Coser y cantar. El elenco del musical de Broadway que
representa la obra en Fibes hace turismo visitando el Costurero de la Reina y
el castillo de San Jorge en Triana.
PUBLICAT PER FRANCISCO CORREAL, SEVILLA 29.11.2012 http://www.diariodesevilla.es
LA Bella (Talía del Val) es de Madrid; la Bestia (Ignasi
Vidal), de Barcelona. Pero lo que no haga París... Los actores que encabezan el
cartel del clásico de Disney que se puede ver en Fibes hasta el próximo domingo
ya coincidieron en Los Miserables. Víctor Hugo la publicó en 1862, el mismo año
que Isabel II estuvo en Sevilla y vio rotular con su nombre el puente de Triana
que ayer recorrió el elenco.
150 años después, los actores del musical La Bella y la
Bestia se despojaron de sus atuendos, pero no de su espíritu mágico para dar
una vuelta por la ciudad que los acoge en esta gira de cómicos de la legua que
empezaron el 1 de septiembre en Valladolid. Nada más coqueto que empezar en el
Costurero de la Reina. El edificio que Juan Talavera hizo para la Exposición de
1929 era el decorado perfecto para quienes encarnan a una tetera (Mone, la
señora Potts), a una cómoda (Eva Diago) o a un plumero (Marta Capel). Un
minimalismo teatral en un dedal de la arquitectura regionalista.
Cruzaron el río para ir del Costurero de la Reina al
castillo de San Jorge que durante tres siglos fue sede del Tribunal del Santo
Oficio. El barcelonés Ignasi Vidal se hizo hace una década sevillano adoptivo y
aunque no abandonó el trasiego de su santo oficio fijó en Sevilla su
residencia. La ciudad donde encarnó al don Juan Tenorio en una producción de la
Imperdible en el cenador de Carlos V; donde produjo El Gran Inquisidor que su
socio Gregor Acuña hizo en el escenario que imaginó Dostoievski en Los hermanos
Karamazov; donde, en fin, nació Martina, hija del actor, niña que a sus siete
años es uno de los tres hijos de la tetera de los que cuida Abraham Pérez.
El castillo de San Jorge, horror y belleza fundidos en un
mismo espacio, es como una metáfora de este musical. Lo que nació como
necrópolis almohade acabó casi en El cementerio de automóviles de Fernando
Arrabal. "La mitad del antiguo castillo es parking", les explica
Alicia Cáceres, encargada de la recepción a los visitantes y guía profesional.
Necrópolis, castillo, ermita, cementerio, mercado, museo. Argumentos superpuestos
junto al río Guadalquivir. Alicia les contó que la Inquisición no fue sólo
española pese a la autoflagelación de los que no han leído a Henry Kamen; que
nació en Francia para perseguir a los cátaros, un pueblo a cuyas andanzas le ha
dedicado muchas horas de lectura Julio Anguita.
La Inquisición, aquella bestia sublimada ahora en bella
expositiva, duró dos Isabeles: el papa Sixto IV la introduce en España a
petición de Isabel la Católica hasta que Isabel II, titular del puente de
Triana, aprobó su abolición.
Entre el Costurero de la Reina y el castillo de San Jorge,
en la calle Betis, está la pizzería Mamma Mia, el mismo título de uno de los
muchos musicales que están en el currículum de estos actores y cantantes.
Enrique del Portal (Maurice, el padre de Bella), que bebió en las fuentes de la
zarzuela y de la ópera, ha coincidido con Eva Diago en las dos versiones
españolas de Los Miserables, la de 1992 y la de 2010. Marta Capel compartió con
Asunción Balaguer, Massiel, Carlos Hipólito y un ilustre etcétera el cartel de
Follies, además de participar en Jesucristo Superstar, Los Productores o Más de
cien mentiras, musical inspirado en canciones de Sabina. Frank Capdet (Ding
Dong, el mayordomo) canta, pero procede del teatro del texto: tragedias
griegas, teatro experimental. Es socio de un curioso teatro barcelonés, el
Almería Teatre, así llamado por estar en un antiguo bingo situado bajo la Casa
regional de Almería en la capital catalana.
La bella Marcela murió en auto de fe por el imperativo de la
bestia inquisidora, víctima de un fatídico cruce de perjuros y conjuros. La
historia de Marcela es la propina documental que el castillo de San Jorge le
ofrece a los visitantes, junto a una rigurosa explicación por parte de Alicia
Cáceres de la etimología de sambenito, simbiosis de saco bendito ajeno al santo
que es patrono de Europa y de Castiblanco de los Arroyos.
Bilbao es la próxima parada de Gastón, Lefou y demás
personajes de La Bella y la Bestia. Valladolid, donde empezaron, y Sevilla,
donde velan armas y alientos, compartieron la dolorosa hegemonía de ser las dos
sedes principales del Santo Oficio. De la primera dio cumplida cuenta Miguel
Delibes en su novela crepuscular El hereje. La guía les contó que la
Inquisición se trasladó desde Triana a la Alameda de Hércules, invirtiendo el
recorrido de Juan Belmonte, señor del Altozano en el busto de Venancio Blanco.
La visita coincidió con la entrada y salida de trabajadores
que colocaban las piezas del que será el belén más grande de Sevilla, a
beneficio de Cáritas. Junto a los paneles de la historia de la Inquisición se
colaron unos versos de José María Rubio Rubio, médico con consulta en la calle
Betis, pregonero de la Semana Santa de 1991. Un poema que habla de la
"cucaña del cielo". "A la gente le gusta mucho y lo hemos
dejado", dice Alicia Cáceres. El apetito se adueña de la tropa, otrora
muertos de hambre. Ignasi Vidal, el Tenorio del Alcázar, el sevillano adoptivo,
empieza a sugerirles sitios. Es el único que se mueve sin plano en una ciudad
que ya se sabe de memoria. "No diga Sevilla, diga Ignasi Vidal",
piropea la Bella a la Bestia en una hermosa metáfora del final feliz de la
obra.
Una hermosa mañana de turismo que empezó en el Costurero de
la Reina. Coser y cantar con música de Alan Menken y letra de Tim Rice que ya
han visto 35 millones de espectadores en todo el mundo. ¿A qué está esperando?

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