20 d’agost 2006

Medio siglo sin el imprescindible Brecht


12 d'agost de 2006

Pasado mañana se cumplen 50 años de la muerte del notable poeta, director teatral y dramaturgo alemán
La obra de Brecht supone un punto culminante en la literatura antifascista del exilio.
Rubén Alejandro
Fraga
“Al río torrentoso todos lo llaman violento, pero al lecho que lo oprime nadie lo considera violento”. La frase es del poeta, actor, director teatral y dramaturgo alemán Bertolt Brecht, de cuyo fallecimiento se cumplirán 50 años el lunes próximo.Fue uno de los dramaturgos y poetas alemanes más prominentes del siglo pasado cuyo tratamiento original de los temas sociales y de los experimentos revolucionarios influyó enormemente en la creación y en la producción teatral moderna.Brecht siempre quiso influir en el público con sus actuaciones, para lo cual eligió los medios de una manera dirigida hacia su meta, como por ejemplo, anécdotas, la radio, el teatro e incluso el cine, a través de los cuales podía llegar al público correspondiente. Su meta fue un cambio social que debía alcanzar una liberación de los medios de producción, e incluyó tanto el ámbito intelectual como también el estético.Antifascismo, carácter didáctico, critica social e innovación, fueron los conceptos fundamentales de sus ideas. Había nacido en Augsburgo, Baviera, el 10 de febrero de 1898, como Eugen Bertolt Friedrich Brecht.En 1917 Brecht tuvo que interrumpir sus estudios al ser convocado a prestar servicio como soldado sanitario en un hospital militar en Augsburgo en el marco de la Primera Guerra Mundial. Durante ese tiempo, conoció a Paula Banholzer quien en 1919 dio a luz a un hijo suyo, Frank. Siendo soldado alemán, Frank caería en Rusia en 1943, durante la Segunda Guerra Mundial.A partir de 1920, Brecht viajó a menudo a Berlín, donde entabló relaciones con gente del teatro y de la escena literaria. En 1922 se casó con la actriz de teatro y cantante de ópera Marianne Zoff. A partir de aquel momento, el joven artista tuvo papeles en Münchner Kammerspiele y en el Deutsches Theater de Berlín. Un año más tarde tuvieron una hija, Hanne. Pero poco después conoció a la que sería su posterior esposa Helene Weigel. En 1924, año en que se radicó definitivamente en Berlín, nació su segundo hijo varón, Stefan, y tres años más tarde se divorció de Zoff.En 1924 debutó como autor teatral en el Berlín Deutsches Theater, con la dirección de Max Reinhardt. Sus primeras obras muestran la influencia del expresionismo, el principal movimiento dramático de la época. Desde 1926 tuvo frecuentes contactos con artistas socialistas, los cuales influyeron ampliamente en su ideología. Sus primeras obras ya tuvieron algunas características de su interpretación de Hegel, cuyas obras conoció desde su primera juventud, así como de sus estudios de las obras de Karl Marx. A los 29 años publicó su primera colección de poemas Devocionario doméstico, y un año más tarde tuvo el mayor éxito de teatro de la República de Weimar. Fue en 1928, cuando escribió un drama musical, La ópera de los tres peniques, junto con el compositor alemán Kurt Weill. Ese musical, inspirado en The Beggar’s Opera (1728) del dramaturgo inglés John Gay, era una cáustica sátira del capitalismo y se convirtió en el éxito teatral más importante de Brecht. Dicha ópera ataca el orden burgués, del cual se burla representándolo como una sociedad de delincuentes, y fue llevada al cine en 1931 bajo la dirección de Georg Wilhelm Pabst con la participación de varios de los artistas originales de la obra de teatro. Un año después de su primer gran éxito, Brecht se casó con Helene Weigel, con quien tuvo una hija, Bárbara.En 1924, Brecht había empezado a estudiar el marxismo, y desde 1928 hasta la llegada de Adolf Hitler al poder en Alemania, escribió y estrenó varios dramas didácticos musicales. La ópera Ascensión y caída de la ciudad de Mahagonny (1927-1929) también criticó al capitalismo. La preocupación por la justicia fue un tema fundamental en su obra. Durante este periodo inicial de su carrera, Brecht dirigía a los actores y empezó a desarrollar una teoría de técnica dramática conocida como teatro épico. Rechazando los métodos del teatro realista tradicional, prefería una forma narrativa más libre en la que usaba mecanismos de distanciamiento tales como los apartes y las máscaras para evitar que el espectador se identificara con los personajes de la escena. Brecht consideraba esta técnica de alienación, la distanciación, como esencial para el proceso de aprendizaje del público, dado que eso reducía su respuesta emocional y, por el contrario, lo obligaba a pensar. A causa de su oposición al gobierno de Hitler, Brecht se vio forzado a huir de Alemania. A comienzos de 1933, la representación de la obra La toma de medidas fue interrumpida por la policía y los organizadores fueron acusados de alta traición. El 28 de febrero –un día después del incendio del Reichstag, Parlamento alemán– Brecht abandonó Berlín con su familia y huyó a través de Praga, Viena y Zurich a Skovsbostrand cerca de Svendborg en Dinamarca, donde pasó cinco años. En mayo de 1933, todos sus libros fueron quemados por los nacionalsocialistas.El exilio de Brecht fue seguramente el tiempo más duro de su vida, a pesar de lo cual escribió algunas de sus mayores obras. Encontrándose en una situación económica difícil, tuvo que viajar a Londres y París, e incluso a Nueva York, para que se le permitiera la representación de sus obras e influir de este modo en la sociedad y la política. Pero aparte de sus obras teatrales, escribió también colaboraciones para varias revistas de inmigrantes en Praga, París y Amsterdam.En el verano de 1941 viajó a través de Moscú en el expreso transiberiano a Vladivostok. Desde el este de la Unión Soviética viajó en barco a California, Estados Unidos, donde se asentó en Santa Mónica, cerca de Hollywood. Fue durante esos años de exilio cuando produjo algunas de sus mejores obras, como La vida de Galileo Galilei (1938-1939), Madre Coraje y sus hijos (1941), que consolidaron su reputación como importante dramaturgo, y El círculo de tiza caucasiano (1944-1945). La obra literaria de Brecht supone un punto culminante en la literatura antifascista del exilio.Además, Brecht se consideraba a sí mismo un hombre de teatro que se había liberado de las tendencias del teatro expresionista para experimentar con nuevas formas. Quería mostrar que ese cambio no sólo era posible sino que era necesario. Su versátil empleo de la lengua y de las formas poéticas –lenguaje clásico mezclado con el habla del hombre de la calle, versos libres e irregulares– lo dirigió a sacudir la conciencia del público y a llevarlo de una pasividad acrítica a la reflexión y, esperanzadamente, a la acción.El 6 de mayo de 1945, pocos días después del suicidio de Hitler, Brecht exclamó: “Señores, no estén tan contentos con la derrota (de Hitler). Porque aunque el mundo se haya puesto de pie y haya detenido al Bastardo, la Puta que lo parió está caliente de nuevo”.El análisis que Brecht expone en sus Ensayos sobre fascismo (1933-39) es el punto de partida de su teoría y práctica literarias. No entendió al nacionalsocialismo como equivocación, catástrofe natural, enlace fatal de circunstancias, desgracia o intrusión del mal, como lo hicieron una y otra vez otros autores. Brecht oponía una explicación materialista frente a quienes no vieron en el fascismo más que una perversión y un embrutecimiento del hombre en la civilización moderna: “La brutalidad no viene de la brutalidad, sino de los negocios que, sin ella, ya no se llevarían a cabo. Muchos de los escritores que hemos experimentado, horrorizados, el terror del fascismo, no hemos aprendido aún la lección, no hemos descubierto la raíz de la brutalidad que nos espanta. Persiste el peligro de considerar las crueldades inútiles”.Esa forma de pensar le granjeó la enemistad de las autoridades norteamericanas, que le atribuían ideas comunistas. Por ese motivo, el 30 de octubre de 1947, Brecht fue interrogado por el Comité de Actividades Anti Estadounidenses fogoneado por el senador Josef McCarthy. Un día más tarde huyó de Estados Unidos y más tarde obtuvo la nacionalidad austríaca. Tres años después de la caída del nazismo, en 1948 Brecht volvió a Alemania, se estableció en Berlín Este y fundó su propia compañía teatral, el Berliner Ensemble. Fue una figura controvertida en la Europa del Este, ya que su pesimismo moral chocaba con el ideal soviético del socialismo realista. En mayo de 1956, Brecht ingresó en el hospital berlinés Charité enfermo de gripe. Murió el 14 de agosto de ese mismo año en Berlín, durante un ensayo teatral, a causa de un ataque al corazón. Tenía 58 años y había hecho realidad su propia frase: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.
UNA CITA TAN FAMOSA COMO AJENA
“Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí”. La famosa cita, que pinta los dramáticos años de persecuciones nazis se atribuye erróneamente a Bertolt Brecht. En realidad la frase fue pronunciada por Martin Niemoeller, un pastor protestante alemán, en 1945, respondiendo a la pregunta de un estudiante acerca de por qué nadie enfrentó a los nazis en su debido tiempo. Tampoco es de Brecht otra célebre cita que se le atribuye: “Imagínate que hay una guerra y nadie va”.