20 de maig 2006

Crónicas de un gran festival de teatro en Colombia


lostiempos.com
bolivia
15 de maig de 2006

Los monólogos fueron uno de los platos fuertes en el menú teatral.
Texto Luis Ramiro Beltrán Salmón*
Fotos Archivo
Apuntes de un Espectador Deslumbrado 3.000 artistas de 200 compañías correspondientes a 40 países brindaron 600 funciones de 50 obras a 2,5 millones de personas. Bolivia también participó
“Abril: lluvias mil”, reza un antiguo adagio en Colombia y no es sin razón, puesto que en verdad en dicho mes llueve a cántaros en ese país. Pero hoy también podría decirse en su capital, Bogotá: “Abril: teatros mil” ya que en ese mismo mes ella es colmada de espectáculos escénicos cada dos años desde 1988. En aquel año, Fanny Mikey, una emprendedora actriz argentina enamorada de Colombia al punto de haberse nacionalizado en ella, fundó el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá. Me tocó en suerte haber podido disfrutar siquiera en mínima medida de la décima versión de éste que acaba de realizarse del 31 de marzo al 16 de abril. Logré asistir solamente a una quincena de las presentaciones en efecto sorteando chubascos o aguantando chaparrones para llegar a algunos de los recintos que albergaron el desempeño en las tablas.
Lejos de ser solamente compañías teatrales de Latinoamérica, España y Portugal, ellas provinieron de los cinco continentes, convirtiendo al festival de “iberoamericano” en “mundial”. Estando éste dedicado esta vez principalmente a Rusia, país invitado de honor por ser el generador del teatro universal contemporáneo, llegaron tres compañías del mismo integradas por 140 artistas y técnicos. Y, siendo también invitados especiales los países balcánicos por considerárselos entre los que mayor afinidad muestran con el teatro ruso, estuvieron presentes grupos teatrales de Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Serbia. Además de estar representada por España y Portugal, Europa acudió al encuentro por medio de grupos de Alemania, Austria, Francia, Suiza, Holanda, Italia, Gran Bretaña, Rumania y Hungría. China, Japón, Corea e India figuraron entre los participantes por Asia. Benin y Etiopía lo hicieron por África. Israel también se hizo presente. De Oceanía acudió Australia. Y el concurso americano, en adición al de Colombia —con nada menos que 140 grupos— lo pusieron Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Cuba, Ecuador, Estados Unidos, México, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela.
Llegan los Diablos
La inauguración del festival tuvo lugar en la tarde del sábado 1º de abril mediante un impresionante desfile callejero de largo recorrido entre la Plaza de Toros y la Plaza de Bolívar a cargo de 30 comparsas y bandas colombianas y por ocho llegadas del exterior. Me alegró que entre estas últimas estuviera la Diablada Ferroviaria de Oruro, mi tierra natal. Hubo también payasos, magos, saltimbanquis, tragafuegos, brujas, titiriteros y otros que caminaban en zancos.
La bullanguera parada culminó en un concierto al aire libre. Y en los días posteriores los grupos que habían desfilado harían numerosas presentaciones en calles y parques, incluyendo a nuestra diablada que se lució en dos de éstos.
Otros grupos de teatro callejero que se destacaron fueron el chileno Gran Reyneta, el brasileño Kabana y los colombianos En la Diestra de Dios Padre, un carnaval costumbrista a cargo de La Loca Compañía y Domitilo, Rey de la Rumba, una historia tradicional de la costa del Pacífico, desplegada al son de música caribe, por cuenta del Teatro Tecal.
A cuál mejor
Veinticinco salas regulares de espectáculo teatral constituyeron los recintos básicos del festival. Pero cuando menos otros cinco espacios públicos como coliseos cerrados, estadios y la plaza de toros albergaron en cada función a millares de espectadores. Y además el festival contó con las enormes instalaciones del Coliseo de Ferias que, dedicadas principalmente a obras para niños y jóvenes, recibieron a lo largo de la quincena a unos 200 mil espectadores.
El programa de puestas en escena fue tan vasto que no puedo hacer aquí una razonable síntesis descriptiva de él. Y tuvo tal diversidad que, a pesar de que lo siguió atentamente, la prensa no dijo a cuáles obras podían considerarse “las mejores”. Pero dejó entender que, en general, las presentaciones fueron de alta calidad, cada una dentro de cierto tipo de teatro y en función de determinados géneros y formatos del mismo. Por ejemplo, en cuanto a lo primero, “teatro clásico”, “teatro contemporáneo”, la combinación de ambos, “teatro experimental”, “teatro de vanguardia”, “teatro danza” y hasta “ópera bufa” y “teatro infantil”. Y, respecto de lo segundo, por ejemplo, los géneros “drama” y “comedia” y los formatos “monólogos” y “multimedia” y “gestual”. Por otra parte, sin predominar – pero destacándose por su originalidad – hubo pocas, pero salientes instancias de “teatro circense”.
Mostrando la universalidad del arte teatral, hubo varios casos de obras escritas por autores de unos países montadas por conjuntos de otros países muy distintos de aquellos. Uno tal vez no infrecuente fue, por ejemplo, el de la puesta en escena del Hamlet de Shakespeare por una compañía española; otro, el de La Reina Margot de Dumas presentado por una compañía eslovaca. Más desusado fue el caso de la griega Antígona expresada en La Ciudad de Tebas por una compañía de ópera china. Y, aún más inusual, La Cándida Eréndira y su Abuela Desalmada de García Márquez escenificada por un grupo de la India.
Algunas obras fueron anunciadas y reseñadas por los principales diarios bogotanos con frecuencia un poco mayor que otras. Entre las convencionales estuvieron éstas: Ivanov, la tragicomedia de Chejov, con 21 protagonistas, en una adaptación por una compañía de Hungría; Hamlet y La Tempestad, ambas de Shakespeare, por una compañía española. ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, adaptación del original de esta dramática historia con toque de humor negro por una compañía alemana; El Vals de los Perros, obra de Andreiv, otro drama poético a cargo de un grupo yugoslavo; La Guerra y La Paz, adaptación del primer tomo de la obra de Tolstoi ofrecida por un grupo ruso, y Sobre el Amor y Otros Cuentos, monólogo en que la actriz argentina Norma Leandro abordó versátilmente varios temas, apelando a veces a la declamación y al canto.
Entre las obras no convencionales sobresalieron algunas como una asombrosa combinación de teatro con cine por Lanterna Mágica. O la austríaca Babel de la compañía Burgtheater, montaje vanguardista que conjugó actores con títeres y se valió de apoyo audiovisual y musical; está basada en un libro sobre la guerra de Irak y sus consecuencias, cuya autora ganó el Premio Nobel. La japonesa Hibiki, simple pero dramática por ser una metáfora de nacimiento y muerte, relacionada con la bomba de Hiroshima. La coreana Mu-Mu que conjugó rituales, baile y artes marciales en torno a los opuestos “ying” y “yang”, característicos de la filosofía oriental. Y la rusa La Avenida Nevsky, teatro de marionetas para adultos. Pero hubo otras dos que fueron mucho más allá en cuanto a audacia innovativa. La principal fue la espectacular argentina Villa Villa montada, al modo circense, en un gran coliseo cerrado con auxilio de tecnologías electrónicas y audiovisuales. No tiene argumento y su media docena de actores nunca pisaron el suelo pues cumplieron sus papeles a gran altura colgados de arneses y enganchados en cables y haciendo, rítmicamente y sin hablar, acrobacias al compás de música estentórea; dejaron caer a veces sobre el muy numeroso público –que estuvo siempre de pie y en la penumbra contemplando un cieloraso y un telón de cambiantes formas y colores– papel picado, humareda y chorros de agua. Semejante pero menos enigmático y más divertido fue el montaje canadiense de Las Siete Manos, obra en que tres actores y un “disk jockey” hicieron impresionantes acrobacias, contorsiones y equilibrismo en un ambiente de vivienda utilizando la bañera, la nevera, una mesa y el sofá.
Completaron el cuadro de ofertas del gran festival un grupo de baile flamenco, una cantante española que combina las coplas con el jazz y con el bolero, una cantante cubana de ritmos caribes y una cantante argentina de tangos considerada renovadora del género.
Y para quienes se interesaron en acercarse al quehacer del teatro, y si acaso llegar a estudiarlo o practicarlo, hubo conferencias por famosos directores y talleres técnicos.
¿Se podría haber pedido más?
* Es periodista y dramaturgo ganador del Premio Único de Teatro de Ecuador en 1987 con su obra El Cofre de Selenio, una poética condenación de la guerra y de la deshumanización materialista.