
10 d'agost de 2006
LUIS LAFORGA/ICAL
El espectáculo se mostrará en Santo Martino, detrás de San Isidoro
La plaza de Santo Martino recibe un montaje en el que el público «es la mitad del espectáculo»
La compañía dirigida por el leonés Fernando Urdiales escenifica hoy «La barraca de Colón»
E. Gancedo león
No está el ciudadano habituado a ver un Colón como éste. Un Colón lascivo, tabernario, noctámbulo, un Almirante-feriante bebedor, circense y malencarado. Un anti-héroe. Pero también un tipo simpático. Y un ser humano. Es La barraca de Colón , el gran espectáculo «apócrifo y crítico» de Teatro Corsario, la compañía dirigida por el leonés Eduardo Urdiales, premio Castilla y León de las Artes 2005, que hoy se escenifica al aire libre y de manera gratuita en la plaza Santo Martino de León. Se trata de una visión -escrita por el propio Urdiales- espectacularmente diferente de la imagen mental que todos tenemos del descubridor, pero que, a tenor de los últimos estudios sobre la personalidad del genovés, parece que no anda demasiado desencaminada. «El montaje trata de bajar a Colón de la peana para observarlo desde puntos de vista más iconoclastas y menos ortodoxos», ha asegurado el dramaturgo y director leonés. Para conseguirlo, la compañía traslada toda la acción a un contexto inesperado: una barraca de feria. La peripecia personal del Almirante y sus gestas en el nuevo mundo son desgranadas por una troupe en la que no faltan domadores, payasos, equilibristas o cabareteras. «A través de esos personajes hemos producido una historia marcada por un particular sentido del humor», asegura. Además, comenta Urdiales que en este montaje «el público es la mitad del espectáculo», en referencia a la implicación directa del respetable en el transcurso de la acción, «y más aún hoy que la representación tiene lugar al aire libre y por la noche», avisa. Una nueva mirada Aunque rebosante de imaginación y colorido -atención a la escenografía y al cuidadísimo vestuario-, esta obra teatral está basada, en parte, en novedosas miradas históricas respecto a la figura del navegante, que murió en Valladolid pobre y olvidado. Archivos depositados en Simancas y revisados por expertos y otros textos informan de que Cristóbal Colón tenía pocos escrúpulos respecto a algunos temas, y así, «no bautizaba a los indios para poder emplearlos como esclavos», informa Fernando Urdiales. Por lo demás, la obra «que es, casi, casi, un musical», dice su creador, ha sufrido pocos cambios desde su estreno en diciembre del pasado año: «No ha variado sustancialmente, hemos pulido cosas, limado alguna escena... son ajustes normales en un montaje como éste -dice el pregonero de las fiestas de San Juan y San Pedro del año pasado-. Una vez que pasamos de las doce o quince funciones revisamos las escenas; hacemos un poco lo que la práctica vaya decidiendo». La obra, que ya se representó en marzo en el Auditorio Ciudad de León, mezcla, según el responsable de esta laureada compañía con sede en Valladolid, «la farsa, que es una parodia de la realidad, y lo grotesco, que distorsiona esa realidad. Entre esos dos campos se mueve el espectáculo, que parte de la base del estilo de la compañía... éste se apoya en el expresionismo tanto en sus imágenes como en la interpretación de los actores». La historia de La barraca de Colón surgió, en un principio, fruto del interés de Urdiales por el descubridor. «Siempre me ha interesado porque es un personaje muy enigmático y en su historia existen muchos agujeros. En todos esos enigmas que le rodean es donde se cuela la fabulación y la fantasía del teatro». En cuanto a su desarrollo, ha avanzado que en la obra aparecen dos actores interpretando diferentes aspectos y momentos de la vida del descubridor. Pedro Vergara da vida al primero de ellos, «el Colón triunfal que llega a España de la expedición y vive una época de gloria». Y, por su parte, Julio Lázaro recrea al Colón anciano, que «tras la muerte de Isabel entró en una fase de ensimismamiento y de mesianismo, que le fue deteriorando psíquicamente hasta que murió, solo, en Valladolid. Ese Colón redime al personaje y, como casi todos los antihéroes modernos, fallece víctima de su destino, que es precisamente todo lo contrario a lo que él había imaginado». Hora: 22.00. Lugar: plaza de Santo Martino. Acceso: gratuito.
El espectáculo se mostrará en Santo Martino, detrás de San Isidoro
La plaza de Santo Martino recibe un montaje en el que el público «es la mitad del espectáculo»
La compañía dirigida por el leonés Fernando Urdiales escenifica hoy «La barraca de Colón»
E. Gancedo león
No está el ciudadano habituado a ver un Colón como éste. Un Colón lascivo, tabernario, noctámbulo, un Almirante-feriante bebedor, circense y malencarado. Un anti-héroe. Pero también un tipo simpático. Y un ser humano. Es La barraca de Colón , el gran espectáculo «apócrifo y crítico» de Teatro Corsario, la compañía dirigida por el leonés Eduardo Urdiales, premio Castilla y León de las Artes 2005, que hoy se escenifica al aire libre y de manera gratuita en la plaza Santo Martino de León. Se trata de una visión -escrita por el propio Urdiales- espectacularmente diferente de la imagen mental que todos tenemos del descubridor, pero que, a tenor de los últimos estudios sobre la personalidad del genovés, parece que no anda demasiado desencaminada. «El montaje trata de bajar a Colón de la peana para observarlo desde puntos de vista más iconoclastas y menos ortodoxos», ha asegurado el dramaturgo y director leonés. Para conseguirlo, la compañía traslada toda la acción a un contexto inesperado: una barraca de feria. La peripecia personal del Almirante y sus gestas en el nuevo mundo son desgranadas por una troupe en la que no faltan domadores, payasos, equilibristas o cabareteras. «A través de esos personajes hemos producido una historia marcada por un particular sentido del humor», asegura. Además, comenta Urdiales que en este montaje «el público es la mitad del espectáculo», en referencia a la implicación directa del respetable en el transcurso de la acción, «y más aún hoy que la representación tiene lugar al aire libre y por la noche», avisa. Una nueva mirada Aunque rebosante de imaginación y colorido -atención a la escenografía y al cuidadísimo vestuario-, esta obra teatral está basada, en parte, en novedosas miradas históricas respecto a la figura del navegante, que murió en Valladolid pobre y olvidado. Archivos depositados en Simancas y revisados por expertos y otros textos informan de que Cristóbal Colón tenía pocos escrúpulos respecto a algunos temas, y así, «no bautizaba a los indios para poder emplearlos como esclavos», informa Fernando Urdiales. Por lo demás, la obra «que es, casi, casi, un musical», dice su creador, ha sufrido pocos cambios desde su estreno en diciembre del pasado año: «No ha variado sustancialmente, hemos pulido cosas, limado alguna escena... son ajustes normales en un montaje como éste -dice el pregonero de las fiestas de San Juan y San Pedro del año pasado-. Una vez que pasamos de las doce o quince funciones revisamos las escenas; hacemos un poco lo que la práctica vaya decidiendo». La obra, que ya se representó en marzo en el Auditorio Ciudad de León, mezcla, según el responsable de esta laureada compañía con sede en Valladolid, «la farsa, que es una parodia de la realidad, y lo grotesco, que distorsiona esa realidad. Entre esos dos campos se mueve el espectáculo, que parte de la base del estilo de la compañía... éste se apoya en el expresionismo tanto en sus imágenes como en la interpretación de los actores». La historia de La barraca de Colón surgió, en un principio, fruto del interés de Urdiales por el descubridor. «Siempre me ha interesado porque es un personaje muy enigmático y en su historia existen muchos agujeros. En todos esos enigmas que le rodean es donde se cuela la fabulación y la fantasía del teatro». En cuanto a su desarrollo, ha avanzado que en la obra aparecen dos actores interpretando diferentes aspectos y momentos de la vida del descubridor. Pedro Vergara da vida al primero de ellos, «el Colón triunfal que llega a España de la expedición y vive una época de gloria». Y, por su parte, Julio Lázaro recrea al Colón anciano, que «tras la muerte de Isabel entró en una fase de ensimismamiento y de mesianismo, que le fue deteriorando psíquicamente hasta que murió, solo, en Valladolid. Ese Colón redime al personaje y, como casi todos los antihéroes modernos, fallece víctima de su destino, que es precisamente todo lo contrario a lo que él había imaginado». Hora: 22.00. Lugar: plaza de Santo Martino. Acceso: gratuito.
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