, de Giaccomo Puccini, Italia, La obra de arte, de Antón Chéjov, Rusia, y Prohibido Suicidarse en Primavera, de Alejandro Casona, España.

La agrupación es miembro de la Asociación Internacional de Teatro Amateur, y ha realizado giras y festivales internacionales con relevantes éxitos en Guatemala, México, Estados Unidos, Italia y Venezuela.

En sus siete décadas recibió múltiples reconocimientos en Cuba y el extranjero, entre éstos, la principal categoría nacional de los artistas aficionados.

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www.radiorebelde.cu
20 de maig de 2011

15 de març 2011

Vargas Llosa actúa en el Palacio de Bellas Artes



El Premio Nobel de Literatura 2010 presenta su obra ‘Las mil noches y una noche', en una función privada a la que asistieron, entre otros, el presidente Felipe Calderón, Enrique Krauze, Carlos Fuentes y Juan Villoro

DE REGRESO. ´
Vestido con una túnica blanca, Vargas Llosa cumplió ante el público como un actor amateur, aceptablemente dirigido por Llosa (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )

Mario Vargas Llosa volvió a los escenarios convertido en el rey Sahrigar y también en Premio Nobel de Literatura. La noche del sábado el escritor, acompañado de la actriz peruana Vanessa Saba, estrenó en el Palacio de Bellas Artes la puesta en escena de "Las mil noches y una noche", una versión de su autoría inspirada en el clásico universal.
"Otra vez en un escenario juntos, querida Vanesa", dijo Vargas Llosa al iniciar la función en un teatro que no alcanzó a llenarse. Ésta fue la primera de dos representaciones programadas en Bellas Artes.
La de esta noche fue una función para invitados especiales organizada por Viva Perú, una oficina promotora de la cultura del país sudamericano dirigida por la modelo y ex miss Perú Ingrid Yrivarren.
A la obra asistieron el presidente Felipe Calderón e intelectuales mexicanos como Juan Villoro, Enrique Krauze, el premio Nobel de Química Mario Molina, entre otros, así como empresarios, periodistas, estudiantes y miembros de la comunidad peruana en México.
Después de un leve retraso, Mario Vargas Llosa y Vanessa Saba representaron la obra escrita por el propio premio Nobel y dirigida por Luis Llosa. "Las mil noches y una noche" es una reposición de la puesta en escena estrenada en España en 2008. En ella, el rey Sahrigar (Vargas Llosa) es seducido paulatinamente por la gracia verbal de Sherezada (Saba), quien impide que el rey la ejecute al amanecer, como a otras doncellas, dejándolo intrigado con los finales de sus cuentos.
Vestido con una túnica blanca, Vargas Llosa cumplió ante el público como un actor amateur, aceptablemente dirigido por Llosa. El escritor-actor se desenvolvió con soltura por el renovado escenario de Bellas Artes y se mantuvo concentrado incluso en varios momentos en que falló el audio del teatro.
El montaje minimalista y un texto que fue escrito más bien para leerse que para escenificarse, al final resultaron un tanto fatigosos. Al concluir la obra, el público aplaudió agradecido pero sin el brío suficiente para que Vargas Llosa y Vanessa Saba reaparecieran en el escenario. La curiosidad ya había sido satisfecha: todos habían visto al nuevo Premio Nobel actuar, y éste lo había hecho más que decorosamente.

publicat per
Julio Aguilar / Ciudad de México
http://www.eluniversal.com.mx
6 de març de 2011