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09 de desembre 2014

Estreno de 'Vells temps' de Harold Pinter dirigida por Sergi Belbel



publicat per
20 de novembre de 2014

VellsTemps
Del 10 de diciembre al 11 de enero de 2014 la Sala Beckett acoge el espectáculo 'Vell temps' de Harold Pinter en una producción de la Sala Beckett/Obrador Internacional de Dramatúrgia i del GREC 2014 Festival de Barcelona dirigida por Sergi Belbel.

Estrenada el 2 de julio de 2014 en el GREC Festival de Barcelona y tras reprsentarse hasta el 27 de julio la Sala Beckett acoge la obra de Harold Pinter, 'Vell temps' dirigida por Sergi Belbel a partir de la traducción de Joan Sellent.

Sobre el escenario una habitación y una pareja. Él es un director de cine. Ella espera la llegada de una vieja amiga a la que hace veinte años que no ve y con quien había compartido piso durante los años de juventud. No obstante, cuando finalmente hace acto de presencia, la alegría por el reencuentro da paso a la desconfianza. Y comienza una pugna entre él y la amiga para ver quién tiene más poder sobre ella. ¿Qué pasa entre este hombre y estas dos mujeres? ¿Qué relación tuvieron ellas dos? ¿Qué secretos esconden los tres personajes?

Esta propuesta está interpretada por Carles Martínez, Míriam Alamany y Silvia Bel.


Además de las representaciones, la Sala Beckett/Obrador Internacional de Dramatúrgia ha organizado dos actividades relacionadas con este espectáculo como una clase-conversación con Joan Sellent (encargado de la traducción del texto de esta producción) titulada 'Traducir Pinter' el 16 de diciembre y el día antes la charla titulada 'El teatre de Harold Pinter'.

23 de juliol 2014

Pinter puro y duro



publicat per
http://www.eldiario.es
Toni Polo
foto : Ros Ribas

‘Vells temps’, del Nobel Harold Pinter, destapa los secretos que nos guarda el pasado y que, a menudo, pueden confundirse con la realidad.

La obra, dirigida por Sergi Belbel, se puede ver en la Sala Beckett hasta el 27 de julio.

Sólo entrar, la sala Becket nos vuelve a desubicar. Escenario alargado, alargadísimo, cinco únicas filas para el público, larguísimas también. Una cortina recorre el escenario de lado a lado, un sofá en cada esquina, separando físicamente al matrimonio de la casa, un mueble bar, un bufé con platos, copas, una lámpara de mesa... Es el marco donde Sergi Belbel encaja Vells temps, una obra que mezcla con habilidad los recuerdos y la imaginación, el presente y el pasado, la causa y la consecuencia. Y nos plantea preguntas trascendentales: ¿vivimos una realidad suplantada por los recuerdos? ¿Vivimos un presente imaginado? ¿Hemos vivido un mismo pasado? ¿Hay alguien que nos hace creer los propios recuerdos, quizás inventados, hasta el punto de que hemos construido nuestra vivencia basándonos en una mentira?

Una mujer va a pasar unos días a casa de una amiga de juventud, aquella época de la vida en que todo es mágico, todo es impulsivo, todo es emocionante. Nada que ver con la vida que esta mujer lleva ahora con su marido, quien la asalta con preguntas presuntamente inocentes sobre la esperada visitante. Anna llega ilusionada por ver a su amiga; Kate sólo tenía a una amiga, Ana, que le robaba la ropa interior. (¿O tal vez no...?) Las dos mujeres eran polos opuestos (quizás se complementaban).

Desde los primeros minutos de la función se mastica esta atmósfera inquietante. La llegada de la amiga activará los recuerdos y todo comenzará a mezclarse. Canciones, películas, amigos, un montón de vivencias que Kate no recuerda pero que, a medida que crece la inquietud, comienza a aceptar. El marido, Deeley, siente una curiosidad casi enfermiza, agresiva. Pregunta, pregunta y pregunta y se convierte en un actor del pasado, descubriéndonos una realidad que nos confunde. La entrada del marido en la narración de las mujeres (de Anna, básicamente) nos hace ver la fragilidad de las relaciones humanas, los celos, la incomprensión, el silencio. La tensión se dispara, Kate reacciona y, de repente, es otra. El tono, la voz, los recuerdos. Ha cambiado. De repente, el presente queda sacudido, irreconocible.


Se puede hablar de Universo pinteriano. Y aquí está ambientada la obra. El autor nos lleva al pasado sin abandonar el presente. Y es inquietante. Y lo hace como un maestro. Pinter puro y duro. Pinter admirado y Pinter detestado. Quien busque esta confusión encontrará Vells temps una obra deliciosa y cautivadora (el trabajo actoral, sobre todo el de Carlos Martínez, es fantástico). Quien no se sienta atraído por este universo disfrutará de una representación intensa e inquietante, pero no acabará de caer atrapado en ella.

12 de juliol 2014

En los laberintos de la memoria



publicat per
2 de juliol de 2014
Elena Hevia

Sergi Belbel encara su primer Pinter con una versión de 'Vells temps' que se estrena hoy en la Sala Beckett

Si a alguien le interesa analizar -o psicoanalizar- lo que de verdad ocurre en Vells temps, una de las piezas más redondas de Harold Pinter lo tiene crudo, «porque sus obras se resisten a ello». Lo dice uno de sus protagonistas, Carles Martínez, que de eso sabe mucho porque la que se estrena hoy en la Sala Beckett es su quinta incursión en el mundo inquietante y esquivo del nobel británico. La Beckett, no hay que olvidarlo, impulsó en 1997 la Tardor Pinter y programó en el 2006 una exitosa versión de esta misma obra firmada por Rosa Novell.

Sergi Belbel, devoto del autor, se estrena, curiosamente, como director pinteriano. Joan Sellent se responsabiliza de la traducción y las actrices Miriam Alamany y Sílvia Bel completan los vértices de un no siempre fiable triángulo amoroso.

El posible argumento parece sencillo. Un matrimonio, cineasta y ama de casa, que vive retirado en su solitaria mansión de las afueras recibe la visita de una vieja amiga de la mujer. Esa es la única certeza. A partir de ahí el espectador se interrogará sobre muchísimas cosas; las más evidentes, ¿tuvo el marido un lío con la amiga?, ¿hubo una relación más íntima entre ellas?, ¿la visitante es un fantasma? y -en plan Sexto sentido- ¿están todos muertos? Entre tantas dudas, lo único que Belbel quiere tener claro es que esta es una obra sobre los inciertos laberintos de la memoria. «Eso me hace pensar en una frase de John Berger que dice que la historia es lo único que es nuestro porque lo podemos manipular como queramos», dice el director mientras tiende puentes entre las paradojas del británico y el famoso gato de Schrödinger, capaz de estar a la vez y vivo y muerto por obra y gracia de la mecánica cuántica. «El texto es como el plano de un tesoro, en este caso te dice dónde está pero solo de una manera críptica», asegura el experto Carles Martínez.

«Hemos trabajado la obra desde la más estricta escrupulosidad hacia el autor. Seguimos todas sus indicaciones y logramos, porque así lo quiere Pinter, que el efecto de extrañeza se logre a partir de la realidad. La metáfora la tiene que poner el espectador» y remacha irónicamente Belbel «tanto es así que al final tendremos que preguntar al público lo que Pinter ha querido decir y nosotros no sabemos».


Respecto al espacio escénico, Belbel asegura que no sabría trabajar sin el escenógrafo Max Glaenzel que para la ocasión ha pensado una disposición nueva para la Beckett, un bonito trampantojo que hará que la pequeña sala parezca mucho más grande.