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21 de setembre 2018

El curioso incidente del perro a medianoche




Del 5 de septiembre al 14 de octubre de 2018
Teatro Marquina, Madrid

El curioso incidente del perro a medianoche, la obra teatral basada en el best seller de Mark Haddon adaptada por Simon Stephens, se estrena en el Teatro Marquina de Madrid de la mano de La Joven Compañía.

José Luis Arellano firma la dirección, Gerardo Vera ha diseñado la escenografía y José Luis Collado ha realizado la versión en español. En cuanto al elenco, Alex Villazán da vida a Christopher Boone, el protagonista de la historia y comparte escenario con Marcial Álvarez, Lara Grube, Mabel del Pozo, Carmen Mayordomo, Anabel Maurín, Boré Buika, Eugenio Villota, Alberto Frías y Eva Egido.

La obra cuenta la historia de Christopher Boone, un niño con síndrome de Asperger y una capacidad intelectual deslumbrante que decide investigar la extraña muerte de Wellington, el perro de su vecina. Su peculiar visión del mundo, la relación con sus padres y especialmente con su profesora Siobhan, dan pie a una conmovedora historia de superación, amistad y tolerancia arropada por un extenso grupo de personajes que se cruzarán en su camino del tenaz Christopher.

Tras escribir e ilustrar numerosos libros infantiles, Mark Haddon sorprendió en 2003 con su primera novela. Elogiada con entusiasmo por autores como Oliver Sacks o Ian McEwan, de su obra se han vendido más de dos millones de ejemplares en todo el mundo.

En 2012, el Royal National Theatre de Londres encargó a Simon Stephens la adaptación de la novela al teatro, contando con el apoyo de Mark Haddon para hacerlo. Desde entonces, sus versiones teatrales han obtenido un gran éxito en Londres y Broadway y conseguido siete Premios Olivier (Londres) y 5 Premios Tony (Broadway), incluyendo “mejor obra de teatro nueva”, “mejor director” y “mejor actor protagonista”. Además consiguió 6 Drama Desk y 5 Outer Critics Circle.

El curioso incidente del perro a medianoche. De martes a viernes a las 20.00 h; sábados a las 17.00 y 20.15 h; domingos a las 18.00 h.

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06 de juny 2017

La Compañía de Danza Clásica Las Artes representa la épica obra de William Shakespeare “Romeo y Julieta” en el teatro Marquina de Madrid



“Romeo y Julieta” en el teatro Marquina de Madrid a partir del 30 de mayo hasta el 11 de junio 2017 en 12 pases consecutivos. Producida por Adela González, directora de la Compañía y adaptada por la coreógrafa y directora artística Julia Olmedo, cuya creación original pretende ser un reto en todos los sentidos, ya que muestra un trabajo de adaptación irrepetible.

Destaca en este trabajo conjunto entre directora y coreógrafa, la selección de textos originales de la obra escrita que son interpretados por el mismo W. Shakespeare, personaje que, como narrador e hilo conductor, nos muestra en escena la historia de los amantes, dando paso a cada encuentro, dirigiendo la danza entre lo poético de las emociones y la narrativa prosaica de la historia conocida por todos pero, nunca contada de tal manera. Además de mostrar la base pura de la danza clásica en esta obra, con notas coreográficas neoclásicas, la música seleccionada que la acompaña es de Serguéi Prokófiev consiguiendo un formato más dinámico y breve pero sin perder profundidad.La Compañía Las Artes destaca por dar cabida a nuevos talentos de la danza, potenciando su proyección profesional y artística, perfeccionando técnicas de baile en su escuela y por ser un motor de producción y gestión cultural para Madrid.

Compañía de Danza Clásica Las Artes
Obra: Romeo y JulietaTeatro: Marquina C/ Prim, 11 – MadridFechas: 30 mayo – 11 junio.

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02 de setembre 2016

‘Bajo terapia’, una comedia sobre la vida en pareja



Del 31 agosto al 04 de diciembre 2016
En: Madrid, Teatro Marquina

El Teatro Marquina (Madrid) presenta 'Bajo terapia', una comedia escrita por Matías del Federico y dirigida por el bonaerense Daniel Veronese. Esta versión española, que se estrenó en octubre de 2015 en Teatros del Canal, cuenta con un reparto formado por Gorka Otxoa, Manuela Velasco, Fele Martínez, Melani Olivares, Juan Carlos Vellido y Carmen Ruiz.

Con esta obra, Del Federico ganó el concurso Contar 1 de la primera feria teatral de Buenos Aires. “Bajo terapia surge de la necesidad de profundizar sobre el universo de la pareja, aprovechando la terapia como campo ideal para el juego teatral, y gracias al triglicérido mayor a 200mg/dl”, explica. El montaje fue estrenado con el mismo director en el Metropolitan Citi de la capital argentina.

La producción española está avalada por el éxito que ya ha obtenido en Buenos Aires pero también con un elenco formado por actores populares que dan vida a tres parejas que han sido invitadas a participar en una sesión terapéutica un tanto particular. Pero a lo largo de esta intensa sesión, los seis jugadores se sentirán impulsados a desplegar movimientos. Estas consignas benefician la creación de nuevos problemas.

Las tres parejas que acuden a la terapia tienen conflictos distintos pero un denominador común: la difícil misión de atravesar una vida en común.

Bajo terapia es una obra llena de conflictos inesperados, con el humor como herramienta principal y en donde nada es lo que parece. Una exitosa comedia que surge de la necesidad de profundizar en el universo de la pareja, aprovechando la terapia como campo ideal para el juego teatral.

Miércoles y jueves a a las 20.30 h. / Viernes y sábados a las 10.00 y 21.30 h. / Domingos a las 19.00 h.

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30 agost de 2016
Bajo Terapia. Foto: PTC teatro.
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27 de gener 2016

‘Los caciques’ o cómo acabar con los corruptos



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24 de gener de 2016
Los caciques. Foto: marcosGpunto.

Teatro
Fecha:
Del 20 enero al 21 de febrero 2016
En: Madrid, Teatro Marquina

Juanjo Seoane y Ángel Fernández Montesinos regresan a la cartelera madrileña con la versión actualizada de 'Los caciques', un texto de Carlos Arniches (Alicante, 1866 – Madrid, 1943) que se estrenó el pasado otoño en el Teatro María Guerrero y que hasta el 21 de febrero recala en el Teatro Marquina.

Los caciques se centra en una historia que se encuentra de rabiosa actualidad. Esta nueva versión mantiene la esencia del original, “la actualización de la obra consiste en una nueva manera de contar las mismas cosas”, confirma su director. En esta comedia de enredo con soterrada crítica social y política se demuestra, una vez más, que el humor es un poderoso instrumento para combatir los defectos de una sociedad.

Pero los tiempos cambian y por eso se ha adaptado “respetando el espíritu del autor, conservando los mejores diálogos, sus principales personajes y eliminando otros pero no sus parlamentos”, explica Montesinos. Víctor Anciones, Marisol Ayuso, Juan Calot, Fernando Conde, Óscar Hernández, Alejandro Navamuel, Elena Román, Raúl Sanz y Juan Jesús Valverde son los responsables de subir a las tablas una obra que transcurre en una pequeña ciudad de España.

Allí, un partido político y su alcalde llevan más de 30 años ejerciendo el caciquismo y la corrupción, hasta que un buen día reciben la notificación de la llegada de un inspector del gobierno que debe analizar sus cuentas. El alcalde, siguiendo su tendencia natural, se propone comprar la voluntad del inspector con todo tipo de agasajos, homenajes, regalos y dinero. Sin embargo aparecen en la ciudad un sobrino y su tío con la intención de solicitar la mano de la sobrina del alcalde. Éstos son confundidos por el inspector del gobierno, provocando todo tipo de divertidos malentendidos.

La obra, que se centra en la época actual, divierte dejando una reflexión, como dice el protagonista al final de la obra: “Los españoles no seremos felices hasta que no acabemos de una vez para siempre con los corruptos”. Escrita hace casi un siglo, esta frase es la síntesis del texto y está de rabiosa actualidad.


Martes, miércoles y jueves a las 20.00 h. / Viernes y sábados a las 19.00 y 21.15 h. / Domingos a las 18.30 h.

11 de desembre 2015

Siempre me resistí a... en el Teatro Marquina de Madrid



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"Siempre me resistí a que terminara el verano... Como si quisiera estirar los calores, bueno, aunque las tardes sean cada vez más cortas, esos días en que todavía hace calor como en septiembre, aunque sabes que es octubre que el verano terminó. Yo en vez de disfrutarlos me quedaba mirando así de reojo ese otoño que ya teníamos encima..."

Éste es el metafórico monólogo central de la función que nos ocupa, pero también resulta más que adecuado para comentarla, puesto que uno no puede evitar mirar de reojo esa maravilla que puede llegar a ser este Siempre me resistí a que terminara el verano del argentino Lautaro Perotti (cofundador de la muy reputada Timbre 4). El segundo proyecto de Factoría Madre Constriktor después del éxito de ese tremendo El intérprete de Asier Etxeandía. Una historia que se articula alrededor del reencuentro de un grupo de amigos en torno a la cuarentena interpretada por Andrés Gertrudix, Unax Ugalde, Pablo Rivero, Estefanía de los Santos y Santi Marín.

Había mucha expectación dado que con estos mimbres uno no podía sino esperar un espectáculo de primera, sensible, redondo y emocionante. Y ese espectáculo está ahí, como el otoño del texto, al caer. Sólo falta que transcurran unos días (tal vez sólo esos días de calores extraños que hemos estamos viviendo en noviembre, a los que el título de esta obra viene que ni pintado) para que caigan las hojas y dejen al descubierto la emoción. Si bien la historia no es novedosa (un escritor frustrado vuelve a su pueblo después de 20 años y acompañado por un amigo para el entierro de su madre, reencontrándose con el pasado y amistades de juventud en un puticlub en decadencia, El Caimán, lugar apartado de la civilización y casi del tiempo) sí que tiene las características necesarias para llegar a tocar la fibra sensible del espectador. La función se sigue con interés, posee ritmo y tiene momentos muy buenos. Pero también hay que reconocer que algunas de las situaciones y personajes de Perotti no están desarrollados por completo para aprovechar su potencial. Con lo cual los intérpretes deben entregarse al máximo en un difícil ejercicio y transmitir todo aquello que no se explicita.

La función acaba de estrenarse y en ello están. Sólo les falta un poco de rodaje para tocar ese nostálgico otoño. Personalmente y por ahora me quedo con esa bestia escénica que es Estefanía de los Santos, una actriz que logra dotar de verdad a todo lo que dice y aquí interpreta al personaje más entrañable, el de la prostituta Isabel. Esa figura que actúa como catalizador de los demás y con la que el tiempo ha sido más cruel. No se puede dejar de destacar también el estreno de Unax Ugalde sobre las tablas, fantástico, desarrollando un personaje complicado con naturalidad, energía y sin maniqueísmos. Y el contrapunto cómico de Santi Marín, que funciona a la perfección y resulta divertidísmo, haciéndose con el público en todas las escenas en que abre la boca.

Siempre me resistí a que terminara el verano posee un aura melancólica, casi onírica, potenciada por ese hermoso y húmedo decorado de cañas, césped y hierbas que se comen los muebles de un lugar en trámites de desaparición. Así como por un diseño de iluminación y de sonido que apoyan esta atmósfera de ecos pasados, de recuerdos a través de la lluvia. Siempre me resistí a que terminara el verano es un espectáculo con vocación de testimonio. De una generación peterpanesca en crisis, que se resiste a crecer. Se nota hecho con cariño, delicadeza y sólo le queda un poquito para convertirse en esa estación dorada, melancólica y hermosa a la que dejar de mirar de reojo, pudiendo abrazar así el sonido de sus hojas caer, a esos personajes tiernos y tan necesitados de cariño dibujados por Perotti.

+ info
Nombre del montaje: Siempre me resistí a que terminara el verano
Disciplina: teatro clásico
Director: Lautaro Perotti
Autor: Lautaro Perotti
Reparto: Pablo Rivero, Andrés Gertrúdix, Estefanía de los Santos, Unax Ugalde, Santi Marín
Espacio sonoro y Música original: Asier Etxeandia, Tao Gutiérrez y Enrico Barbaro
Diseño iluminación: Carmen Martínez
Espacio escénico: Mónica Boromello
Vestuario: Ana López Cobos
Taller de movimiento: Lucio Baglivo
Coordinación de producción técnica: Chiqui Ruiz y Eduardo Vizuete
Producción ejecutiva: Ana Sánchez de la Morena y José Luis Huertas
Distribución: Lope García. Seda
Fotografía: DANiMANTiS
Dónde: Teatro Marquina. Madrid
Dirección: Prim, 11. Madrid
Hasta: 13.12
Horario: Martes, Miércoles, Jueves y Viernes: 20:30 horas.
Sábados: 18:30 y 20:30 horas.
Domingo: 18:00 horas
Precio: De 20 a 25 €.

Venta de entradas: www.teatrosgrupomarquina.es

01 de desembre 2014

La obra cumbre de Eugene O’Neill



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http://www.hoyesarte.com

El largo viaje del día hacia la noche. 

Foto Sonia Aguilera
El largo viaje del día hacia la noche. 
Sonia Aguilera

El Teatro Marquina de Madrid abre sus puertas a 'El largo viaje del día hacia la noche', una obra basada en el texto de Eugene O'Neill (Nueva York, 1888-Boston, 1953) dirigida por Juan José Alfonso.

Tras su interpretación de Julio César, Mario Gas se sube a las tablas junto a Vicky Peña, Alberto Iglesias, Juan Díaz y Mamen Camacho para dar vida al texto del Nobel y ganador de cuatro Pulitzer Eugene O’Neill. “Estoy en un momento en el que me apetece mucho actuar”, destaca el actor.

Escrita a principios de la década de los 40 y estrenada en 1956 en Broadway, El largo viaje del día hacia la noche está considerada una obra maestra del dramaturgo estadounidense y cuenta con una versión cinematográfica de 1962, protagonizada por Katharine Hepburn, Ralph Richardson, Jason Robards y Dean Stockwell.

Un clásico universal que Juan José Alfonso tenía ganas de poner en escena, ya que “es un texto que me ha perseguido desde que lo descubrí en el año 1988″, asegura el director. “Nadie como O’Neill ha sabido relatarnos a partir de su mundo más íntimo y personal los grandes enigmas del ser humano y su relación con el mundo. Partiendo de un reencuentro familiar y en el transcurso de un anodino día de verano hasta la caída de la noche, O’Neill nos termina enfrentando a grandes retos de nuestra existencia”.


Crónica
El espectador se encontrará ante una función de más de dos horas de duración, versionada por Borja Ortiz de Gondra, quien se ha tenido que enfrentar a las más de tres horas que dura la obra original. Sobre las tablas podrá ver la crónica de un día en la casa de James Tyrone, un célebre actor de teatro que se encuentra rodeado de su esposa y sus dos hijos. Un día de agosto de 1912 que comienza tranquilo pero que se convierte en un viaje al pasado para revelar las intimidades de sus cuatro miembros.

Un combate descarnado en el que cada uno de ellos es culpable y al mismo tiempo inocente, desdeñándose, queriéndose, apiadándose uno de otro, a veces no entendiéndose, perdonando, pero condenados a no poder olvidar.

Los jueves y viernes a las 20.30 h; los sábados a las 18.30 y a las 21.30 h; y los domingos a las 19.00 h.

Los jueves 11 y 25 de septiembre, al finalizar la representación, se celebrará un coloquio abierto de 30 minutos con los actores.

10 de setembre 2014

Duelo sobre las tablas



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elpais.com
4 de setembre de 2014
Marcos Ordóñez

Vicky Peña y Mario Gas vuelven juntos a un escenario el 4 de septiermbre para representar la obra cumbre de Eugene O’Neill

foto : Peña y Gas, retratados hace unos días en Madrid. / JORDI SOCÍAS

Acontecimiento: el próximo 4 de septiembre, Mario Gas y Vicky Peña, uno de los tándems más creativos y aclamados de nuestra escena, compartirán el escenario del madrileño teatro Marquina en Largo viaje del día hacia la noche, la obra cumbre de Eugene O’Neill. Conversamos en el Café Central, a cuatro pasos del Español, el teatro que Gas dirigió durante ocho años y medio. Largo viaje es una antigua fascinación de ambos, desde que vieron, en los sesenta, la película de Lumet, con Katharine Hepburn y Ralph Richardson.

En los primeros ochenta, Gas quiso montar la función en el Romea, recién convertido entonces en Centro Dramático de la Generalitat. Y en 1989, como director del Festival de Tardor de Barcelona, trajo el fabuloso montaje de Bergman, con Jarl Kulle y Bibi Andersson. “Como actor”, cuenta, “me la ofrecieron varias veces: primero el rol del hijo pequeño, luego el mayor, y luego el padre, que es el papel que interpreto ahora. ¡El tiempo vuela!”. Hará unos meses, Gas estaba a punto de comprar los derechos y montarla, cuando le llamó Alejandro Colubi, el empresario del Marquina: “Me dijo: ‘Vamos a hacerte una oferta que te sorprenderá’. Y me sorprendió: el director Juan José Afonso quería contratarnos a Vicky y a mí para protagonizar Largo viaje. Y aquí estamos, con tres estupendos actores jóvenes: Juan Díaz, Alberto Iglesias y Mamen Camacho”.

Para ser un clásico de su envergadura, la función se ha puesto tan solo cuatro veces en España. En 1960 la estrenó González Vergel, en el Lara. Casi treinta años más tarde volvió a la escena (Español, 1988) dirigida por Narros y Layton. John Strasberg la monta de nuevo en el Albéniz, en 1991. Y Álex Rigola en La Abadía, en 2006.

“A mí me gustan las obras que, como esta”, señala Gas, “no se pueden resumir en una frase. Lo que podría quedarse en un psicodrama familiar se eleva hasta convertirse en una gran tragedia moderna, con un vuelo y una intensidad que la hacen universal. Es la historia de unos seres que quieren quererse y entenderse, y no lo consiguen”.

Vicky Peña: “Me encantaría hacer un Jardiel, un Coward, un Labiche… Adoro la comedia, aunque tienden a verme más en registro dramático”
Añade Vicky Peña: “O’Neill hablaba de su propia familia, y no quiso que la obra se viera hasta pasados veinticinco años de su muerte, pero su viuda autorizó el estreno en 1956, en el Dramaten de Estocolmo. Era su ‘casa espiritual’, porque las influencias de Ibsen y Strindberg son evidentes”. A los pocos meses se estrenó en Broadway, con Fredric March y Florence Eldridge, y tuvo un enorme éxito”.

En una reciente entrevista en este periódico, Vicky Peña comentaba a Jacinto Antón que estaba harta de personajes trágicos y quería hacer alta comedia, “incluso vodevil”. ¡Y ahora le toca la Mary Tyrone del Largo viaje! “Es un regalo hacer un personaje tan extraordinario como Mary Tyrone, pero también es verdad que me encantaría hacer un Jardiel, un Coward, un Labiche… Adoro la comedia, aunque tienden a verme más en registro dramático”. Casi todos sus trabajos de comedia los ha hecho con Mario Gas y en musicales: la tierna Adelaide de Guys and Dolls, la demoniaca señora Lovett de Sweeney Todd… “¡Es verdad! Y la mayoría, en piezas de ese genio llamado Stephen Sondheim. Ahora que lo pienso, con una modalidad diferente en cada una: farsa (Golfos de Roma), comedia negra (Sweeney Todd), alta comedia (A Little Night Music), comedia amarga (Follies)… ¡Y las que nos quedan por hacer!”.

La actriz ve a Mary Tyrone, su papel actual, como una mujer frustrada, una mujer de clase alta, de un mundo marcado por las convenciones sociales, “que se enamora de un cómico, James Tyrone, y entra en una vida itinerante, de hoteles y viajes continuos. Sufre luego una experiencia muy dolorosa, que la trastorna, y poco a poco se refugia en el pasado, en sus recuerdos. Tiene puntos de contacto con la Blanche Dubois de Un tranvía llamado deseo, que interpreté a las órdenes de Mario: las huidas a un mundo de fantasía, la obsesión por el esplendor perdido”.

Para Gas, James Tyrone, su personaje, es “un buen hombre, pero lleno de conflictos: incomunicación con su mujer y sus hijos, insatisfacción consigo mismo. Nació en una familia de emigrantes y tuvo que ganarse la vida desde muy joven. Se convirtió en un actor de éxito, pero no en el actor que quería ser. Como todos los personajes de la obra, tiene muchas capas. He leído que March hacía un Tyrone colérico, que Olivier sacaba a la luz un lado mucho más doméstico…”.

Gas y Peña han estado unas cuantas veces juntos en escena, pero nunca en una pieza “con tanto papel”, por así decirlo. Mario recuerda que compartieron escenario en 1977, en un programa doble de Synge, formado por La boda del hojalatero y La sombra del valle, una producción del Salón Diana barcelonés, aquel breve pero formidable semillero donde tantos jóvenes actores de entonces (Juanjo Puigcorbé, Carmen Elías, Rosa Novell y Silvia Munt, entre muchos otros) echaron a volar. Yo les vi juntos en 1978, en Enrique IV de Pirandello, que Gas dirigía, y donde sustituyó como actor a Félix Rotaeta. “Volvimos a coincidir”, le dice Vicky, “en Doña Rosita la soltera, en la compañía de Nuria Espert. Y en El tiempo y los Conway, donde reemplazaste varias veces a Álex Casanovas”. Los recuerdos se aceleran. “¡Y volví a reemplazarle en La reina de belleza de Leenane!”, tercia Gas. Vicky: “Fuimos también el matrimonio Armfeldt de A Little Night Music, treinta y tantas funciones, cuando no podía hacerla Tino Romero. ¿Qué viene luego? La Orestíada, aunque allí no teníamos escenas juntos. Y luego Follies, claro”. Mario: “Ahora, por primera vez en mucho tiempo, protagonizamos un espectáculo del que no soy director”.

¿Y cómo sienta eso de contratarse como actor y no tener que dirigir? “¡Un gran descanso! (ríe). Me encantaba hacer sustituciones en mis montajes, porque concentrarse en actuar sin tener que estar atento a todo lo demás es un placer. Lo más latoso es aprenderse un papel tan largo, aunque sea espléndido. Yo sigo el método Espert: copiar una y otra vez mi texto, muy despacio, para metérmelo en la cabeza. Hay quien lo graba y lo escucha, pero a mí me va mejor ese otro sistema. Es como si hiciera los deberes para luego salir a jugar en el escenario. El escenario es el recreo”.

Mario Gas y Vicky Peña respiran teatro por los cuatro costados: vienen de familias de cómicos, y a su vez tienen hijos que siguen la tradición. El abuelo de Mario llevaba una compañía, y su tío abuelo pasó media vida en la compañía de Benavente. Su padre, Manuel Gas, era actor y cantante de ópera y de zarzuela, un bajo legendario. Su madre, Anna Cabré, era bailarina del Liceo. Su tío, el célebre Mario Cabré, actor y torero. “Yo nací en Montevideo”, cuenta, “durante una larga gira de mis padres. Mi hermano Manuel incluso hizo un curso escolar completo allí: recuerdo que sus libros eran a todo color, y los míos en blanco y negro. Yo fui uruguayo hasta la mili, a los 18 años”.

A esa edad, Gas ya está dirigiendo: en el TEU de Derecho, y poco más tarde en Gogo Teatro Independiente, en el “territorio libre” del Instituto Americano barcelonés. “La verdad es que el bicho me picó muy pronto. Cuando éramos críos, mi hermano bajaba siempre al foso de los músicos, con el maestro Sorozábal, y a mí lo que me gustaba era estar entre cajas. A los ocho debuté en Los agentes del quinto grupo, una película policiaca, con mi padre y con Armando Moreno, el marido de Nuria Espert. Adolescente, entré en las compañías de mi padre, en giras de verano: como actor (sin cantar), bailarín, ayudante de dirección… Y luego en la Facultad, sí, en el TEU, con Gustavo Hernández y Enrique Vila-Matas. Y en Gogo, con Santiago Sans, Carles Canut y Emma Cohen, que entonces todavía se llamaba Emma Bertrán”.

Somos un tándem fijo discontinuo. Nos conocemos mucho y a veces las paredes tiemblan, porque la exigencia mutua es muy alta”
Vicky Peña era, dice, “cómica de segunda generación”, porque no había antecedentes teatrales en las familias de sus padres, Felipe Peña y Montserrat Carulla. No tenía, cosa curiosa, ninguna intención de dedicarse al teatro. “En aquella época mi padre se centró en el doblaje y la radio, pero pude ver incontables veces a mi madre, primero en el María Guerrero, donde estuvo dos temporadas, y después en una compañía maravillosa, con lo mejor del teatro catalán: Paquita Ferrándiz, Mercè Bruquetas, Ana Maria Barbany, Carmen Liaño… Y ellos, no menos estupendos: Abadal, Nonell, Lloret, Torner, Graneri, Anglada… Me chupé muchísimo camerino y aprendí mucho, aunque lo mío era la medicina, o eso creía”.

Se matriculó en enfermería y las prácticas le tocaron en el Hospital Clínico, en riñón artificial. Trabajaba, sobre todo, en turnos de noche. Un verano viajó a Londres para aprender inglés, y allí tuvo lugar la fulguración: “Un actor amigo de mi madre, Antonio Canal (ahora es el cura de Cuéntame), estaba estudiando con Roy Hart y me llevó a ver La madre, de Gorki: de golpe, decidí que quería ser actriz. Debuté como corista griega en unas tragedias resumidas, para público infantil, que Esteve Polls montó en el Español barcelonés, en 1971 o 1972. Carmen Elías era Ifigenia y Paquita Ferrándiz era Clitemnestra. ¡Trabajo duro, actuar para niños! ¡Eran tremendos! Una tarde, en una Antígona, Enrique Guitart paró la función y, muy amable, dijo: “Si armáis tanto ruido nos iremos”. Y los niños aullaron: “¡Idos! ¡Idos!”. Mi segundo gran aprendizaje fue en el Salón Diana, que un grupo de actores autogestionábamos, en cooperativa. Allí conocí a Mario”.

En 1976, las huestes de la muy ácrata ADTE (Asociación de Trabajadores del Espectáculo), lideradas por Gas, montan en el mercado del Borne un Tenorio que hace época, a caballo entre Ronconi y el Grand Magic Circus, con grupos de rock y dirigido colectivamente, que reúne a treinta mil personas durante tres días: casi un mini-Woodstock teatral catalán, del que pronto se cumplirán cuarenta años. Y en 1977, ya en el Diana, el aldabonazo de Enrique IV. Ocuparía mucho espacio detallar la trayectoria ascendente de los dos. Despegan en La ópera de tres reales, en 1984, en el Romea (ella es Polly Peachum, él dirige), y en los noventa comienzan a sucederse los éxitos: El tiempo y los Conway (1992), Sweeney Todd (1995) –la noche del estreno en el Poliorama, Sondheim subió al escenario y dijo que era el mejor montaje de su obra–, y el triunfo de La reina de belleza de Leenane (1998), que Vicky protagonizó con su madre, Montserrat Carulla. De las décadas siguientes, un top-ten de ambos debería incluir A Little Night Music (2000), Madre Coraje y sus hijos (2001), La Orestíada (2003), Homebody / Kabul (2007), Un tranvía llamado deseo (2010) y Follies (2012). Entre sus trabajos actorales más recientes cabe destacar el Julio César que Gas ha interpretado a las órdenes de Paco Azorín y la conmovedora María Moliner de Vicky Peña en El diccionario, dirigida por José Carlos Plaza.

Los dos respiran teatro por los cuatro costados. Vienen de familias de cómicos y a su vez tienen hijos que siguen la tradición
Mario Gas considera que sus padres le enseñaron rigor: “Aprendí que el oficio requería trabajo, estudio, preparación. Me contagiaron su amor por el teatro. ‘Es un oficio muy hermoso’, decía mi padre, ‘pero muy duro y lleno de altibajos’. Me enseñaron a no elevarme por encima de los demás cuando las cosas van bien, y a apechugar cuando van mal”. Vicky Peña tiene otra impresión: “Los míos parecía que no me enseñasen nada, me dejaban aprenderlo por mí misma. Viendo una y otra vez la misma obra, yo me daba cuenta de que un día escuchaba embobada a los actores y otro día pensaba: ‘Hoy hablan raro’, porque no estaban tan bien. Es decir, que aprendía a detectar la verdad. Miranda, nuestra hija, también nos ha visto mucho desde cajas. Aprendí de mis padres que hacer teatro conlleva una responsabilidad múltiple: con uno mismo, con los compañeros, con el público y con la sociedad”.

Gas y Peña han estado juntos mucho tiempo como pareja, término que a Mario no acaba de convencerle: “Habría que buscar otro nombre, pero no se me ocurre. ¿Tándem, dúo?”. Vicky recuerda que alguien les dijo en una ocasión que eran “fijos discontinuos”, y que eso no le parece mal.

“Somos dos personas que tenemos muchas cosas en común, que nos apetece trabajar juntos”, dice Mario, “y nos llevamos muy bien. Y tenemos dos hijos fantásticos, Miranda y Orestes, que también son del oficio”.

Vicky remata: “Y sobre todo nos seguimos queriendo mucho, aunque haya veces que no nos aguantamos. Como vivimos muy cerca, cuando eso pasa, cada uno a su casa y listo. Pero sucede pocas veces”.

Propongo que Vicky me diga cómo es Mario dirigiendo, y a él cómo es Vicky actuando. Vicky le dice: “Tú ahora vete, que luego me iré yo”. Mario se echa a reír y obedientemente sale de escena.

“Cuando Mario hace un montaje”, cuenta Vicky, “siente y te hace sentir que en esa obra hay algo que a él le importa. En las primeras sesiones de trabajo desmenuzamos el texto. Es muy bueno analizando, siempre a favor de la obra. Leyendo en voz alta vas cogiendo una coherencia tonal, de juego en común. En los ensayos te deja explorar el personaje a tu aire, porque confía mucho en los actores. A mí me gusta mucho que no me dé pautas hasta más adelante. Entonces empieza a acotar, a decirte ‘recoge’, a tensar el tambor. Ahí puede ser tajante, incluso duro. Le gusta montar deprisa, levantar la función en pocos días. Y sobre lo que se ha hablado en la mesa y con la función levantada ya podemos ir moviéndonos. Antes era muy de notas, ahora no tanto. Recuerdo sesiones de notas agotadoras, sobre todo con compañías grandes, uno por uno. Hace muy bien los repartos, por adecuación dramática y pulsión personal. Hay una sensación de familia, pero son familias muy abiertas, que cambian y crecen. Él prefiere hablar de tribu. Sin que eso signifique clan ni capillita: le horrorizan”.

Reaparece Mario: “¿Son aquí las audiciones?”.

Vicky responde: “Pase, pase usted, que yo me voy a dar una vueltecita”.

“Vicky es una actriz fuera de serie. Por cómo se aproxima al personaje, cómo lo va haciendo crecer… Carlos Lucena, uno de mis maestros, fue el primero en hacerme ver su gran fuerza interior, cuando estábamos en el Diana. Desde entonces, me sigue asombrando cada vez, y eso no tiene precio: en teatro, la clave es que cada noche parezca la primera. No es una actriz fácil porque, como yo, tiene convicciones fuertes. Nos conocemos mucho y a veces las paredes tiemblan, porque la exigencia mutua es muy alta. Pero siempre es un regalo, porque sabes que te va a dar más de lo que le pides. A mí me gusta eso, ir descubriendo cosas con los actores, mano a mano. Todos nuestros trabajos juntos me dan una gran satisfacción. Tiene un instrumento muy fino, muy amplio, con muchísimas facetas y unas antenas capaces de captar frecuencias inimaginables.


Posee una sabiduría increíble: hay que darle mucho sedal para que pueda sacar todo lo que lleva en sí misma del personaje. Trabaja con intuiciones muy arriesgadas, y siempre lo da todo en cada ensayo. Es incansable, con una gran capacidad de juego y de emoción, y un gran compromiso. Trabaja con los demás, y eso en teatro es importantísimo: sabe muy bien que todo lo que pasa en escena se hace entre todos. ¡Vicky Peña, ya puede usted venir!”.