
15 de desembre de 2006
El estreno de 'Cabaret' trasladó a un abarrotado Teatro Jovellanos al ambiente de la capital alemana en los años treinta con el amor, la vida misma y la música como protagonistas
M. F. A./GIJÓN
'WILKOMMEN'. El maestro de ceremonias y las bailarinas inician el show al ritmo de la famosa canción. / ALEX PIÑA
El estreno de 'Cabaret' trasladó a un abarrotado Teatro Jovellanos al ambiente de la capital alemana en los años treinta con el amor, la vida misma y la música como protagonistas
M. F. A./GIJÓN
'WILKOMMEN'. El maestro de ceremonias y las bailarinas inician el show al ritmo de la famosa canción. / ALEX PIÑA
El Kit Kat Klub abre sus puertas mientras el público toma asiento en las butacas. Las bailarinas coquetean, recrean el ambiente de un auténtico night club del Berlín de los años treinta. Antes de que arranque el viaje a la capital alemana que vive el amor y la noche en los prolegómenos del nazismo, el espectáculo se sirve a sorbos de improvisación, naturalidad y hasta cubatas para unos pocos privilegiados antes de que suene la música. Y es que casi cuarenta personas vivieron en primera fila, con mesas, sillas y buena bebida el estreno de una función que requirió de que desaparecieran las tres primeras filas del patio de butacas. Esos privilegiados se vieron seducidos más que nadie por la música del saxofón o el trombón y las proposiciones de las fingidas prostitutas antes de que el sonido del 'Wilkommen' diera por iniciado el show.El Teatro Jovellanos se llenó hasta la bandera para el estreno de 'Cabaret', el musical por antonomasia, que se quedará hasta el domingo en Gijón con el cartel de 'no hay papel' colgado. La historia que nació en el año 1934 y fue creciendo a base de cine y teatro, en Broadway y en Londres, se posó sobre las tablas del coliseo asturiano con ritmo, con música en directo, con canciones, y con bailes para hablar de lo de siempre, de amor, de la lucha diaria por la felicidad y la supervivencia, y retratar el Berlín del nacimiento del nazismo, de la crisis económica, del libertinaje social... El celebérrimo musical responde a la versión creada por Sam Mendes, el director que firmó la oscarizada 'American Beauty', y que puso en escena en Londrés en 1993. Más tarde llegó a Broadway y en 2003 dio el salto desde la gran manzana para asentarse en Madrid. En castellano conquistó al público durante 33 meses, hasta que a finales del pasado verano inició en Bilbao la gira nacional que ahora lo acerca a Asturias.Treinta artistas en escena obran el milagro de un Kit Kat Klub que cuenta con su propia orquesta. Como protagonista, Marta Ribera dando vida a Sally Bowles. Dicen de ella que es la artista más completa de musicales del país, adjetivos que también merece el magnífico maestro de ceremonias, encarnado por Víctor Masán. Él es Emcee, quien se encarga de guiar al público en un viaje de más de dos horas y media (descanso incluido). Junto a ellos, Jesús Cabrero como Cliff Bradshaw; Patricia Clark, dando vida a Fraulein Schneider; Paco Lahoz, como Herr Schultz, y Manuel Rodríguez, en el rol de Ernst Ludwin.En dos actos se narran dos historias de amor: las de la casera de una pensión berlinesa con uno de sus huéspedes, de religión judía, y la de los protagonistas de la obra, Sally Bowles y Cliff. Él es un escritor americano de orientación sexual confusa que busca inspiración; ella, una cantante inglesa maltratada por un novio celoso. La historia se cuenta sobre un escenario adornado por tres puertas y dos escaleras que dan acceso al lugar donde se colocan los músicos. Media docena de sillas, un baúl, una 'chaise lounge', un perchero, un baúl y poco más sirven para ir describiendo los escenarios en los que transcurre la acción, cuyos cambios los propios actores y músicos se encargan de hacer de cara al público. Unos y otros se plantan en escena con un vestuario fantástico con las carreras de las medias y los ligeros como protagonistas y tan destacado con el maquillaje y la peluquería que por sí mismas retratan un ambiente más decadente que glamouroso. Otro tanto de lo mismo ocurre con la iluminación, un elemento narrativo más que marca tiempos y hasta el ritmo de los números. Huelga decir que entre los más aplaudidos estuvo el inolvidable 'Money' interpretado por el maestro de ceremonias. Se observa que hay muchísimo trabajo entre bambalinas en un montaje muy espectacular en el que participan una veintena las personas.Todos ellos pusieron arte y el público añadió el resto de aliños. Se encargó de adornar con aplausos las canciones y coreografías que se fueron sucediendo en una noche que transitó entre la carcajada y el drama. Porque si abundan las sonrisas, no faltan tampoco las penas que se dibujan con los trazos de la esvástica.
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