
levante - el mercantil valenciano
8 de març de 2006
FERRAN BELDA
Aun año vista del tercer centenario de la batalla de Almansa dudo mucho que la Generalidad rememore como debiera lo que supuso la abolición de los fueros del Reino de Valencia salvo la exposición prevista. Pero es que aún dudo más que abordemos con la amplitud y el rigor que merece la efeméride que viene a continuación, el cuarto centenario de la expulsión de los moriscos en otoño de 1609. Algo que han venido a recordarnos los componentes de la compañía Dagoll Dagom con la oportuna -o inoportuna, según se mire- reposición de Mar i cel, el primer gran éxito de Ángel Guimerà como dramaturgo. En ambos casos, porque no está el horno para bollos. Por un lado, el PP no está para que Francisco Camps se las dé de maulet y recupere el hilo valencianista donde se lo dejó tirado el día en que le conminaron a tragarse a palo seco la declaración (nacionalista) de Ares del Maestre.
El papel que le reservaron en la convención del partido como ponente del español en el mundo tampoco es casual. Es más, yo creo que se podría dar por muy satisfecho si no le obligan, ¡a él, que es del APA de un colegio en inglés!, a purgar sus pecados de juventud yendo a cantar las alabanzas del castellano a Cataluña. Y, por otro, porque no está el patio como para que nos pongamos de actualidad un decreto, el de la expulsión de 200.000 valencianos de origen morisco, que se presta a toda suerte de interpretaciones, a cuál de ellas más inoportuna y contraria a nuestros actuales (y egoístas) intereses, en tanto que (llamémosle) herederos de semejante atrocidad. Aunque no lo seamos en modo alguno, como señala Guimerà en su obra, en un gesto muy de agradecer dadas las explosivas circunstancias.
Mejor no meneallo. Así que o mucho me equivoco o durante el próximo cuatrienio vamos a pasar de puntillas, si no es olímpicamente, de la historia. Idea que, ahora que lo pienso, no me desagrada del todo. Porque llevamos una larga temporada que cuando no estamos celebrando una cosa estamos celebrando otra peor. Y eso no debe ser bueno, cardiosaludable y demás.
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