18 de maig 2006

Oriol Broggi estrena 'Rosencrantz i Guildenstern són morts', de Tom Stoppard

la vanguardia
17 de maig de 2006

El director presenta en la sala Beckett una versión, de Marc Rosich, de esta obra sobre dos personajes secundarios de 'Hamlet'

SANTIAGO FONDEVILA
Aún candente el éxito de Antígona en la Biblioteca de Catalunya, Oriol Broggi estrena de nuevo. Esta vez en la sala Beckett, espacio que ha visto ya varios de sus mejores espectáculos, como El ulls de l´etern germà (2002), Refugi (2003) o La mort d´Ivan Ilitx (2005). Broggi dirige ahora un proyecto auspiciado por el venezolano Rafa Cruz sobre Rosencrantz i Guildenstern són morts, de Tom Stoppard, obra que ha conocido ya una escenificación en castellano, que vimos en el Poliorama, y que fue llevada al cine también. Rosencrantz i Guildenstern son dos personajes secundarios de Hamlet con apenas unos minutos en escena y un destino fatal. Stoppard profundiza en estos dos personajes sin mayor personalidad que haber sido compañeros de infancia del príncipe de Dinamarca y siervos de un rey, Claudio, que los utiliza para intentar librarse de Hamlet. ¿Pero cómo viven Rosencrantz y Guildenstern la tragedia y qué hacen cuando no están en escena? ¿Quiénes son realmente? La versión que ha dirigido Oriol Broggi se hace eco de la motivación de Rafa Cruz: son dos extranjeros en una corte extraña. Como él mismo y, como Babou Cham, natural de Gambia, que les dan vida en este montaje. Con ese transfondo, los espectadores se sitúan entre cajas, entre las bambalinas. A Rosencrantz y Guildenstern les acompañanan dos cómicos, los de Hamlet (Francesa Piñon y Oriol Guinart), y hasta el mismo Hamlet tendrá su entrada. Broggi es un director que abunda en la práctica de que todo cuanto se ve o se oye en el escenario tenga una función dramática. En esta puesta en escena es muy importante la luz y la banda sonora, en la que suenan la voces de Lluís Soler (Claudio), Anna Lizaran (Gerturdis), Sergi Belbel (Horacio), Pau Miró o March Rosich (Polonio), asimismo traductor de la obra. Es una banda sonora, pues, que se completa con otros sonidos y músicas afines a los orígenes de los actores protagonistas (Atahualpa Yupanki, ritmos venezolanos y africanos) y a la que hay que sumar un juego escenográfico simple pero imaginativo para el viaje hacia Inglaterra de los dos protagonistas con la carta de su perdición. La obra de Stoppard juega con el teatro dentro del teatro y es una mirada sobre el oficio, sobre los personajes y sobre los intérprtes. La dramaturgia de Rafa Cruz ha recortado el texto casi una hora en comandita con Broggi, para quien era fundamental lograr un espectáculo entretenido para todos los públicos y no sólo para los especialistas. Sin embargo, este montaje incluye referentes muy locales aunque ampliamente conocidos como Josep Maria Flotats, Ricard Salvat, Enric Majó... y hasta tres frases de una obra de José Sanchis Sinisterra, pues para Broggi en estos dos personajes hay algo de beckettiano. Para sus intérpretes es una forma de explicar su historia, "pero a partir de nosotros mismos, de quienes somos". La obra es una coproducción de La Perla 29 con el Festival Shakespeare de Santa Susanna, donde se estrenó el pasado verano.