Con la llegada de la Navidad hay una tradición que no falla,
las múltiples representaciones por toda Catalunya de una de las obras teatrales
más populares de la imaginería religiosa, Els pastorets, de Josep Maria Folch i
Torres. En el Foment Hortenc llevan ya 40 años representándola y es todo un
clásico de su cartelera que vuelve cada invierno como el turrón.
El texto, en verso en gran parte, repasa más de una docena
de estampas bíblicas tomando como hilo conductor a una pareja de humildes
pastores (Lluquet y Rovelló) que van en busca del niño Jesús debiendo
enfrentarse por el camino a las múltiples trampas que les tienden Satanàs y sus
esbirros. Dura cerca de unas tres horas en las que se incluyen dos entreactos.
Presentación y prólogo
El decorado no parece haber cambiado demasiado en estas
cuatro décadas y, al llegar al teatro, vemos representados unos árboles y
vegetación. En el centro, como si fuera un antiguo cine de barrio, se proyectan
anuncios de las tiendas cercanas sobre una pantalla hasta que dé inicio la
función. Uno de los directores sale a presentar el montaje destacando que ha
sido posible gracias al esfuerzo altruista de 115 personas y lo dedica a sus
predecesores.
En el prólogo se muestra el portal de Belén con sus
personajes principales y unos narradores nos introducen en la historia mientras
suena música navideña. Aquí el bebé no es de plástico, sino uno real que llora
desconsoladamente, algo atribuible a los nervios de un actor debutante.
El malvado Satanàs y el secundario más divertido
Los jóvenes pastores en la masía escuchan con atención las
rondallas que les explica su abuela pero, en esta ocasión, les contará la
historia de Maria y Josep y la maldad de Satanàs. Los chicos se duermen y todo
lo que veremos a continuación forma parte de su sueño. Están en un bosque
tenebroso, que huele a azufre, lo que indica la proximidad del diablo. Ha
descubierto que la profecía va a hacerse realidad y reúne a Llucifer y a sus
furias infernales, que aparecen por la platea preparándose para la gran
batalla. Los siete pecados capitales también están listos para la acción y la
iluminación se vuelve de color rojo.
En la siguiente escena conocen a Jeremies, un hombre tartamudo
que va en busca de su prometida. Su defecto provoca múltiples equívocos y las
situaciones más divertidas. Los pastores, junto a la gente del pueblo, se
dirigen al templo cantando mientras los niños tocan la flauta y el demonio
tropieza con su némesis, Sant Miquel, que le vigila de cerca. Una vez allí, se
celebran los esponsales de María y Josep. Durante la fiesta posterior, Lluquet
se siente atraído por la joven Isabeló y descubre la tragedia de su padre, que
vendió su alma al diablo a cambio de que atrapara al lobo que acababa con su
ganado. El pastor se compromete a ayudarle mientras Satanàs busca desesperada e
infructosamente con su ejército infernal la casa donde se esconde la pareja.
Los pequeños espectadores participan
Tras el primer descanso llegan las tentaciones. El diablo
intenta tentar a los pastorcillos con la ayuda de los pecados capitales. Los
niños del público les advierten repetidamente que se trata de trampas tendidas
por el mal (es el momento de girar la vista para ver cómo se desgañitan
intentando alertarlos). En el bosque, aprenden a bailar una sardana y un grupo
de peques ataviados con la indumentaria tradicional catalana ejecutan una
coreografía que es muy aplaudida por los asistentes. El diablo consigue
victorias parciales, pero nada definitivo.
Otra estampa que no podía faltar es la anunciación de la
buena nueva a Maria por parte del arcángel Gabriel que acaba con la virgen
levitando mágicamente. El demonio consigue su propósito al tentar a los
pastores ahora con dinero. Los peques en las butacas vuelven a gritar ¡Nooooo!,
pero acaban cediendo y van a parar al infierno. Las calderas de Sant Pere
Botero serán su destino, allí las furias (que parecen lucir un vestido repleto
de llamas) hacen un baile, pero la oportuna aparición de Sant Miquel con su
espada propicia su huida.
Últimas escenas
En la siguiente escena, Satanàs pretende cobrarse la deuda
con el padre de Isabeló, que se produciría al cabo de un año, pero Lluquet
trama un ingenioso plan para engañarlo y consigue comprometerse con la chica.
El demonio, irritado intenta crear la discordia mientras suena el Fum, fum, fum
y se prepara para la batalla final antes de que caiga el telón por segunda vez.
La pausa ahora es más breve y el tercer acto, también, dura
una media hora. Los narradores nos explican que Maria y Josep están buscando
alojamiento mientras el pueblo va en su busca. Llucifer hace un último intento
de engañarles pero vuelve a fracasar, mientras Jesús ha nacido como indica la
estrella y el grupo camina mientras canta “pastorets amb alegría anem tots cap
a Betlem”. Satanàs prepara su respuesta y encomienda a sus seguidores que
propaguen que no es el hijo de Dios y otras mentiras (fake news, lo llamaríamos
ahora) y se enfrenta a Sant Miquel en la pelea definitiva. En el último cuadro,
mientras suena El noi de la mare se reproduce la estampa del pesebre, el pueblo
adora al niño y los pequeños hacen sus ofrendas mientras surge entre la
multitud el Jesús adulto.
Luces y sombras
El montaje tiene unos cuantos aspectos sobre los que
podríamos reflexionar. La obra tiene más de un siglo de vida y bien poco parece
haber cambiado, no estaría de más alguna actualización o simplificación para
hacerla más atractiva al público contemporáneo aunque eso también contaría con
la desaprobación de los defensores a ultranza de la integridad de la obra. Los
personajes principales están interpretados con corrección y hasta brillantez
(algunos de ellos llevan muchos años haciéndolo e incluso cambiando de papeles)
y las dosis justas de humor y maldad
según corresponda aunque se echa a faltar algo más de entusiasmo en las escenas
colectivas.
De todas maneras todos estos detalles palidecen ante el
esfuerzo de un grupo de gente voluntariosa que lo único que pretende es que no
se pierda la sana costumbre de que cada año por estas fechas, sus familiares,
amigos y curiosos puedan ver representado otra vez este clásico inmortal. Más
allá de las creencias religiosas de cada uno, llevar al escenario una historia
con todos los elementos que no fallan: la eterna lucha entre el bien y el mal,
el componente fantástico con la ayuda de algunos efectos especiales, las
historias de amor y el humor, las canciones y los bailes. Podemos ponerles
todos los peros que queramos pero resulta emocionante comprobar su fidelidad a
una tradición que esperan mantener muchos años más.
publicat per
21 de desembre de 2019
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