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26 de juliol de 2006
Dairo Piñeres apuesta por el talento actoral que recién egresa de las instituciones de enseñanza teatral(Foto Oswer Díaz Mireles)
Montaje de Séptimo Piso bajo la dirección de Dairo Piñeres
ANA MARIA HERNANDEZ G.
EL UNIVERSAL
El jueves pasado estrenó la obra Caricias, de Sergi Belbel, en montaje de Séptimo Piso, bajo la dirección de Dairo Piñeres.
"Esta obra es muy famosa, Belbel es un autor muy conocido, no sólo en España sino a escala mundial. Caricias se estrenó con un éxito tremendo, y después Ventura Pons la llevó a película, en catalán. Aunque es el mismo texto, aquí le damos una cosa distinta, porque en el teatro uno puede jugar mucho más con el espacio. En el cine uno tiene que ser más natural, sin embargo, la película es superimpresionante".
_¿Hay elementos del film que usted haya tomado?
_No, yo les dije a los actores que no vieran la película, ellos tenían que hacer una interpretación. Yo la vi, y traté de no alienarme de la película para tener un trabajo más fresco.
_¿Le ha ocurrido esa situación con anterioridad?
_Tengo de amigo al cine, hay muchas imágenes que a mí me vienen de lo que uno ve. Pienso que uno no crea nada, que las cosas están creadas, pero tenemos un banco de imágenes que uno va formando con la educación.
_¿Qué particularidades tiene su versión de este montaje?
_La obra trata sobre la incomunicación humana, la manera de relacionarse, cómo en muchos aspectos de la vida no tenemos comunicación con los demás. Esta hecha a partir de la contemporaneidad, con imágenes muy contemporáneas, con un ritmo muy contemporáneo. Belbel propone una nueva estructura de la pieza teatral: participan once actores y cada actor tiene dos escenas, una se comunica con la otra: yo hago una escena con alguien, ese alguien lo hace con otra, esa otra persona con otro actor, y así van pasando las once escenas y ves cómo la historia se va relacionando poco a poco hasta que cierra cíclicamente. Nosotros abordamos el montaje y la dirección en un espacio onírico donde todo es blanco, y la única impureza es la presencia humana, todo es blanco, los elementos, las sillas, las mesas; cae nieve en algún momento, una bañera, la cámara blanca, el piso donde sólo se notan los cuerpos humanos. Ellos están en ropa interior blanca también, solo se nota la piel. Entonces el ser humano está en primer plano y la representación de la impureza en el humano en cuanto a la comunicación.
_¿Qué diferencia tiene este montaje en el Ateneo con el presentado en el Celarg?
_Estuvimos en el Celarg en enero, en la primera temporada, seis semanas, full todos los días. La diferencia es que hubo un cambio en el elenco, una muchacha que se tuvo que ir, que es una de mis actrices principales, Sheila Monterola, la llamó Tania Sarabia. Ella sigue siendo actriz de nosotros, y le dije, claro, tienes que ir.
_¿En cuanto a actuaciones?
_Los muchachos han tenido un avance maduro en estos seis meses en que la dejamos tranquila; noté que había una madurez en cuanto al enfrentamiento con el texto. Por lo general es muy difícil. Nosotros llegamos a un estreno corriendo, con todo en contra, se hace y uno va mejorando con las funciones. Pero ahora que reposo la obra, que nunca me había pasado, y se vuelve a hacer una temporada, hay como mucha mayor madurez interpretativa en mis muchachos y una madurez de entendimiento de lo que queremos decir al espectador. Eso quiere decir que el trabajo actoral, mientras más tiempo pasa en la reflexión, es mucho más directo, mucho más especial para el público que lo ve y para los actores que lo entienden de esa manera. Es un grupo que trabaja mucho y se nota que van hacia la madurez teatral.
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