La gran ventaja de los espacios escénicos abiertos, es decir aquellos a cuatro bandas que eluden el encorsetamiento que impone el teatro “a la italiana”, es la versatilidad que ofrecen para el acogimiento de cualquier tipo de montajes. Posiblemente la función que con el título de “Amors” llega ahora el Gaudí no hubiera sido posible en otros teatros porque su autor y director Pere Anglas la concibió como si fuera un encuentro festivo al aire libre entre un grupo de amigos dispuestos celebrar la despedida de uno de ellos antes de marchar a un largo viaje. En realidad, se trata de un texto surgido en el Aula de Teatro de la Dirección de Cultura del Ayuntamiento de Mataró que se desarrolló bajo los auspicios de la concejalía de Igualdad, Feminismo y LGTBI, lo que quiere decir que, más allá del tono festivo del espectáculo, late un mensaje nada subliminal que trata defender el derecho a la diversidad sexual.
La cuadrícula del Gaudí se transformó en esta ocasión la campa aledaña a una casa rural, en la que cinco amigos celebran una fiesta hecha de charletas, bromas, enredos, juegos y algunas canciones, todo ello mientras comen y beben sin parar botellas ¿de cerveza? que van extrayendo de un cubo donde se supone que se conservan frescas. Las conversaciones son las propias de una situación real de este tipo, con abundancia de tópicos, procacidades y, a medida que avanza la función y se supone el tono etílico de los participantes invita a ello, confidencias y revelaciones, las más referidas a su actividad sentimental y sexual puesto que se trata de supuestos representantes de una generación desinhibida en la que el sexo se asume con naturalidad y tiene pocos, o acaso ningún secreto. Como dice uno de ellos en frase antológica, “yo nací fuera del armario”.
Pol Martínez, Clara Bellavista, David Pruna, Nerea Ferrer y Raquel Ayllón son los intérpretes de “Amors” y ejecutan sus respectivos papeles con absoluta naturalidad, moviéndose con soltura por el espacio escénico y comportándose tal como se supone que habrían de hacer sus homólogos de la misma edad en una situación análoga, lo que incluye la inmersión de uno de ellos, en un momento de supuesto coma etílico, en la cuba de los refrescos.
La función es, visto cuanto se ha explicado, divertida y en buena medida testimonial y cumple con su intención de reivindicar una diversidad sexual que se pretende arraigada entre la gente joven más decidida a desprenderse de cualquier tipo de hipocresía. Una finalidad ciertamente muy deseable, aunque acaso la realidad no sea siempre exactamente así.
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