03 de febrer 2011

Josep Julien: "El humor catalán se acerca a la escatología intelectual"

El actor interpreta el monólogo 'El cavernícola' en el Club Capitol de Barcelona

El cavernícola es un texto del estadounidense Rob Becker que ha llegado a Barcelona después de cosechar éxito de público en diferentes países. Solo un dato. Es el monólogo de mayor permanencia en la historia de Broadway donde aún se sigue representando. En Madrid es el actor Nacho Novo (en el teatro Fígaro) el que da vida a un cavernícola que en Barcelona representa Josep Julien, un actor que debuta en el género del monólogo humorístico. Julien ha hecho suyo un texto sustentado en la tradicional y tópica guerra de sexos y que si tiene alguna virtud especial es la de repartir manotazos a los dos géneros por igual. La obra se puede ver en la Sala Pepe Rubianes del Club Capitol de Barcelona y estará en cartel hasta el próximo mes de marzo.

-¿La guerra de sexos sigue siendo el tópico número uno en humor?
-No lo sé, la verdad es que yo tampoco soy un especialista en humor, lo que sí que tengo claro es que hacer humor es dificilísimo, muy complicado. La guerra de sexos es un tema muy recurrente en el género porque tiene una fuente inagotable de situaciones ricas para rascar y es uno de los grandes tópicos. A partir de aquí, la mirada que cada uno tiene sobre el tema es lo que te diferencia y te hace más atractivo para la gente que te pueda ver.

-Profesionalmente, usted era virgen en el género del monólogo. ¿Cómo decidió acercarse a este proyecto?
-Me llegó la propuesta de una forma más bien habitual como es el teléfono, me llamaron, me explicaron un poco de qué iba la obra, los precedentes que había, concretamente la experiencia que tienen con el actor Nacho Novo en Madrid y que funciona muy bien, y me dijeron si me apetecía hacerlo. Me lo leí, hablé con ellos, nos entendimos rápido, y aquí estoy (Sonríe).

-¿Usted se veía haciendo monólogos?
-Sí, porque pensé que tenía recursos para aportar cosas mías a este monólogo en concreto, aunque no tenga mucha experiencia en este sentido, ya que habitualmente suelo trabajar un tipo de textos con más cojín literario. Es cierto que he hecho obras cómicas, pero de autores que tienen unos textos más profundos y eso hace que si el público no se ríe mucho, es porque están pendientes de otros elementos como el guión. En El cavernícola, es todo más directo, si ríes la cosa va bien, si no es así, es que ha sido un fracaso. Pero es algo que también te estimula.

-Estamos hablando de una obra que ya ha sido anteriormente estrenada con éxito en otros países y con cifras más que positivas, por lo que aquí el reto es que cada actor consiga hacerse suyo el texto. ¿Qué hay de Josep Julián en El cavernícola?
-He aportado mi cuerpo, experiencia y recursos como actor. Ninguna cosa más, el texto me lo he hecho mío de la misma manera que me puedo hacer mío un texto de Shakespeare. Si me preguntas, ¿qué hay de mí en este personaje? Pues no lo sé, alguna cosa habrá, está claro, y otras cosas las cuelo sin que yo sea así.

-¿Se creyó el texto la primera vez que lo leyó?
-Creérmelo al cien por cien no, pero sí que creía en el potencial cómico que tenía. No es que diga, en mi vida me siento muy reflejado en lo que explica este texto, pero sí que es verdad que veía que, añadiendo algún ingrediente gracioso y matándome en los ensayos, podía llegar a explicar ese texto de forma que se cumpliera el objetivo, que es que el público se divierta.

-Una de las conclusiones de la obra es que el comportamiento humano no dista mucho del que tenían sus antecesores cavernícolas. Traducido a su lenguaje, los hombres siguen cazando, las mujeres recolectando…
-La conclusión va más allá, creo que hace 3.000 años encontramos el momento ideal para la pareja y que a partir de este momento solo hemos ido a peor (Ríe). Ahora estamos en un momento extraño en el que la sofisticación de la vida contemporánea nos lleva a un escenario en el que no entendemos las pulsiones animales que nos salen de dentro y actuamos de maneras extrañas para justificarlas.

-¿El éxito del texto radica en que el espectador se sienta identificado con las animaladas de su género?
-Sí, totalmente. Diría que en este monólogo me he convertido por igual en espectador y actor. Hay un espectáculo encima del escenario que es el que hago yo y que ve el público, pero también funciona a la inversa. Veo como se mueve la gente de la platea y la verdad es que tiene cierta gracia.

-No es una obra machista, ni feminista, aquí recibe todo el mundo…
-Sí, recibe la especie humana en general. Lo que pasa es que los hombres salen, en cierto modo, reforzados y animados, y las mujeres incomprendidas. En este sentido, el autor está atento y es hábil porque ha escrito un texto con el que queda bien con todo el mundo, pero que a la vez le sirve para cargar contra los dos géneros.

-Ya que es espectador involuntario, ¿quién diría que encaja mejor los golpes, el hombre o la mujer?
-Creo que por igual, aunque de manera distinta. No te sabría decir si mejor o peor. Sí que es verdad que he observado en algunas parejas que los chicos empiezan a reír cuando su chica o mujer ha reído un par de veces. (Sonríe).

-Si el monólogo lo representara una cavernícola, ¿variaría mucho?
-Supongo que se podría hacer igualmente. El mismo monólogo no, porque este está más enfocado desde la perspectiva de la sensibilidad masculina, pero sí que podría haber un juego de espejos diferente desde la perspectiva femenina y en que los dos géneros saldrían igual de malparados.

-En la última década el género del monólogo ha ido al alza en teatros y televisiones. ¿Nos hemos acostumbrado a ver a un solo personaje hablando durante hora y media?
-Sí, pero pienso que el monólogo humorístico es un género que en Catalunya va a la baja. En España parece que se ha consolidado más, especialmente en Madrid donde siguen existiendo espacios especializados para llevar a cabo este género. Pero insisto, el monólogo humorístico no goza de muy buena salud en Catalunya.

-¿Usted disfruta con el género o prefiere más acción en el escenario?
-Soy bastante todoterreno, o mi vida me ha llevado por unos caminos que me han convertido en todoterreno. Tengo mis gustos personales, que ahora mismo no hace falta citar, pero cuando me encuentro con algo que no sería lo que yo me pediría para reyes, he aprendido a disfrutarlo y a hacerlo a tope.

-¿Hacerlo en una sala que lleva por nombre Pepe Rubianes, referente del monólogo, le ha supuesto una presión añadida?
-No, presión en absoluto. Lo que sí que es una sensación especial y reconozco que no deja indiferente a nadie poder cambiarse en su camerino o pisar el mismo escenario que pisó él. Rubianes es un tío muy respetado, y en mi caso muy querido, y es especial, muy especial. Pienso que su persona está impregnada en cada uno de los rincones de El Capitol, él está allí. Para mí es una sensación totalmente agradable.

-¿Cree que el humor entiende de geografías?
-Sí, definitivamente. Hay cosas que aquí te hacen reír mucho y que te vas cien quilómetros a la derecha y no hace ni puñetera gracia, o al revés. Creo que el humor catalán es un humor muy aparentado con determinadas sensibilidades anglosajonas y un poco afrancesadas. Esto nos pone en una posición privilegiada porque son dos tipos de humor muy evolucionados que no son primitivos, son intelectualizados. Aunque también es cierto que en Catalunya tenemos un componente escatológico típico de nosotros que le da a la mezcla un aroma muy peculiar (Ríe). Es raro, no sé porqué nos gusta tanto la mierda a los catalanes, nos acercamos a una escatología intelectual.

-¿Ha visto la obra como espectador?
-Sí, en Madrid. El actor que lo interpreta, Nacho Novo, es un tío que tiene un motor muy potente y especial, y en cierto modo, ver que él le sacaba tanto partido me animó a hacerlo. Es la misma obra pero que hacen dos personas que son distintas, él es un tío con una gran capacidad para el humor y yo también aporto mis cosas pero desde sitios distintos, y eso está muy bien.

-Estrena este año en el teatro Romea una obra en el marco del Festival Grec de Barcelona, ¿cómo la lleva?
-Sí, es cierto, ya hace bastantes años que estoy escribiendo y estrenando obras con más suerte de la que esperaba en un principio. La parte literaria de mi trabajo me atrajo desde mis inicios y escribo teatro desde hace más de 15 años, y esta será la sexta función que estreno. Además, esta vez el equipo que se ha juntado para hacerla es muy bueno. Una obra con Calixto Bieito o Josep Maria Pou interpretando un texto mío no es solo un regalo, es algo que va más allá. No sé como darles las gracias.

-Me hace un adelanto…

-Sí, es una aproximación al personaje del Capitán Haddock de Tintín, una especie de retrato realista y crepuscular que pienso que puede tener diferentes lecturas y niveles de comprensión. Hay una lectura más ligada a la trama que nos puede servir para distraernos a nivel de thriller, y al mismo tiempo, un nivel de reflexión y de análisis para intentar comprender el mundo contemporáneo actual.

publicat per
Albert Domènech
www.lavanguardia.es
25 de gener de 2011