02 de novembre 2006

Como un telefilme

26 octubre 2006

CRÍTICA DE TEATRO
«Carnaval»
Autor: Jordi Galceran. Dirección: Sergi Belbel. Escenografía: Max Glaenzel y Estel Cristià. Intérpretes: Marta Angelat, Roger Casamajor, Quimet Pla, Mar Ulldemolins, Sílvia Bel. Estreno: Romea, 23-X
SERGI DORIA
Desde la época de Griffith, cuando ataba a Lillian Gish a la vía del ferrocarril y ponía de los nervios al espectador esperando la salvación en el último minuto, las carreras contra reloj deparan un alto voltaje dramático. En «Carnaval», lo primero que llama la atención es el reloj que preside el escenario de la comisaría, con su numeración de línea clara y el avance, diáfano, del minutero. Porque el momento culminante de la obra con que Jordi Galceran quiere revalidar el éxito de «El método Grönholm» es un minuto de silencio con los personajes observando la pantalla del ordenador hasta que un rojizo resplandor les confirme el desenlace de un secuestro.
Si la obra se limitara a su sinopsis -día de carnaval, niño de tres años desaparecido, madre soltera desconsolada, anuncio con imagen en internet de que morirá en treinta minutos, el secuestrador no pide rescate...- no superaría los límites del thriller. Galceran pretende ir más allá: meditar sobre lo fácil que es hacer daño en el mundo actual, donde la catadura de los asesinos se globaliza y diversifica. En los tiempos de la «guerra invisible» que plantea el terror, como dice la inspectora Garralda (Marta Angelat), «una cosa como ésta la puede haber hecho cualquiera». Confirmado el secuestro, las líneas de investigación se multiplican: ¿pederastas? ¿islamistas? ¿sectas satánicas? ¿cualquiera?. Lo que más indigna a los policías que encarnan Marta Angelat, Quimet Pla y Roger Casamajor, no es la modalidad del delito, sino la ausencia de lucro, porque lo único que se persigue es hacer el mal.
Belbel y Galceran han apostado por el ritmo narrativo y han relegado el texto a un segundo plano. «Carnaval» es mucho más elemental que «El método Grönholm»: hay menos elaboración irónica y más exabrupto, menos destilación verbal y más tacos (quizá sobra la alusión, de mal gusto, al secuestro de Miguel Ángel Blanco). Hay menos dramaturgia y más dramatismo, menos racionalismo y más emoción. Los hechos se suceden con celeridad. No hay tiempo para disquisiciones. Como le espeta la inspectora Garralda al policía Ribó no es el momento de filosofar, sino de actuar. Y la actuación del plantel de este «Carnaval» cumple a la perfección las pretensiones del dúo Galceran-Belbel. Capturar al público en ese minuto de silencio, cuando el reloj marca la hora del terror. El telefilm aplicado al teatro.