03 d’abril 2007

La vida es un musical


25 de març de 2007

¿A alguien le fastidian los musicales? –

No es que sean favorito, pero no puedo dejar de disfrutar una buena obra de teatro musical. Y es que el teatro es, por sobre todas las cosas: Imaginación. Si bien nos puede llevar a mundos muy crudos, también nos puede transportar a mundos fantásticos, irreales, o surreales, y tanto el espectador como el actor tienen que entrar en ése juego de “creérsela” – El actor crea ése mundo fantástico, y el espectador se lo cree. El musical es la realización plena de estos mundos fantásticos que logra crear el teatro, pues las obras musicales son la conjunción de una serie de artes interpretativas que incluyen la actuación, la música, el canto, y la danza. Todo amalgamado y metido en este realismo que debe ser representado sí con la naturalidad de la actuación, pero también con la fuerza que exigen las demás disciplinas que la conforman. Hay genios del musical, como lo son la amalgama Andrew Lloyd Webber/Tim Rice, quienes han logrado crear obras de éste estilo de temas variados, que exigen calidad histriónica, y con piezas armónicas muy fuertes, como lo es el caso de la ya conocida “Jesucristo Superestrella”, su versión de “El Fantasma de la Ópera”, la biográfica y duramente crítica “Evita”, y la subestimada “Sunset Boulevard” – Si bien en algunos círculos el musical es considerado una “Trivialidad” dentro del mundo del teatro (Porque como en todo, de los hay, los hay), también es verdad que obras como las aquí mencionadas (Y otras muchísimas también) merecen ser analizadas con la misma seriedad con que se analizaría un texto de Shaw, o de Tennessee Williams. El mismo Método Stanislavsky podría aplicarse para la representación de una de éstas puestas en escena y el resultado sería igualmente impactante que en cualquier obra teatral representada. Decía que éstas obras son el ejemplo exacto de un mundo fantástico creado por el teatro: Obviamente, nadie de nosotros prorrumpirá en un canto cuando nuestro mejor amigo acaba de morir, ni los vagos y los viciosos se unen a los vecinos de un barrio bajo para cantar y bailar de manera espontánea y perfectamente coordinada una canción que hable de lo miserable que es su vida en el arrabal, por supuesto que Jesucristo no cantó un heavy metal con tintes operísticos cuando hizo la Oración del Huerto, ni Eva Perón salió al Balcón de la Casa Rosada y cantó “No llores por mí, Argentina” y el pueblo, lejos de extrañarse o de aplaudir su canto, le respondió con una armonía vocal, que acompañaba una orquesta invisible, pero presente en todo lugar y en todo momento. Si bien es cierto que los musicales nos muestran un mundo imposible, es ésa misma condición la que los logra acercar también a la realidad: La música está presente en todo momento de la vida, y parece haber una canción que exprese lo correcto en ocasión y situación que se nos presenta en la vida. Por lo tanto, la vida suele ser un musical de vez en cuando.
Miguel Ángel López