
12 de setembre del 2007
El actor da vida al rey Arturo en el musical ‘Camelot’, siguiendo la estela de clásicos de la escena Josep Parerajosep.parera@laopinion.com
Richard Burton, Richard Harris, Laurence Harvey, Michael York, Robert Goulet. Estos son algunos de los actores (todos ellos británicos, con la excepción de este último) que han dado vida al rey Arturo en el musical Camelot, compuesto por la legendaria pareja de autores Alan Jay Lerner y Frederick Loewe (My Fair Lady).
Hoy se estrena en Los Ángeles una nueva producción escénica de este clásico inspirado en la novela de T.H. White, The Once and Future King, y que detalla el triángulo amoroso entre Arturo, la reina Ginebra y Sir Lancelot, en tiempos de guerra, traición y venganza.
Y en el papel del monarca que lideró los Caballeros de la Mesa Redonda emerge Lou Diamond Phillips quien, de este modo, regresa a los escenarios en general y al musical en particular tras su exitosa labor en The King and I, en la que siguió los aclamados pasos de Yul Brynner.
Ponerse en la piel de un monarca inglés demuestra, una vez más, la disposición del mundo teatral a romper barreras de raza o color, algo que no resulta tan evidente en el cine o la televisión.
Unos días antes del estreno de la obra, Lou Diamond Phillips se cita con La Opinión casi a las puertas del Royce Hall donde Camelot se representará, y exclama entusiasmado: "mírame: voy a encarnar al rey de Inglaterra", en referencia a esta oportunidad única en su carrera.
"La gente de teatro es mucho más abierta de miras", confirma, en comparación con el cine y la televisión. "Por ejemplo, la carrera de Raúl Juliá fue un ejemplo de variedad. Y fue así porque él era un genio. En teatro, tus dones son lo importante, no tu raza. En cambio, en cine te acostumbran a encasillar dependiendo de qué aspecto tienes".
"Yo he tenido suerte, porque he dado vida a toda clase de personajes, incluso blancos", continúa. "En ocasiones enseño arte dramático, y a los estudiantes que son latinos, afroamericanos o asiáticos les digo que no quieran convertirse en el mejor actor latino, afroamericano o asiático. Les digo: ‘sé el mejor actor. Sin más. Deja que tus habilidades hablen por sí mismas’".
Por lo que respecta a Arturo, apunta que "recientemente la gente ha observado al personaje como alguien mayor, una especie de hombre de estado, un rey. Pero en la obra, acaba de ser nombrado rey, aún no ha formado la Mesa Redonda. Aún es un monarca guerrero, vibrante. Por lo que voy a apartarme algo de ese toque aristocrático, británico [dice con acento inglés], regresando a un Arthur más masculino".
Camelot se estrenó en Broadway en diciembre de 1960 y, desde entonces se ha representado en seis ocasiones, más una versión cinematográfica que en 1967 protagonizaron Richard Harris, Vanessa Redgrave como Ginebra, y Franco Nero como Lancelot.
El "Camelot de Phillips" no ha sido, en palabras del actor, "actualizado. Pero lo interesante de esta versión es que Michael Lerner [hijo de Alan Jay Lerner] ha reescrito ciertas partes, alterando algo algunos diálogos escritos por su padre".
"Una de las críticas del musical original fue que era demasiado largo y algo difícil de seguir", explica. "Michael y el director lo han redefinido un poco, estructurándolo como un flashback. Creo que así la historia es algo más fácil de seguir, más directa y más corta. Es más cercana a una película".
Las comparaciones son siempre odiosas, y más aún cuando se habla de leyendas de la interpretación como Burton o Harris. "Soy tan diferente a ellos, que las comparaciones van a ser difíciles", advierte Phillips. "Seguí los pasos de Yul Brynner en Broadway [en The King and I]. Y eso sí que fue complicado, porque él era esa obra. Nadie más".
"Pero en el caso de Camelot, la han protagonizado Burton, Harris, Goulet... Incluso Spamalot [una reciente versión en clave musical basada en el filme Monty Python and the Holy Grail]. Han sido muchos, por lo que no es que esté a la sombra de un icono. El papel de Arturo es icónico por sí mismo y está abierto a ser interpretado de distinto modo, como Hamlet".
El protagonista de La Bamba continúa destacando que "la diferencia es que no soy inglés, y que Camelot no ha sido llevada al escenario en un tiempo. Hablé con un periodista que vio a Richard Harris en Broadway y me dijo que era evidente que él estaba borracho en escena. Lo que puedo asegurar es que yo no lo estaré", asegura entre risas.
El musical destaca por una partitura extraordinaria; pero también incluye instantes dramáticos de envergadura. Uno de ellos, para Phillips, es "el discurso al final del primer acto. Es maravilloso. La primera vez que lo recité acabé llorando. Arturo, con el corazón roto, está irritado y clama venganza. Y luego se detiene y se pregunta: ‘¿Soy un rey civilizado?’. Se plantea si va a reinar con la cabeza, si va a convertirse en el monarca que siempre ha deseado ser... o si al final acabará siendo como el resto y apostará por la violencia, la venganza, el orgullo".
"El hecho de que se aparta de esto último es precioso. En esa sola escena se muestran las dos caras de Arturo: el hombre que habla con sus huevos y el que razona con su cabeza, su corazón. Es un discurso brillante", y que se enlaza con temas contemporáneos.
"Camelot fue escrito en 1960 y aún mantiene su vigencia, como cuando Arturo se pregunta ‘¿por qué declaramos guerras en las que la gente muere?’", relata el intérprete de Stand and Deliver. "Si una pregunta como ésta no resuena entre el público de hoy, no sé qué es lo que lo va a hacer".
Una de las razones por las que reposiciones como Camelot son necesarias es "porque se tratan de clásicos que aún tienen mucho qué decir", comenta. "Y eso también es debido a que existe un público más cínico que el de los años 50 ó 60. La sociedad ha vivido muchos cambios, pero eso no es obstáculo para apreciar obras como ésta, que en su momento eran lo último en musicales y en análisis social".
Así, según él, "Camelot puede ser leída como un comentario acerca del McCarthismo o la Guerra Fría... No es casualidad que fuera la obra favorita de John F. Kennedy. Cuando uno toma todo esto en consideración, se da cuenta de que Camelot no es sólo un musical. De ahí a que el espectador obtiene mucho más de lo que espera cuando viene a ver la obra".
El reciente triunfo de musicales como Rent o Wicked entre el público adolescente ha abierto las puertas del género a una nueva generación que, no obstante, aún tiene que descubrir clásicos como Camelot.
Phillips asegura que esa audiencia nueva "encontrará en Camelot lo mismo que disfrutó en Wicked. Este no es el Camelot de nuestros abuelos. No hay que repetir lo que ya se ha hecho con anterioridad", advierte.
Tras actuar en varios filmes (Young Guns 1 & 2, Supernova, Hollywood Homicide) y series de televisión (Law & order: SUV, Numb3rs), Phillips parece haber encontrado en el teatro su verdadera pasión.
Para el actor, la diferencia entre ambos medios está clara: "el cine siempre es lo mismo. Y eso es reconfortante. Yo puedo ver It’s a Wonderful Life o The Wizard of Oz en cualquier momento. Hay esa nostalgia que nos lleva a la primera vez que la vimos. Pero el teatro no es sólo distinto cada vez que se estrena una producción: es distinto en cada representación", continúa.
"Es magia. Y yo, como actor, la siento. Y la noto cuando el público la experiencia. Si no lo das todo, el espectador lo nota. En cine, siempre hay opción de editar, añadir música, manipularlo todo. En teatro, las cosas son distintas. Cuando se produce esa conexión, esa magia, es increíble".
Ponerse las vestimentas del rey Arturo, entonar melodías inolvidables y confirmar una versatilidad dramática única es, para Lou Diamond Phillips "un honor más", pero no significa que se sienta en la cumbre de su carrera.
Y para dejarlo claro, recuerda el rodaje de Courage Under Fire. "Estaba rodando una escena con Denzel Washington, quien había ganado un Oscar por Glory, pero aún no por Training Day. Le pregunté cuándo llegó a la cima. Y me respondió: ‘aún no he llegado’. O sea, que sí, estoy aquí, pero eso no significa que esto sea todo".
Lo que sí deja claro es que "la experiencia será increíble: siete meses de gira, mi bebé nacerá pronto [indica apuntando a su esposa embarazada en una mesa cercana] y me lo llevaré a él y a mi mujer por todo el país. Será algo único que nunca olvidaré. Hay cosas que uno hace que no sólo te enriquecen como artista, sino que enriquecen tu vida. Camelot es una de ellas".