18 d'agost de 2006
J. SORIANO/MÉRIDA
La reciente polémica sobre la reforma del cine-teatro María Luisa ha vuelto a mostrar la importancia que para la ciudad tiene un edificio que no destaca ni por su capacidad ni por su especial singularidad, pese a tratarse de una de las escasas muestras de arquitectura modernista en Mérida.Sólo la historia del María Luisa permite comprender por qué los emeritenses se sienten tan vinculados a este espacio.Como recoge José Caballero Rodríguez en su obra 'Historia gráfica del cine en Mérida', el cierre del cine-teatro Ponce de León en el año 1929 llevó a los cronistas de la ciudad a reclamar la implicación de un mecenas emeritense que costease la construcción de un gran coliseo en la localidad.Luisa Paula Gragera y de la Vera, descendiente de los insignes duques de la Roca, recogió el guante y asumió la construcción de un teatro en la nueva avenida de Alfonso XIII, junto a la confluencia con la calle Pérez Hernández (hoy Camilo José Cela y Cervantes, respectivamente).José Caballero recoge que a principios de abril de 1930 comenzó la construcción del que sería teatro María Luisa, en honor de la infanta, que no de la benefactora de la obra, «como por error creía la parte mayor de los emeritenses».El autor de 'Historia gráfica del cine en Mérida' recoge que se esperaba celebrar la inauguración en septiembre de 1930, pero la desaparición de las fuentes documentales no permiten establecer la fecha exacta.Auge y declivePese a que la guerra civil no obligó a suspender su actividad, sí se produjo un gran parón en el cine hasta que en el año 1941 la empresa Navia se hizo cargo de su gestión.El declive del cine en la ciudad a principios de los 70 hizo que el teatro pasase a la propiedad de la empresa Navia. Tras explotarlo como cine, en 1987 comenzaron los conflictos laborales previos a su cierre. Finalmente, la Junta de Extremadura se quedó con su propiedad y lo cedió al Ayuntamiento por 99 años.
La reciente polémica sobre la reforma del cine-teatro María Luisa ha vuelto a mostrar la importancia que para la ciudad tiene un edificio que no destaca ni por su capacidad ni por su especial singularidad, pese a tratarse de una de las escasas muestras de arquitectura modernista en Mérida.Sólo la historia del María Luisa permite comprender por qué los emeritenses se sienten tan vinculados a este espacio.Como recoge José Caballero Rodríguez en su obra 'Historia gráfica del cine en Mérida', el cierre del cine-teatro Ponce de León en el año 1929 llevó a los cronistas de la ciudad a reclamar la implicación de un mecenas emeritense que costease la construcción de un gran coliseo en la localidad.Luisa Paula Gragera y de la Vera, descendiente de los insignes duques de la Roca, recogió el guante y asumió la construcción de un teatro en la nueva avenida de Alfonso XIII, junto a la confluencia con la calle Pérez Hernández (hoy Camilo José Cela y Cervantes, respectivamente).José Caballero recoge que a principios de abril de 1930 comenzó la construcción del que sería teatro María Luisa, en honor de la infanta, que no de la benefactora de la obra, «como por error creía la parte mayor de los emeritenses».El autor de 'Historia gráfica del cine en Mérida' recoge que se esperaba celebrar la inauguración en septiembre de 1930, pero la desaparición de las fuentes documentales no permiten establecer la fecha exacta.Auge y declivePese a que la guerra civil no obligó a suspender su actividad, sí se produjo un gran parón en el cine hasta que en el año 1941 la empresa Navia se hizo cargo de su gestión.El declive del cine en la ciudad a principios de los 70 hizo que el teatro pasase a la propiedad de la empresa Navia. Tras explotarlo como cine, en 1987 comenzaron los conflictos laborales previos a su cierre. Finalmente, la Junta de Extremadura se quedó con su propiedad y lo cedió al Ayuntamiento por 99 años.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada