09 de maig 2006

Olivia Molina suda a Tennessee Williams

6 de maig de 2006

Olivia Molina suda a Tennessee WilliamsProtagoniza en la Sala Francisco Nieva del Valle-Inclán «De repente el último verano»En España, donde está ambientada, la censura franquista prohibió este texto, compendio de erotismo y obsesiones, con asesinatos, lobotomías y secretos familiaresM. Ayanz
Hay algo inquietante y macabro en el cartel con el que el Centro Dramático Nacional promociona «De repente, el último verano», la nueva obra que estrena en la sala Francisco Nieva –con capacidad para 130 espectadores– del Teatro Valle-Inclán. El diseño muestra una figura deformada, desollada. Es el cuerpo inerte de Sebastian Venable en la morgue. Le han asesinado en una playa «del sur de España», según el texto de Tennessee Williams (probablemente, pese a la orientación cardinal, en su mente estaba Barcelona), estrenado en 1958. Una playa que lleva su nombre. Sebastián, homosexual, ha sido asesinado. Su prima, Catalina Holly, no quiere o no puede recordar. Su tía, Violeta Venable, hará todo lo posible porque a la perturbada muchacha le sea practicada una lobotomía en un santorio. Por fortuna, en su camino se cruza el heterodoxo e íntegro Doctor Cukrowitz. José carlos Plaza escenifició en el Pequeño Teatro Magallanes esta pieza, que estuvo en la lista negra del franquismo. Ahora, el CDN ha dejado en manos de un viejo conocido de la casa, José Luis Sáiz –fue ayudante de dirección con Lluís Pasqual–, la recuperación de esta obra, una de las más autobiográficas de Williams junto a «El zoo de cristal» (la hermana del dramaturgo fue lobotomazada, algo que él nunca se perdonó, y sus arquetipos femeninos guardan gran parecido con los de aquel). Olivia Molina («El graduado») y Mariano Alameda («El retrato de Dorian Gray») protagonizan esta versión, junto a Susi Sánchez, que da vida a la severa señora Venable, entre otros intérpretes. Cuenta la pequeña de la saga Molina sobre el dilema vital de Sebastian Venable que «lo de tener que ocultar su homosexualidad, hoy en día, por supuesto, ha cambiado muchísimo. Pero aun así, el tema central, el de un hombre que tenía relaciones con niños, sigue estando de actualidad, y es todavía algo tremendo». Pedofilia, un asunto candente hoy y complejo ya entonces. «España estaba, social económicamente, en niveles muy precarios. Supongo que esa era una realidad de la que no se quería oír hablar», cuenta Molina. Pero añade la actriz que hay más temas en este «dramón»: «La incomprensión de las personas, la necesidad de comunicar una verdad, haya que pasar por encima de quien haya que pasar, el tener que sentirte escuchada». su obra más poética Cuenta José Luis Sáiz que esta pieza «supuso un giro en la dramaturgia de Tennessee Williams. Es su obra más poética. Y, como todo poeta, él era muy incorrecto». La pieza refleja «un mundo primitivo, peligroso, salvaje. Williams dijo en sus memorias que transcurría aquí en España. Eso era lo que entonces representábamos nosotros para él: lo imprevisible». Y aclara que, aparte de la versión de José Carlos Plaza, más tardía, «hubo muchos intentos de estrenarla, pero en la época franquista era imposible». La forma de sortear sociedades tan cerradas como la España de los 50, o la americana fue el simbolismo. En ésta obra, un texto sobre verdades y mentiras, sobre ocultar y descubrir, es curioso cómo el dramaturgo fue meridianamente claro, pero a la vez juguetonamente críptico en sus guiños.