ABC accede al taller de restauración de este espectáculo
de principios del siglo XX que llevaba cuatro años olvidado en un hangar del
Circo Price
El olor a disolvente, necesario para trabajar con la
pintura al aceite, inunda el hangar del Circo Priceuna calurosa tarde de
agosto. Detrás de las máscaras que usan para protegerse del intenso hedor, se
encuentra el equipo heredero de Gonzalo Cañas, un polifacético artista
conquense que dejó el Teatro de Autómatasen herencia al Ayuntamiento de Madrid
tras su muerte en octubre de 2012. Con el mimo de quien es consciente de que
tiene una joya entre las manos, desde el pasado 1 de junio, los restauradores
bregan ocho horas diarias para recuperar con minuciosidad y pulcritud esta
reliquia del arte popular levantino, que recorrió las ferias de España desde
1920. Se trata del único espectáculo de este tipo que se conserva al completo y
en funcionamiento en todo el planeta. Desde la Navidad de 2014, sus 37
androides no han vuelto a desplegar su magia tallada a mano con la precisión de
los relojes suizos.
La elección del tipo de esmalte de poliuretano con el que
repasan con fervor el cartel de la entrada a la caravana no es casual. Los
restauradores han exprimido las últimas muestras que quedaban en las fábricas
de Zaragoza y Cuenca de la marca y el color específico con el que se pintó la
última vez, en 2001, para que la recuperación sea lo más fiel posible.
Un hándicap similar se han encontrado a la hora de
reparar la instalación eléctrica. Las bombillas incandescentes ya apenas se
venden en España, puesto que se han sustituido por las Led. Sin embargo, Juan
Manuel de Pablos, que interviene en el entramado de cables con la soltura y la
meticulosidad de un neurocirujano, lo tiene claro: tienen que ser esas
bombillas. «Una cosa es alumbrar y otra iluminar. Se debe buscar el equilibrio
con la luz, para que el teatro encuentre su encanto visual», explica Pepe Luna,
experto titiritero que se embarcó junto a Cañas en la aventura de transformar
la barraca en el teatro originario de principios del siglo XX. Luna es el único
que todavía se atreve a conducir la furgoneta AVIA 5000 de los años 70 -que
sorprendentemente ha pasado la ITV-, donde se transportaba este «circo
articulado» ambulante.
Montaje costoso
Dos horas de montaje permiten hacer desaparecer la
furgoneta bajo un elegante disfraz de lonas y chapas. Una orquesta de autómatas
caribeños situada en el frontal de la furgoneta da la bienvenida al espectador,
que después se adentrará en un pasadizo mágico que consta de diez dioramas o
cajas de escenarios. Tras el cristal, los autómatas representan escenas
populares y costumbristas con muecas satíricas que recuerdan personajes de las
Fallas valencianas. «Recrean con el humor de la época situaciones habituales,
que ahora serían políticamente incorrectas. Hay una donde las señoras fuman y
charlan en el salón mientras el hombre cocina e intenta calmar los lloros de su
hijo. Eso entonces se entendía como una broma, era impensable», cuenta Luna.
La maquinaria interna de cada androide, que es capaz de
ejecutar hasta 50 movimientos distintos, consiste en un engranaje central del
que parten ramales a todos los demás elementos. «Al principio, se movían sus
articulaciones a mano con el pedaleo de una bicicleta. Luego ya se sustituyó
con un motor eléctrico», relata Luna.
Manos expertas
El Teatro, que acumula 100.000 horas de función a lo
largo de toda su historia, precisa de otras tres horas de revisión y reparación
cada jornada que se pone en marcha. «Es un mecanismo que se desgasta mucho.
Siempre hay que estar cambiando o arreglando alguna pieza», cuenta Paz
González, que trabajó con Cañas y fue la responsable de la programación.
Desde que Cañas restaurara toda la barraca en 1992, sus
personajes han hecho disfrutar a 785.736 espectadores, han recorrido 143
ciudades de España y Europa, y han actuado 1.013 días durante los últimos 16
años en los que estuvo en funcionamiento. Tras varios años en el olvido, el
Ayuntamiento de la capital, por fin, licitó un contrato de reparación y puesta
en funcionamiento que asumió la compañía que fundó Cañas, ya que ellos son los
únicos que conocen el funcionamiento interno de este vetusto teatro.
«Durante la fase previa de análisis, se detectaron todos
los problemas que arrastraba la instalación. Con toda esa información y con el
presupuesto ya detallado -que asciende a 111.590 euros- se redactó el contrato
de rehabilitación, que terminará el 27 de septiembre», explica a ABC la
directora general de Programas y Actividades Culturales del Ayuntamiento,
Getsemaní San Marcos.
El propósito del Consistorio es estrenar el renovado
Teatro de Autómatas esta Navidad. «Lo incluiremos en la programación de las
fiestas. La vocación del Ayuntamiento es que esté presente en los eventos más
importantes de la capital como San Isidro, por ejemplo», indica la responsable
municipal, que no descarta, más adelante, proponer su cesión temporal a otros
museos del títere que existen por España.
La decena de manos expertas que estos días se sumerge en
el mecanismo interno de estos personajes articulados legará su conocimiento a
los técnicos municipales, con el fin de que perdure en el tiempo el Teatro de
Autómatas y, con él, siga vivo el sueño de Gonzalo Cañas.
Publicat per
@MartaRDomingo
Foto : José Ramón Ladra
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