
14 d'agost de 2006
Se cumple el 50º aniversario de la muerte del dramaturgo alemán más influyente del siglo XX, Bertolt Brecht. Alemania le rinde un homenaje.
GEMMA CASADEVALL
Fotografía de Bertolt Brecht tomada en Berlín en el año 1954.
Gemma Casadevall.
Berlín
Los homenajes y alguna que otra chapuza se acumulan ante el 50º aniversario de la muerte de Bertolt Brecht, un nombre cumbre de las letras germanas, al que la mitad de los alemanes admite no conocer. Desde hace semanas, diarios y semanarios dedican grandes espacios a la recuperación de la obra y la figura del poeta y dramaturgo al que el nazismo empujó al exilio, primero, y el Comité de Actividades Antiestadounidenses de McCarthy ahuyentó de EEUU, después.
Los medios han dado asimismo gran repercusión al estreno, el pasado sábado, de una versión de su Opera de los tres peniques -o centavos, según las traducciones- con Klaus Maria Brandauer en la dirección y el cantante Campino, un ídolo del punk alemán, como Mackie Navajas.
A poca distancia de la Berliner Ensemble, el teatro fundado por el dramaturgo y su esposa, Helene Weigel, el Admiralspalast supo colocar su estreno oportunamente a tres días del aniversario de la muerte -el 14 de agosto de 1956-, y se aseguró con ello los flashes. El lugar elegido para la producción de Brandauer es un viejo teatro que abrió sus puertas como balneario en 1873, en la céntrica Friedrichstrasse, se convirtió luego en teatro visitado por Hitler y en music-hall de la Alemania comunista. Por ahí pasaron desde estrellas de la opereta a miembros de la clase política y ahí se consumó la fusión forzosa del Partido Socialdemócrata y el Comunista, en 1946.
Tras múltiples intentos de relanzamiento, el local fue adquirido por un empresario privado, Falk Walter, que ha invertido unos 14,5 millones de euros en su puesta al día. Brandauer y Campino ensayaron, con el teatro convertido en un andamio, y una semana antes del estreno se invitó a una singular conferencia de prensa, mientras los operarios seguían tendiendo cables y colocando ventanales.
Los medios acudieron en tropel, divididos entre los que preveían un retraso, los que lo consideraban un episodio más del peculiar sentido del glamour berlinés -todo patas arriba- y los que se preguntaban si era una maniobra para aumentar la expectación. Finalmente hubo estreno el sábado y la dirección de Klaus María Brandauer fue abucheada sin compasión, el ídolo del punk señoreó como Mackie Navajas y la actriz Katrin Sass se llevó la mejor ovación de las 1.700 butacas a rebosar
El estreno puntual no afecta al negocio de los nuevos dueños del Admiralspalast, que tienen en candelero, para después de la Opera, un variopinto repertorio de piezas de cabaré, supuestamente para el gran público.
El homenaje real a Brecht se lo rendirá su Berliner Ensemble, cuyo festival cuenta con producciones internacionales, como la Santa Joana dels Escorxadors del Teatre Lliure de Barcelona. Los honores se extenderán a su Augsburgo natal y ocuparán también monográficos televisivos.
La incertidumbre sobre el Admiralspalast no es la única sombra que planea sobre el aniversario: casi la mitad de los alemanes, el 42%, admite no haber leído ni un libro del autor de Madre coraje, según una encuesta de la revista Bücher (Libros).
Un 55% afirma que su único contacto con el dramaturgo se remonta a la edad escolar y sólo un dos por ciento dice haber leído algo de él entre este año y el pasado. No se trata tampoco de que no se le lea, pero que su obra llene los escenarios: entre las 20 piezas más representadas entre Alemania, Suiza y Austria, según la estadística de la Asociación del Teatro, no hay ni una de Brecht.
Mientras el Fausto de Goethe tiene en su haber 437 producciones, de la Madre Coraje constan 187 y de la Opera 142.
La estadística contrasta con la dimensión dada por los medios al 50º aniversario y el estreno del Admiralspalast. En el aire queda la pregunta de si se trata sólo de
recordar a un autor por oportunidad de calendario o de un auténtico interés por recuperar la figura de un escritor incómodo -tanto al nazismo, como al mccarthismo-, que en la guerra fría fue celebrado como dramaturgo nacional en el Berlín Este y en Moscú.
Los homenajes y alguna que otra chapuza se acumulan ante el 50º aniversario de la muerte de Bertolt Brecht, un nombre cumbre de las letras germanas, al que la mitad de los alemanes admite no conocer. Desde hace semanas, diarios y semanarios dedican grandes espacios a la recuperación de la obra y la figura del poeta y dramaturgo al que el nazismo empujó al exilio, primero, y el Comité de Actividades Antiestadounidenses de McCarthy ahuyentó de EEUU, después.
Los medios han dado asimismo gran repercusión al estreno, el pasado sábado, de una versión de su Opera de los tres peniques -o centavos, según las traducciones- con Klaus Maria Brandauer en la dirección y el cantante Campino, un ídolo del punk alemán, como Mackie Navajas.
A poca distancia de la Berliner Ensemble, el teatro fundado por el dramaturgo y su esposa, Helene Weigel, el Admiralspalast supo colocar su estreno oportunamente a tres días del aniversario de la muerte -el 14 de agosto de 1956-, y se aseguró con ello los flashes. El lugar elegido para la producción de Brandauer es un viejo teatro que abrió sus puertas como balneario en 1873, en la céntrica Friedrichstrasse, se convirtió luego en teatro visitado por Hitler y en music-hall de la Alemania comunista. Por ahí pasaron desde estrellas de la opereta a miembros de la clase política y ahí se consumó la fusión forzosa del Partido Socialdemócrata y el Comunista, en 1946.
Tras múltiples intentos de relanzamiento, el local fue adquirido por un empresario privado, Falk Walter, que ha invertido unos 14,5 millones de euros en su puesta al día. Brandauer y Campino ensayaron, con el teatro convertido en un andamio, y una semana antes del estreno se invitó a una singular conferencia de prensa, mientras los operarios seguían tendiendo cables y colocando ventanales.
Los medios acudieron en tropel, divididos entre los que preveían un retraso, los que lo consideraban un episodio más del peculiar sentido del glamour berlinés -todo patas arriba- y los que se preguntaban si era una maniobra para aumentar la expectación. Finalmente hubo estreno el sábado y la dirección de Klaus María Brandauer fue abucheada sin compasión, el ídolo del punk señoreó como Mackie Navajas y la actriz Katrin Sass se llevó la mejor ovación de las 1.700 butacas a rebosar
El estreno puntual no afecta al negocio de los nuevos dueños del Admiralspalast, que tienen en candelero, para después de la Opera, un variopinto repertorio de piezas de cabaré, supuestamente para el gran público.
El homenaje real a Brecht se lo rendirá su Berliner Ensemble, cuyo festival cuenta con producciones internacionales, como la Santa Joana dels Escorxadors del Teatre Lliure de Barcelona. Los honores se extenderán a su Augsburgo natal y ocuparán también monográficos televisivos.
La incertidumbre sobre el Admiralspalast no es la única sombra que planea sobre el aniversario: casi la mitad de los alemanes, el 42%, admite no haber leído ni un libro del autor de Madre coraje, según una encuesta de la revista Bücher (Libros).
Un 55% afirma que su único contacto con el dramaturgo se remonta a la edad escolar y sólo un dos por ciento dice haber leído algo de él entre este año y el pasado. No se trata tampoco de que no se le lea, pero que su obra llene los escenarios: entre las 20 piezas más representadas entre Alemania, Suiza y Austria, según la estadística de la Asociación del Teatro, no hay ni una de Brecht.
Mientras el Fausto de Goethe tiene en su haber 437 producciones, de la Madre Coraje constan 187 y de la Opera 142.
La estadística contrasta con la dimensión dada por los medios al 50º aniversario y el estreno del Admiralspalast. En el aire queda la pregunta de si se trata sólo de
recordar a un autor por oportunidad de calendario o de un auténtico interés por recuperar la figura de un escritor incómodo -tanto al nazismo, como al mccarthismo-, que en la guerra fría fue celebrado como dramaturgo nacional en el Berlín Este y en Moscú.
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