El musical de Jaime Azpilicueta, protagonizado por Paloma
San Basilio, se estrena hoy en Tenerife
Esta noche se sube el telón en el Auditorio de Tenerife Adán
Martín para descubrir My fair lady. El público tinerfeño será el primero en
disfrutar con la historia de una florista, a la que da vida Paloma San Basilio,
que acaba convertida en una bella dama tras unas clases de dicción. Esta
historia –basada en la obra Pygmalion de George Bernard Shawe interpretada por
Audrey Hepburn en la versión de cine en 1964– se estrena hoy en la Isla.
Esta gran producción que podrá verse hasta el 8 de julio,
día que comenzará su gira por otros teatros nacionales, se sostiene "en un
gran texto y en una partitura exquisita", según comentó Julia Gómez,
directora general de la productora Stage Entertainment. Este musical se apoya
en una gran producción que logra trasladar al público al Londres de principios
del siglo XX. Y dos de los elementos que más ayudan a este viaje mágico al
pasado y a la historia de Elisa Doolittle son la escenografía y el vestuario.
Elisa Doolittle, una florista malhablada del Covent Garden,
sueña con ser feliz con algo de chocolate para merendar y un gran sillón donde
descansar. Así lo canta Paloma San Basilio con un sombrero de canotier.
Gabriella Salaverri, diseñadora de vestuario, realiza el cambio físico de Elisa
Doolittle en acción, con una transformación de apariencia que la lleva hasta
fiestas aristocráticas y un paseo por Ascot, donde el profesor Higgins la
presenta por primera vez en sociedad y protagoniza su gran metedura de pata,
"disfrazada" de rojo y crudo. Salaverri viste a todos los personajes
del musical, desde las capas más bajas hasta la más altas del Londres
victoriano.
Además de un vasto trabajo de documentación, lo más
complicado ha sido realizar todo el vestuario en solo tres meses, cuenta
Salaverri, quien se ha apoyado en Hugo di Perna para diseñar los más de 130
vestidos que aparecen en escena. No hay en My fair lady ningún traje igual a
otro que se han confeccionado en los mejores talleres de Madrid. "Uno
diseña pero el sello de calidad se lo ponen las manos que lo realizan", afirma
Salaverri.
Las manos de la sastrería Cornejo, Armiche y Javier, Pipa y
Milagros, Ana Lacoma que ha realizado los trajes de San Basilio, participan en
esta producción. Uno de los elementos básicos del vestuario son los sombreros,
ya que en aquellos años las mujeres no podían llevar la cabeza descubierta. Los
sombreros con plumas y los elaborados tocados de la aristocracia chocan con los
sencillos de paja del pueblo.
El tema de los zapatos provoca un estallido de risas, ya que
la diseñadora asegura que tienen las zapaterías de la Isla colapsadas para
acoplar los zapatos a los pies de los artistas, sobre todo para los bailarines.
Los retoques de última hora se hilvanan en el Auditorio donde hay montada una
sastrería con un equipo de 10 personas, cuatro de la compañía. Y gracias a todo
ese trabajo Elisa Doolittle acaba siendo una bella dama pero para poder moverse
por el Londres de 1912 ha necesitado de la ayuda de una escenógrafa como Montse
Amenós que ha trabajado con Joan Rodón.
Hay 10 cambios de escena en el espectáculo que se realizan
aparentemente con sencillez, para ello hay nueve técnicos en escena para mover
la escenografía que incorpora las proyecciones. Dos grandes proyectores –que se
van a usar en los juegos olímpicos de Londres – dentro del escenario proyectan
imagen virtual en distintas posiciones, cuenta Amenós. En diciembre empezaron a
trabajar con maquetas y con un prototipo de escenario. La biblioteca, la
embajada se construyeron en talleres de Madrid, Barcelona y Valencia mientras
que se han montado en Tenerife los elementos para crear el mundo mágico de My
fair lady que se apoya en esta gran producción para llevar al público tinerfeño
durante unas horas al Londres victoriano.
publicat per
Goreti Redondo
29 de juny de 2012
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada