la vanguardia
17 de maig de 2006
JOAN-ANTON BENACH
Els viatgers de l´absenta:he aquí el inspirado título que el valenciano Manuel Molins (1946) inventó para hablar de dos poetas cuyas biografías estaban predestinadas a chocar con las convenciones sociales del París refinado de finales del siglo XIX. Paul Verlaine y Arthur Rimbaud son los protagonistas de este drama escrito en 1983, distinguido seis años más tarde con el premio Ciutat de València y, pese a ello, nunca estrenado hasta hoy. Frederic
Roda, el director de Teatre de Ponent (Granollers), integrado en la Coordinadora de Sales Alternatives, lo rescató para hacer de él una de las piezas más congruentes con los objetivos de la llamada Alternativa dels 70.Con este enunciado se ha intentado una primera revisión de un grupo de autores que, 25 o 30 años atrás, representaba el esfuerzo más elocuente de renovación de la escena autóctona desde 1939.
Decir que la obra es un drama biográfico sería una torpe simplificación y traicionaría las ambiciones de Molins al abordar la relación de Verlaine con Rimbaud. Amorosa y tormentosa, la experiencia común que vivieron ambos les llevó a un mejor conocimiento del mundo, a una valoración del tiempo histórico que les tocó vivir y a enfrentarse abierta y honestamente con la función del oficio de poeta. Los disparos de Verlaine (Miquel Gorriz) sobre un provocador Rimbaud (Juan-Fra Aznar) acabaron con aquella relación homosexual y abrieron para los dos malditos una etapa postrera, obligados a admitir las propias contradicciones y destruir las máscaras que podían desfigurar su identidad.
El pasado viernes, Santiago Fondevila informaba de las características de una obra cuya representación íntegra podía durar inicialmente más de tres horas y que autor y director decidieron recortar. En el escenario del Regina, Els viatgers de l´absenta dura hora y media, pero el dato sigue siendo revelador: Manuel Molins se impuso un trabajo de muy largo recorrido porque necesitaba ir mucho más allá de una fabulación histórica, descriptiva, para intentar abrirse a lo que Verlaine podía pensar que estaba ocurriendo, desde el momento en que el joven Rimbaud acudió a su estudio. Es la memoria de lo que se ha pensado lo que llena de forma muy sustancial las intervenciones de los protagonistas y lo que activa la presencia de las figuras femeninas de la historia: la esposa abandonada (Sandra Márquez), la madre de Verlaine (Àngels Aymar), enigmática y condescendiente, la de Rimbaud (Teresa Sirvent), angustiada, y la compañera etíope (Adelina Flaun) del poeta.
Frederic Roda ha dirigido con sensibilidad la complicada pieza de Molins y los resultados más positivos están a la vista: un excelente trabajo de JuanFra Aznar, actor energético, seguro en la palabra y en el gesto, y una actuación muy homogénea de los personajes femeninos. Al director, en cambio, se le resiste un perfil convincente de Verlaine, con un Miquel Gorriz a ratos un punto quejica y a ratos transido de emociones temblorosa. La presencia de la Cantant bufa.desconcertante. Residuo, tal vez, de una metáfora circense que propone el autor, constituye un elemento superfluo.
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