dilluns, 21 de novembre de 2016

El arte de desnudarnos ante desconocidos



La obra primeriza del argentino Matías del Federico, ‘Sota teràpia’, triunfa en el Borràs con una novedosa mirada sobre las relaciones de pareja que están en crisis

Si el diván de una consulta terapéutica ya es un lugar extremadamente incómodo para alguien que tiene que desnudarse emocionalmente ante un profesional, el reto adquiere aires de grandeza cuando ese gesto debe ser compartido con otras personas a las que no conoce de nada. Y si estamos hablando de una terapia de pareja, el envite ya podría calificarse de heroico. Y es que explicar nuestras debilidades, miserias, sueños o frustraciones no suele casar bien con el ADN de un ser humano que está acostumbrado a esconder sus vergüenzas. Hasta el punto de que más de uno termina por inventar un personaje que, en el peor de los casos, acaba pisoteando a la persona real. Sota teràpia es un cóctel con todo esos ingredientes, pero con una vuelta más para hacer su puesta en escena más atractiva: la sesión no está dirigida por ningún profesional y son las tres parejas que deambulan por el tablero de juego las que deben resolver unidas sus propios conflictos. Unos pacientes con defectos apenas perceptibles a los ojos de la cotidianidad, pero con cicatrices profundas que no podrán ocultar por mucho tiempo. Empieza la sesión. Un viernes por la tarde. Poco menos de dos horas. Seis participantes. Por delante, una terapia innovadora con evidentes guiños al Método Gronhölm, y que podríamos definir con una triple ‘I’.

Si el espectador tiene alguna intención de relajarse en su butaca deberá escoger otra opción porque la obra primeriza del argentino Matías de Federico es una montaña rusa de emociones sin ninguna tregua. Los seis actores defienden sus roles sobre el escenario durante toda la función, sin escapismos ni apenas desapariciones. El universo de la pareja retratado de principio a fin, con tres relaciones a priori muy distintas pero con un denominador común: la dificultad para encarrilar su convivencia. La relación entre ellos, sin la citada figura del profesional, marcará minuto a minuto el tempo de una obra que no va de menos a más, sino que se mantiene en ese “más” desde el mismo instante en el que los protagonistas aparecen por la puerta de la figurada consulta. Con apenas unas sillas, una mesa, un mueble bar, un sofá y un cuadro de trazos rojos y negros de testimonio, los ‘ratones’ se mueven por su jaula con el objetivo común de poder salir a comerse su queso fuera sin el lastre de sus conflictos. ¿Lo lograrán?

Estamos hablando de seis personalidades muy marcadas, cada una de ellas con rasgos y conductas que nos resultarán familiares. Esteve (Francesc Ferrer) es bromista, desinhibido, gracioso e irreverente, y mantiene una relación desde hace tres años con Carla (Marina Gatell), similar a él, pero más indecisa, sensible y cariñosa. Comparten terapia con Laura (Cristina Plazas), una persona dominante, con carácter, con la razón por bandera y que le gusta dar órdenes a su pareja de toda la vida, Daniel (Miquel Sitjar), un macho gallito, celoso y controlador, al que no le convence el método de la terapia. Su conducta es muy cercana a la de Ferran (Andrés Herrera), un hombre impulsivo, agresivo, posesivo y machista que acude junto a su recién pareja, Marta (Meritxell Huertas), una mujer frágil, sumisa, tímida y depresiva que, como los demás, guarda secretos que poco a poco irán saliendo a la luz. Y es que el público asiste al paranoico ejercicio de ver cómo se airean temas tan serios como la educación de los hijos, el buying, el suicidio, las mentiras, los celos, las prácticas sexuales o las adicciones, edulcorados con el mejor jarabe contra el pesimismo: la sonrisa. Es curioso ver como el espectador coreografía carcajadas tan sentidas a lo largo de la obra, aún siendo conscientes de que muchos de esos dolores de cabeza forman o han formado parte de sus vidas. De nuestras vidas, vaya. ¿Quizás es que esos mismos problemas se desdramatizan mucho más cuando es otro el que los sufre?

Imprevisible

Con la descrita puesta en escena, uno ya puede imaginarse que los vaivenes argumentales son constantes y que la obra dirigida por Daniel Veronese, y que sigue manteniéndose en cartelera en Buenos Aires desde 2015, tiene reservado para los espectadores un final inesperado que, entenderéis, no podemos explicar acudiendo al doble secreto profesional: el de una terapia y el de una crónica periodística. Lo que sí que podemos afirmar con rotundidad es que el elenco de actores elegidos para esta adaptación catalana es inmejorable, un reparto que, sin lugar a duda, está a la altura de la frenética sesión a la que tienen que dar vida. Esta sería ya la cuarta ‘I’, la de una interpretación sobresaliente y equilibrada, sin ningún actor que destaque por encima del resto (algo que suele ser complicado en una comedia), y que hacen creíbles las emociones del ser humano.

Lloros, risas, gritos, desesperaciones, frustraciones, sarcasmos y muchas otras constantes tejidas en un juego oculto que activa una maquinaria de confesiones, reclamos, verdades y mentiras que solo frenarán cuando el espectador abandone la butaca del teatro pensado si lo que acaba de ver es realmente una comedia o un parche simulado de lo que puede ser su vida. Y ahí, en la intimidad del diván de su casa, ya decidirá si prefiere reír o llorar.

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17 de noviembre de 2016
El arte de desnudarnos ante desconocidosUn momento de la obra 'Sota Teràpia' que se está interpretando en el Teatre Borràs de Barcelona (Josep Aznar)

Albert Domènech , Barcelona

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