08 de desembre 2006

El ‘rey león’ vuelve a rugir


22 de novembre de 2006

El ‘rey león’ vuelve a rugirLa gira de ‘The Lion King’ mantiene las excelencias del musical original

Josep Parera


Existe un término en inglés, crowd pleaser, que se utiliza para describir a aquellas películas, obras o eventos diseñados especialmente para causar una profunda sensación de satisfacción en el público.
The Lion King es un crowd pleaser por antonomasia.
Echando una mirada al público que asistió al estreno el sábado de la reposición del musical de Disney en el monumental e histórico Teatro Pantages de Hollywood, no importaba la edad, ni el sexo, ni la procedencia social de la audiencia: todo el mundo parecía estar disfrutando con el impresionante despliegue de imaginación y música de este ya clásico de la escena.
Basado en el filme del mismo título estrenado en 1994, el musical The Lion King se estrenó en Minneapolis tres años más tarde, para pocos meses después debutar en Broadway donde se ha mantenido en cartel desde entonces, con récords de asistencia y galardones (ganó seis premios Tony).
The Lion King llegó al citado Pantages en 2000 y ahora regresa al mismo lugar en una producción adaptada para la gira nacional que no pierde ni un ápice su dinamismo, emotividad y espectacularidad.
Cuando los dirigentes de los estudios Disney se plantearon adaptar la película al teatro no tomaron el camino más fácil, como habían hecho con anterioridad con Beauty and the Beast, que mantuvo el mismo tono convencional del título original, aunque el musical resultante también fue espléndido.
En su lugar, la elegida para dirigir The Lion King fue Juliet Taymor, realizadora de cine (Frida), diseñadora, coreógrafa y aclamada directora escénica (Titus Andronicus, The Tempest); una apuesta arriesgada, original y desafiante que dio como resultado un musical que mantiene las mínimas conexiones necesarias con la fuente original —el magistral largometraje antes citado, su música y canciones—, pero que al mismo tiempo va mucho más allá en su apuesta por crear un mundo visual nunca visto, poblado de máscaras, muñecos, marionetas y decorados con cierto toque surrealista, todo ello bañado por uno de los repartos multiétnicos más excelsos en la historia del género musical norteamericano.
La historia de The Lion King presenta al rey Mufasa, un león, dando a conocer su hijo Simba a todas las especies animales de una pradera en África, algo que hace secundado por su esposa Sarabi y Rafiki, un mono sabio. Simba es el elegido para heredar el reino, algo que no satisface demasiado al villano de la función, Scar, el hermano de Mufasa —que fue doblado en la película por un excelente Jeremy Irons—, quien secundado por un puñado de hienas planea el asesinato del monarca —y del que Simba será injustamente culpado— con el fin de usurpar su trono (si alguien ve trazos de Hamlet, de William Shakespeare, no está soñando).
La gira que llega ahora a Los Ángeles mantiene el mismo nivel de calidad y efectividad que la versión precedente, aunque en la representación del sábado los actores tardaron unos minutos en sentirse cómodos en sus personajes y, algunos de ellos, como Geno Segers, Jr. en el papel del rey Mufasa y Wallace Smith en el del príncipe Simba, exhibieron una excesiva teatralidad durante los diálogos de la obra: afortunadamente sus voces resultaron las más adecuadas para entonar las melodías compuestas por Elton John, Tim Rice, Lebo M y una retahíla de compositores más, entre los que destaca Hans Zimmer (The Da Vinci Code), que ganó el Oscar por la partitura cinematográfica, base del musical.
La entrada inicial al ritmo de Circle of Life, con un desfile de rinocerontes, jirafas, elefantes, leones y demás especies animales —que cobran vida gracias a un impecable diseño artístico y de vestuario—, abre el musical que, poco a poco, va ganando fuerza con la entrada de personajes secundarios algo más interesantes que el de Simba cuando niño (interpretado en la obra por un memorable Cameron Ball).
Los temas The Morning Report —canción original que no formó parte del largometraje— y I Just Can’t Wait To Be King fueron aprovechados por Timothy McGeever para deleitar a la audiencia con el personaje del pájaro Zazu; Chow Down —otro de los temas originales de la obra— y Be Prepared —probablemente el mejor número de la obra, en el que Scar ordena desfilar a sus cohortes en clara referencia visual a los desfiles militares nazis previos a la Segunda Guerra Mundial— introducen a las hienas Shenzi, Banzai y Ed; y al cierre del primer acto, la antológica Hakuna Matata da a conocer a los mejores personajes de la función, Timon y Pumba, interpretados con energía por Damian Baldet y Phil Fiorini, respectivamente.
De esta primera parte, destacar el dramatismo de la muerte de Mufasa —con una impresionante estampida— y el tema que éste interpreta minutos antes, The Live in You, original de un CD recopilatorio del filme, aunque no incluído en éste.
El segundo acto, mucho más ágil que el primero, brilla por la rápida sucesión de acontecimientos —que culminan con el enfrentamiento entre Simba y Scar— y por la canción Can You Feel the Love Tonight —ganadora del Oscar—, que roza la cursilería sin en ningún momento caer en el ridículo (como casi sucedía en el filme).
The Lion King es la clase de musical que, por su popularidad —algunos dirán populismo—, nunca estará en la lista de las obras más aclamadas por la crítica. Pero lo cierto es que para el público resulta una de las experiencias más extraordinarias jamás vividas en un teatro. Una oda al poder de la imaginación.