24 de gener 2008

Agoniza el teatro Metro Teusaquillo, otro ícono del cine de barrio en Bogotá



www.eltiempo.com
13 gener 2008

Foto: Felipe Caicedo/ EL TIEMPO
El teatro Teusaquillo está ubicado en la calle 34 No 13-28. Hoy en día es un Cine Club, que presenta cintas de carácter alternativo.

Foto: Felipe Caicedo/ EL TIEMPO
Francisco Lugo lleva 51 años operando proyectores en las salas de cine de Bogotá. Él espera que la gente empiece a valorar más la calidad del cine que se presenta en Teusaquillo para que este teatro siga con vida.La fila para ver 'Casablanca' le daba la vuelta a la manzana. Era 1950 y la Metro Goldwyn Mayer, que distribuía la cinta por el mundo, acababa de abrir el teatro.

Francisco Lugo, un cinéfilo compulsivo de 71 años y que hoy opera la proyectora en el lugar, recuerda que hace medio siglo y hasta mediados de los años 70 -en este teatro, que hoy solo reporta pérdidas- era toda una odisea conseguir una entrada durante las primeras funciones de cualquier película.

Ahora la situación es otra, este cine está a la venta desde el año pasado, cuando el promedio de asistentes bajó a 120 personas por mes, mientras que en sus mejores años, 45 mil espectadores lo visitaban en ese mismo lapso de tiempo.

"No importaba si era un hueso la película, la fila era interminable", recuerda Lugo, quien, en su juventud y por comodidad, prefería esperar tres semanas para ver las películas en vez de hacer las largas filas de los primeros días.

En ese entonces, los empleados debían cumplir dos turnos, eran varios los acomodadores y dos los administradores.

Para la baja asistencia de hoy, hay cuatro empleados que se dividen todo el trabajo en el teatro. Ómar Lara es el dueño del cine y su administrador; María Fernández atiende la dulcería y vigila la puerta; Lugo maneja la proyectora y Armando Cáceres, la taquilla. Hace mucho que los acomodadores sobran, por el poco movimiento.

Sin censura

Ómar cuenta que durante la época dorada del teatro Teusaquillo, en una sala auxiliar dispuesta para 50 personas y que aún se ubica en el tercer piso de la estructura, una logia de importantes personajes del país, compuesta por políticos y artistas, entre otros, se reunía para ver las películas sin censura.

Esta sala auxiliar fue utilizada incluso por el Comité de Clasificación de películas del Ministerio de Comunicaciones durante muchos años, por lo que Catalina Rodríguez, directora de la Cinemateca Distrital, no duda en decir que de morir Teusaquillo desaparecería parte importante de la historia del cine en Colombia.

En este contexto resulta una desgracia, que las intenciones de los más interesados en comprar el teatro sean las de convertirlo en parqueadero o en bodega. Lara pide 900 millones de pesos por la estructura, pero en realidad espera que un inversionista decida asociarse con él para darle una nueva imagen al lugar.

Dura competencia

A finales de los años 80 y comienzos de 90, los teatros de barrio que brillaron por casi un siglo en Bogotá fueron desplazados por los reproductores de video y las salas ubicadas en los centros comerciales, en especial por los múltiplex. "Estos lugares -explicó, Sira Mora, historiadora del cine en Colombia- ofrecieron seguridad y concentraron actividades que terminaron desplazando a otros escenarios".

La familia Lara le compró el teatro en 1996 a una persona que se lo había comprado a la Metro Goldwyn Mayer a mediados de los años 70.

Lo hicieron sin importar el embate de los centros comerciales, ni el sino trágico que había dejado el hecho de que una mujer hubiese sido degollada, una década atrás, en las sillas rojas del teatro.

"Un hombre mató a su mujer mientras miraba una película y el resto de los asistentes solo se enteraron cuando se prendieron las luces del teatro y la vieron ahí degollada", precisa el proyeccionista.

Por la dura competencia muchos cines de barrio como el Coliseo y el Mogador terminaron convertidos en salas porno, pero el Teusaquillo usó otra estrategia: para no perder clientes desde el 99 se convirtió en una de los teatros de cine arte más importantes de la ciudad.

"Volvimos a llenar las sillas del teatro", recuerda Lara, quien sin embargo aclara que la dicha le duró muy poco, ya que los vendedores de películas piratas incluyeron los títulos de arte en sus catálogos. "Antes solo vendían Rambo y ese tipo de películas -comenta-, pero ahora también venden buen cine, para nuestra desgracia".

MAURICIO JARAMILLO Q.
REDACTOR DE EL TIEMPO
mauqui@eltiempo.com.co