www.lne.es 27 de novembre de 2006
Iván Labanda, caracterizado como Nanki Poo, y Albert Muntanyola, como Pooh-Bah.
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SAÚL FERNÁNDEZ
William Schwenck Gilbert y Arthur Sullivan, los autores de «El Mikado», la comedia que se vio el pasado sábado en el polideportivo de El Quirinal, fueron muy populares en los teatros británicos de la era victoriana. Entre 1871 y 1896 trabajaron a medias en veinticinco óperas, operetas y teatro bufo. Entre sus títulos sobresalieron «Pirates of Penzance» o este «Mikado», que se vio por primera vez en Londres, unos años antes de que Jack el Destripador transformara la vida local de la capital y la hiciera más insegura y oscura que una noche neblinosa a la luz del gas. A la vez que estos dos llenaban los teatros anglosajones, en España Miguel Ramos Carrión y Vital Aza hacían lo mismo en la más que castiza España de la Restauración, en esta ocasión se les sumaba el compositor Federico Chueca, es decir, que, en vez de una pareja, formaban un trío. Así que: autores de óperas bufas por un lado y autores de zarzuela por el otro. ¿En qué se distinguen estos dos géneros líricos? La zarzuela alterna los números cantados con los textos dramatizados y, además, las canciones desarrollan la acción del espectáculo. Algo parecido pasó con «El Mikado» del sábado pasado. Un espectáculo «de siempre», es decir, de factura impecable, con actores-cantantes destacados, con música en directo -de la mano de la Orquesta Sinfónica de Gijón, que dirigió Joan Vives, el arreglista de la partitura de Sullivan-. O sea, Japón de ópera bufa, con un guión prescindible -se parte de una decisión injusta e inexplicada y a partir de ahí se desarrolla la historia-, puro divertimento pasajero que amarra al público con los chistes anacrónicos o metateatrales. De entre los primeros destaca la irreverencia más o menos tamizada del «Déjame hablar a mí», de la plebeya Yum-Yum a punto de casarse con el príncipe, el listín del verdugo, donde tienen sitio privilegiado los que no apagan los móviles o los que escriben de teatroÉ Entre las acciones metateatrales se puede citar el soborno al director de la orquesta, por ejemplo. Párrafo aparte merece el espacio escénico elegido: un gélido polideportivo desolado por todas sus gradas. Y eso que en El Quirinal más de mil personas disfrutaron de la comedia de «Dagoll Dagom». Frío, pues, y sillas incómodas para un teatro momentáneo, un espacio fuera de lugar. Con todo, un «Mikado» divertido, teatro con bufanda.
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