André y Dorine han vuelto al Teatro Fernán Gómez de Madrid.
Una verdadera suerte para los que no pudieron ver esta función en su momento. Y
es que este montaje de Kulunka Teatro es una joya hecha con máscaras y
sentimientos a flor de piel. André y Dorine. Dorine y André. Una pareja de
ancianos. Él, escritor. Ella, violonchelista. Las teclas de la máquina de
escribir luchan contra las notas musicales en un frenético compás. Se ponen de
los nervios el uno a la otra, la otra al uno. Son muchos años compartiendo vida
ya y han olvidado el fulgor amoroso de los primeros encuentros. Él parece un
egoísta cascarrabias. Ella una obstinada superviviente. El hijo, nexo de unión
y objetos de disputas maritales. Pero la vida (y el tiempo) pasa. Y a Dorine le
llega casi sin darse cuenta esa terrible enfermedad que borra los recuerdos
como el agua erosiona la roca. Poco a poco pero de forma inexorable y terrible.
André y Dorine es una pequeña gran historia. Una muestra de
un teatro sin palabras pero que dice más que muchas otros espectáculos. Un
ejemplo de teatro de máscaras que, paradójicamente, dejan al descubierto el
alma de los personajes. Mucho se ha dicho de esta obra muda. Yo sólo diré que
hay que verla. Porque es una joya, sencilla, humilde, sin grandes pretensiones,
en la que la risa se alterna con el llanto de una manera fluida y hermosa. Dura
y tierna, también es verdad que André y Dorine puede resultar dolorosa para
aquéllos que se hayan enfrentado a esta enfermedad. A mí me resulto complejo,
por ejemplo. Porque André y Dorine son un fiel reflejo, sin ir más lejos, de
los últimos años de mis abuelos. La impotencia de André, su dolor, frente al
olvido de Dorine y la fragilidad de esta anciana... O ese personaje del hijo,
que tampoco tiene un papel fácil... Pero André y Dorine también es una
catarsis. La risa florece enjugando la lágrima (como en la vida misma, porque
es necesario) y la esperanza nos espera al final del camino.
Iñaki Rikarte dirige el espectáculo con mimo y un ritmo
perfecto. La acogedora escenografía, la cálida iluminación, el vestuario, esas
tremendas máscaras (el momento sin rostro creo que no se me olvidará nunca, es
una imagen sencillamente perfecta y devastadora) o la música que arrastra con
sus melodías (elemento fundamental de Yayo Cáceres) arropa la extraordinaria
labor de los tres intérpretes. Edu Cárcamo, Garbiñe Insausti y José Dault son
tres verdaderos magos que parecen quince en escena. Desplegando un trabajo de
cuerpo que es para quitarse el sombrero, transmitiendo todos y cada uno de los
sentimientos de los personajes al detalle sin un arma básica como es el rostro.
Los elementos se confabulan así para que André y Dorine se
convierta en un espectáculo redondo y profundamente emocionante. Hay que
avisar, eso sí, de que los sonidos de la moquera entre la audiencia de la sala
se iban transformando poco a poco en una sinfonía paralela a la función,
rugiendo a medida que avanzaba el espectáculo. Pero, lo mejor, es que se
consigue sin utilizar golpes bajos. Sólo ternura y delicadeza. Y es que André y
Dorine te deja mudo también, como a sus personajes, pero porque el (hermoso)
nudo que se te queda en la garganta al finalizar es francamente difícil de
deshacer.
+ info
Nombre del montaje: André y Dorine
Disciplina: Teatro independiente
Director: Iñaki Rikarte
Autor: Garbiñe Insausti, José Dault, Iñaki Rikarte,
Rolando San Martín, Edu Cárcamo
Reparto: Edu Cárcamo, Garbiñe Insausti, José DaultMúsica
Original: Yayo Cáceres
Diseño de Escenografía: Laura Eliseva Gómez
Diseño de Iluminación: Carlos Samaniego “Sama”
Vestuario: Vestuario
Máscaras: Garbiñe Insausti
Fotografía: Gonzalo Jerez y Manuel D.
Video: Aitor de Kintana
Ayudante de Dirección: Rolando San Martín
Dónde: Teatro Fernán Gómez
Dirección: Pza. de Colón, 4. Madrid
Hasta: 12.04
Horario: Martes a sábado a las 20:30h. Domingos a las 19:30h
Precio: 16€. Martes y Miércoles 14€
Venta de entradas: teatrofernangomez.esmadrid.com

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