Orlando Arocha dirige un texto de Spiro Scimone en la sala
Beckett, que está mostrando el mejor teatro italiano contemporáneo
Diana Volpe y Quimet Pla en 'La festa' La Fotogràfica/Sala
Beckett
publicat per www.lavanguardia.com
Albert Lladó 2 de novembre de 2012 foto : Diana Volpe y Quimet Pla en 'La
festa' La Fotogràfica/Sala Beckett
Un padre, una madre, y su hijo. Una pequeña cocina. La mesa
de planchar, una mesa, la nevera y la televisión. Con esta austera estructura
escénica se encuentra el espectador de La festa, texto de Spiro Scimone
(traducción de Carles Fernández Giua) que programa la sala Beckett, hasta el 11
de noviembre, dentro de su ciclo de teatro italiano contemporáneo.
La pieza, dirigida por Orlando Arocha, nos presenta la
intimidad de una familia cualquiera. La madre (¡cuánto matiz en Diana Volpe!)
ya está planchando cuando el público entra en la sala para sentarse, en forma
de U, alrededor de los actores. El padre (espléndido Quimet Pla) aparece y se
sienta. Toma el mando, sube el volumen, ella lo baja. Lee el diario del día
anterior - ¿qué es la actualidad? – y mantienen un pulso, que recorrerá toda la
obra, entre la comicidad y el drama.
La madre le acerca una mandarina. El padre la rechaza.
Vuelta a empezar. Hay en ese juego una ansiedad, cierta claustrofobia, que no
desaparece. El encasillamiento en roles fijos (víctima/machista, débil/fuerte,
obediente/autoritario) va desmenuzándose con detalles prácticamente
imperceptibles. La cotidianidad es un magma de gestos, de señales, que reflejan
la flaqueza de los tres personajes. De todos nosotros.
La asfixia de ese comedor, de esa sociedad cerrada (mantener
frases en italiano potencia la verosimilitud), aumenta con la irrupción del
hijo (convincente Rafa Cruz). No se habla con su padre, lleva una vida
desordenada (el exterior visto como un peligro desestabilizador), y la madre
intenta sobreprotegerle. El hijo es, en realidad, un proyecto. Si repite los
errores del padre repite sus fracasos. El alcohol y la ludopatía, algunas de
las muchas amenazas.
Pero es un día especial. El matrimonio cumple 30 años de
casados, y se prometen un pastel y una botella de champán. Mientras llega la
noche, aparecen los miedos, la vejez, los reproches. La ausencia de ilusión por
un microcosmos hermético y viciado.
La festa es un relato sobre la incomunicación y la
dependencia. Los tres miembros de una familia que actúan automáticamente, como
robots, sin entender al otro. Sin intentarlo. Lo absurdo de algunas reacciones
provoca tímidas carcajadas, pero dejan en el espectador una sensación de
tristeza y melancolía (¡ése es su acierto!). Notamos el aliento de la propia
fragilidad. Las trampas, los refugios, que utilizamos para sentirnos algo más
arropados en un mundo sin puertas ni paredes.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada