«Pericles, príncipe de Tiro» es una de las
obras de Shakespeare menos habituales sobre los escenarios, seguramente por su
naturaleza vertiginosa, cambiante, desigual y complicada, con atmósfera de
novela bizantina. Escrita entre 1607 y 1608, con el Bardo en plenitud de sus
recursos, los especialistas suelen atribuir los dos primeros actos a la mano de
un colaborador, George Wilkins, actor y sujeto algo tenebroso, pues se especula
con que también fuera proxeneta e incluso panadero, lo que tiene su miga. En su
montaje, Declan Donnellan le hace sitio y coloca su nombre después del de don
William en el rubro de la autoría.
La trama es una ensalada de combates,
navegaciones, amores, tormentas, deidades, incesto, piratas, burdeles,
pérdidas, traiciones, reencuentros, maldad y pureza puesta a prueba, con el
protagonista convertido en juguete de los rigores de un destino casi tan
azaroso como el de Ulises. Donnellan es un maestro que en cada apuesta da una
lección de imaginación, rigor, aparente sencillez formal y expresividad. En
esta ocasión se las apaña para encapsular todas estas peripecias en los
delirios de un hombre que se encuentra en coma en un hospital, de manera que la
acción transcurre en una habitación, con su cama, sus aparejos clínicos, una
puerta batiente por la que entran y salen el personal sanitario y los
familiares, y un espacio con sillas para los visitantes. No hay trajes de
época, espadas, barcos y otros objetos que evoquen el trasfondo clásico de la
historia. Siete actores, todos excelentes, le bastan para asumir la veintena
larga de personajes. ¡Y qué bien está contado y resuelto todo!
La puesta en escena saca partido a los sucesos
tremebundos e impregna el espectáculo de humor, ternura y emoción. Pericles
(Christophe Grégoire), su resucitada esposa Taisa (Camille Cayol) y su hija
Marina (Valentine Catzéflis) se reencuentran igual que la mujer y la hija del
agonizante se abrazan a él al final de esta función tan redonda.
«Pericles, príncipe de Tiro»
Autores: William Shakespeare y George Wilkins.
Dirección: Declan Donnellan. Escenografía: Nick Ormerod. Iluminación: Pascal
Noël. Vestuario: Angie Burns. Intérpretes: Christophe Grégoire, Valentine
Catzéflis, Camille Cayol, Xavier Boiffier, Cécile Leterme, Martin Nikonoff y
Guillaume Pottier. Teatro María Guerrero. Madrid.
Publicat per
Juan Ignacio García Garzón

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