14 de novembre 2012

La familia es una fiesta




Orlando Arocha dirige un texto de Spiro Scimone en la sala Beckett, que está mostrando el mejor teatro italiano contemporáneo

Diana Volpe y Quimet Pla en 'La festa' La Fotogràfica/Sala Beckett

publicat per www.lavanguardia.com Albert Lladó 2 de novembre de 2012 foto : Diana Volpe y Quimet Pla en 'La festa' La Fotogràfica/Sala Beckett

Un padre, una madre, y su hijo. Una pequeña cocina. La mesa de planchar, una mesa, la nevera y la televisión. Con esta austera estructura escénica se encuentra el espectador de La festa, texto de Spiro Scimone (traducción de Carles Fernández Giua) que programa la sala Beckett, hasta el 11 de noviembre, dentro de su ciclo de teatro italiano contemporáneo.
La pieza, dirigida por Orlando Arocha, nos presenta la intimidad de una familia cualquiera. La madre (¡cuánto matiz en Diana Volpe!) ya está planchando cuando el público entra en la sala para sentarse, en forma de U, alrededor de los actores. El padre (espléndido Quimet Pla) aparece y se sienta. Toma el mando, sube el volumen, ella lo baja. Lee el diario del día anterior - ¿qué es la actualidad? – y mantienen un pulso, que recorrerá toda la obra, entre la comicidad y el drama.
La madre le acerca una mandarina. El padre la rechaza. Vuelta a empezar. Hay en ese juego una ansiedad, cierta claustrofobia, que no desaparece. El encasillamiento en roles fijos (víctima/machista, débil/fuerte, obediente/autoritario) va desmenuzándose con detalles prácticamente imperceptibles. La cotidianidad es un magma de gestos, de señales, que reflejan la flaqueza de los tres personajes. De todos nosotros.
La asfixia de ese comedor, de esa sociedad cerrada (mantener frases en italiano potencia la verosimilitud), aumenta con la irrupción del hijo (convincente Rafa Cruz). No se habla con su padre, lleva una vida desordenada (el exterior visto como un peligro desestabilizador), y la madre intenta sobreprotegerle. El hijo es, en realidad, un proyecto. Si repite los errores del padre repite sus fracasos. El alcohol y la ludopatía, algunas de las muchas amenazas.
Pero es un día especial. El matrimonio cumple 30 años de casados, y se prometen un pastel y una botella de champán. Mientras llega la noche, aparecen los miedos, la vejez, los reproches. La ausencia de ilusión por un microcosmos hermético y viciado.
La festa es un relato sobre la incomunicación y la dependencia. Los tres miembros de una familia que actúan automáticamente, como robots, sin entender al otro. Sin intentarlo. Lo absurdo de algunas reacciones provoca tímidas carcajadas, pero dejan en el espectador una sensación de tristeza y melancolía (¡ése es su acierto!). Notamos el aliento de la propia fragilidad. Las trampas, los refugios, que utilizamos para sentirnos algo más arropados en un mundo sin puertas ni paredes.