19 de maig 2006

AÚN EL «MÉTODO GRÖNHOLM», AÚN


abc.es
15 de maig de 2006
La obra de Jordi Galcerán, por segunda larga temporada se encuentra en escena barcelonesa. La del «Poliorama». Me costó semanas llegar a tener una butaca óptima. Finalmente y por fin. El programa de mayo anuncia, entre otras cosas, que la pieza -digo: «la función», como ahora les gusta repetir a las gentes de teatro cometiendo una obvia inexactitud-, la pieza, pues, bien merece el éxito obtenido no sólo en su catalán original, sino en las versiones castellanas para el resto de España que no es Cataluña: Argentina, Venezuela, México, Chile, Uruguay; también, versiones destinadas a Alemania, Francia, Luxemburgo, Dinamarca, Polonia, Grecia, Portugal. Y se anuncia las dedicadas a Francia, Inglaterra. ¡No está mal! !Y la obra se lo merece! ¡Por fin un buen teatro español en lengua catalana y que merece los honores de una casi globalización!Obra tan bien escrita como sutil. Tramada y realizada como un ingenioso cuento entre psicológico y policíaco, con sorpresa final nada gratuita, y si muy congruente y satisfactoria. Como en todo buen cuento. Ese gran autor en tal género que era, que es, Esteban Padrós de Palacios y yo definimos así el cuento: «Narración, breve de contenido, expectante que se intensifica y aclara en su desenlace». Se puede, en esta caso teatral, aceptar mucha más extensión, del mismo modo que hay narraciones que siendo cuento en su estructura, sobrepasan lo de «breve». Por ejemplo, la novela corta que cité recientemente: «El verano del inglés», de Carme Riera.Bien armada, pues, la estructura de «El Método Grönholm». Ni por un momento decae la atención. El público la seguía casi sin un carraspeo, sin toses impacientes, atentísimo. Por supuesto que todos nos preguntaríamos que «a ver como acaba esto». Irreprochablemente sorpresa final, nada engañadora. De proponérselo, un espectador imaginativo y sagaz podría, tal vez, acertar el logradísimo final. pero en tal caso no está mal dejarse llevar por el relato, por la representación, e incluso abdicar un poco, o un mucho de nuestra imaginación, de nuestra capacidad deductiva. Y e aquí que la impecable factura de la carpintería teatral nos conduce a dar cuerpo a unas situaciones no meramente ingeniosas. El ingenio de Galcerán está al servicio de lo que con su obra se quiere decir, y que desde luego nos desvelará. Al servicio, esto sí, de una sátira catártica, que pone en tela de juicio los métodos que en tantos lugares del mundo se emplea en la selección de personal. Crítica de tales métodos, y también de la manifestación de no precisamente encomiables aspectos de la humana naturaleza.Obra de texto, en la que se habla mucho, como tiene que ser el verdadero teatro. Sin alardes de escenografía y vestuario. Servida por buenos actores: Roser Batalla, Jordi Boixaderas, Jordi Díaz, Lluís Soler. La dirección prestigiosa de Sergi Belbel. Pero mis palabras no son, ni lo pretenden, una crítica teatral al uso. Es el comentario de quien, habiendo pagado su butaca, se siente en el derecho y en el deber de decir lo que le ha parecido la obra y la función. Y resulta que, para mí, sin más autoridad que la del espectador, a pesar de mis sinceros elogios debe y estoy autorizado a poner «peros». los creo importantes. En primer lugar, y tanto monta..., ¿por qué los actores hablan -Sergi Belbel- tan alto que casi de su voz hacen griterío? Y luego, por lo que atañe a Galcerán, ¿es imprescindible que sus personajes caigan en la vulgaridad de una lengua coloquial en el que no se ahorran expresiones de grueso calibre, irreverentes las unas, escatológicas las otras? Galcerán ha llevado a la escena unas groserías de las que muy bien podía prescindir sin que su logradísima obra perdiera nada en absoluto, dejara de ser menos convincente. ¿Será lo mismo en las traducciones? Espero y deseo que no, aunque me temo... ¿Y que tengo el oído delicado? Por supuesto que sí, pero en modo alguno soy el único.