18 de gener 2005

Josep Fadó torna al Liceu amb una òpera de Granados

cap gros
18 gener 2005


Actuarà a "María del Carmen" el febrer de l'any que ve, en una temporada dedicada íntegrament a Victòria dels Àngels

per Víctor Vives - 18/01/2005 18:49

El tenor mataroní Josep Fadó tornarà, l'any vinent, al Liceu amb l'òpera Maria del Carmen d'Enric Granados. L'acompanyaran en el repartiment Ana María Sánchez, María Rodríguez, Albert Montserrat i Stefano Palatchi, entre d'altres. Tots sota la direcció de Josep Caballé-Domènech. Se'n faran tres actuacions els dies 19, 22 i 25 de febrer de 2006. El Liceu ha presentat avui la pròxima temporada, que va del setembre de 2005 al juny de 2006. El director general del Gran Teatre, Josep Caminal, ha anunciat que la programació es dedicarà íntegrament a la soprano Victòria dels Àngels, morta dissabte dia 15 als 81 anys. María del Carmen és la primera incursió operística -i segurament la més apreciada- del compositor i pianista català Enric Granados. Dividida en tres actes, es basa en un llibret de Josep Feliu i Codina sobre el drama homònim del mateix autor. L'obra descriu l'ambient de l'horta murciana, amb una estètica verista. La partitura destaca pel seu sabor popular, la força dels preludis orquestrals i l'ús de motius (leitmotiv) que li donen un sentit unitari. L'òpera es va estrenar el 1896 a Madrid. Al Liceu es va interpretar per primera vegada l'any 1933.

08 de gener 2005

Cagada, pastorets

www.elpais.es
8 de gener de 2005

EMPAR MOLINER
Leo en el periódico que, estos días, las compañías teatrales La Trepa y Memory han ofrecido a los espectadores del Jove Teatre Regina, de Barcelona, la obra Els pastorets. Si me fijo en la noticia es porque a mí Els pastorets, ya sean los de Folch i Torres o los de Pitarra, me vuelven loca. En mi (no menos loca) juventud, interpreté el papel de árbol (sin frase) y el de demonio (sin frase), para finalmente llegar a encarnar (durante dos años consecutivos) a una de las furias del infierno (con frase y coreografía).
Pero los tiempos han cambiado y estos Pastorets que anuncia el diario no son los de mi (ya hemos dicho que loca) juventud. En el titular pone: "Inmigrantes y demonios en unos Pastorets modernos". Pues vaya. Así que la modernidad, que ya había alcanzado a Hamlet, Romeo y Julieta y al Rey Lear, acaba de posarse también sobre los pastorcillos Lluquet y Rovelló (si hablamos de la versión de Folch i Torres) o Garrofa y Pallanga (si hablamos de la de Pitarra). Observo la foto de dos de los intérpretes de la obra y no puedo negar que son modernos. Modernísimos. Se han pintado un relámpago de color negro en las mejillas, como esos que llevaban hace décadas los del grupo Kiss. (¿Qué habrá sido de ese grupo? ¿Habrán muerto todos en una habitación de hotel ahogados en sus propios vómitos, como es tradicional?). Sigo mirando la foto. Los actores también lucen cuernos rojos y pelucas del estilo de Ron Wood, pero con mechas rojas. Además, visten un mono de mecánico, también rojo, y una camiseta con el dibujo del hombre araña. El atuendo, deduzco, es la interpretación moderna de lo que es un demonio. Luego, leo la sinopsis: "Una pareja de inmigrantes que no encuentra vivienda y por eso se ve obligada a dar a luz en un establo...". Éstos son María y José, adivino. El director habrá pensado que es una buena idea lo de hacer que María y José sean inmigrantes. Y el texto acaba así: "Niños y adultos se divirtieron ayer con pastorcillos simpáticos, demonios marchosos y un arcángel mensajero". Otra gran idea. El arcángel, al ser el emisario, trabaja de mensajero. De mensaka, vamos.
Yo estoy a favor de la modernidad. Adoro los retretes de los montajes de Calixto Bieito y los bidés y contenedores de los de La Fura dels Baus. A veces siento una cierta nostalgia costumbrista de un Hamlet con corona y capa de armiño, pero enseguida consigo inhibirla. Ahora bien, modernizar Els pastorets me parece que es ir demasiado lejos. Y no lo digo por mí, sino por esos espectadores infantiles, estrechos de miras, que aún no comprenden la sana obsesión de los directores de teatro por modernizar las obras a base de contenedores o inmigrantes. En efecto. La frase que pone más cachondo a un director escénico es: "Mi versión de la obra es totalmente vigente en nuestros días. El mensaje tiene una vigencia que asusta". Como si, pongamos por caso, una obra no vigente en nuestros días ya no valiese para nada. Por eso, sé también que la vigencia es la razón por la que proliferan versiones de Romeo y Julieta donde los Capuleto son payos, y los Montesco, gitanos, Hamlets que reflexionan en un after hours o Quijotes que luchan contra parques eólicos. Pronto tendremos unos Diez mandamientos modernos en los que Jesús caminará por las aguas de Tailandia salvando a gente del tsunami. Al tiempo.
Pero, como les digo, los espectadores infantiles no tienen nuestra apertura de mente. A mí, el pelo rojo de Ron Wood de los demonios de la obra me parece la mar de moderno. Pero a los hijos de mis amigos, no, porque (Dios les perdone) no saben quién es Ron Wood y, hoy en día, ningún moderno lleva ese pelo. Ese pelo rojo era moderno en nuestra niñez, y tal vez en la niñez de los directores artísticos de La Trepa y Memory. Para los niños de hoy, lo moderno son los videojuegos con proxenetas que asesinan prostitutas. Y no digo que haya que poner proxenetas en Els pastorets. Digo que, igual, precisamente porque uno ha decidido representar Els pastorets, y no Hamlet máquina, lo moderno es no modernizarlos.

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