Xavier Albertí versiona el clásico ‘El gran mercado del
mundo’
Una escena de 'El gran mercado del mundo' en el Teatre
Nacional.
Delirante fiesta de gran teatro español en el Teatre
Nacional de Catalunya (TNC ). Xavier Albertí va a por todas en un montaje del
auto sacramental de Calderón de la Barca El gran mercado del mundo que abre en
plan Carlos Santos, con Lara Grube pronunciando el pregón de La Fama colgada en
las alturas, acompañada al piano por Antoni Comas mientras un ruidoso
ventilador mueve todo lo que se le pone por delante. Y lo cierra con una última
cena de trazo surrealista y cabaretero, con un Cristo de físico fibrado
portando una cruz de neón y la compañía cantando Il mondo, de Jimmi Fontana.
De la zarzuela y la revista al cabaret, la astracanada y las
varietés, todo cabe en este Calderón arrevistado y celebrado por el público con
risas, bravos y aplausos. Hay números musicales, mucho picante y espíritu provocador;
bien interpretado por Rubén de Eguía, la caracterización del personaje La Fe
como Cristo con llagas levantará ampollas. Y la escena final, que parece un
remedo de la cena de los mendigos de Viridiana montada en El Molino, tiene su
miga.
El espectáculo —una hora y veinte minutos que pasan volando—
se asemeja a una falla que quema en poco tiempo un largo trabajo de una
compañía mixta de 14 actores del TNC y la Compañía Nacional de Teatro Clásico
(CNTC) en una fraternal y saludable coproducción.
EL GRAN MERCADO DEL MUNDO
El Gran Mercado del Mundo, de Calderón de la Barca. Versión
y dirección de Xavier Albertí. Producción: Teatre Nacional de Catalunya (TNC) y
Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC). Sala Gran del TNC. Barcelona. Hasta
el 22 de junio.
Sonaron con humor corrosivo los versos de Calderón, no
siempre con naturalidad en la dicción y adecuada proyección vocal, pero con
energía en un relato un tanto caótico que muestra la riqueza ideológica de un
auto sacramental que es puro teatro popular, de poderoso calado en su crítica
al orden político, religioso y moral. En las palabras del gran autor del Siglo
de Oro asoma la condición humana sus distintos rostros: la trama cuenta la
suerte que corren dos hijos gemelos, bien encarnados por Alejandro Bordanove
(Buen Genio) y David Soto (Mal Genio), en pugna por el mayorazgo y la mano de
La Gracia —magnífica Aina Sánchez—, en un mercado de las tentaciones con la
bondad y la maldad en liza.
La joya de la escenografía es un carrusel de feria que
simboliza una rueda de la fortuna, con el contratenor Jordi Domènech (La
Herejía) silbando una espiritual aria de La Pasión según San Mateo, de Bach, en
una escena que haría las delicias de Fellini.
Juega el director del TNC con el desparpajo de las revistas
populares del Paral·lel barcelonés y el cabaret más canalla. Silvia Marsó viste
La Culpa con aires de vampiresa de cine negro, Roberto G. Alonso es pura
Lascivia con pulsiones de drag queen en celo y Jorge Merino (El Mundo y Padre
de Familias) se marca un cuplé sobre las dietas con trazos de Olga Ramos.
Mont Plans (La Malicia) y Oriol Genís (La Gula) llevan a su
terreno El tango de la cocaína, de Joan Viladomat, y una rumba en plan Peret;
Antoni Comas (Inocencia), que dice el verso con gran acierto, luce agudos en La
Pira verdiana, y Cristina Arias (Soberbia), Elvira Cuadrupani (Penitencia y
Humildad) completan un reparto coral bien ajustado.
+ info
Javier Pérez Senz
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