29 agost de 2006
POR RAMIRO VILLAPADIERNA
CORRESPONSAL EN BERLÍN
La «Santa Juana de los mataderos» del Teatre Lliure en catalán ha recabado mejor acogida que «Gurs - Une Tragédie Européenne» de Semprún, en el brechtiano Berliner Ensemble y en el inabarcable programa de conmemoraciones del dramaturgo bávaro de exilio berlinés.
De «interesante, por nada ortodoxo» a «fascinador» van los adjetivos recogidos en el sombrero de Àlex Rigola, director de esta versión polimorfa de la monosémica «Santa Joana dels Escorxadors», que no es la más sutil, y aún menos la más montada de Brecht, tanto que sólo tuvo su estreno tres años después de su muerte. Pero entre tanta conmemoración sí era una primicia ver a una compañía española en las tablas del Theater am Schiffbauerdamm de Brecht, hoy Berliner Ensemble, en este caso el tan profesional como eficiente Teatre Lliure.
Con recursos multidisciplinares que van de Castorf a Ostermeier, Rigola «aporta a las argumentaciones de Brecht, frecuentemente manidas y aburridas, un brillo y una pasión», escribe el comentario del Tagesspiegel, «conscientemente llamativa» en su denuncia moderna de la pequeñez del hombre hoy frente a la multinacional.
Destacada la interpretación de Anna Ycobalzeta como la Juana de Arco del Ejército de Salvación, como la de Pere Arquillué, la dirección poseería «un dominio consumado y no fiel del rico texto» que en ocasiones, como cuando «la vieja historia de la preguerra se tambalea inmisericordemente», arrancó para la sorpresa de algunos el aplauso de un patio de butacas especialmente exigente.
En el «Gurs», un drama existencial en el campo de concentración para milicianos españoles en el sur de Francia, ve en cambio el crítico de la radio pública una pieza que «nos tememos, raras veces podrá ver el escenario». «Semprún ha escrito una obra de información y disusión con demasiados significados abstractos y existenciales», con la habilidad además de cruzar tres idiomas. De su obra destaca el Taggespiegel el sentido Lessing-niano de «una búsqueda, antes que el hallazgo, de la verdad».
Presentado al través de un juego de preguntas y respuestas entre dos milicianos españoles, una violinista judía y dos comunistas de la brigada Thälmann, el discurso incorpora hechos de la política comunista para Europa de aquel entonces; la escusa escénica es la preparación de un concierto en el campo -arte, cuando no hay salida- pero que evoluciona hacia el montaje de «La medida», otra de esas piezas en que Brecht dejó la épica por la didáctica, antes de reencontrar el sentimiento.
La «Santa Juana de los mataderos» del Teatre Lliure en catalán ha recabado mejor acogida que «Gurs - Une Tragédie Européenne» de Semprún, en el brechtiano Berliner Ensemble y en el inabarcable programa de conmemoraciones del dramaturgo bávaro de exilio berlinés.
De «interesante, por nada ortodoxo» a «fascinador» van los adjetivos recogidos en el sombrero de Àlex Rigola, director de esta versión polimorfa de la monosémica «Santa Joana dels Escorxadors», que no es la más sutil, y aún menos la más montada de Brecht, tanto que sólo tuvo su estreno tres años después de su muerte. Pero entre tanta conmemoración sí era una primicia ver a una compañía española en las tablas del Theater am Schiffbauerdamm de Brecht, hoy Berliner Ensemble, en este caso el tan profesional como eficiente Teatre Lliure.
Con recursos multidisciplinares que van de Castorf a Ostermeier, Rigola «aporta a las argumentaciones de Brecht, frecuentemente manidas y aburridas, un brillo y una pasión», escribe el comentario del Tagesspiegel, «conscientemente llamativa» en su denuncia moderna de la pequeñez del hombre hoy frente a la multinacional.
Destacada la interpretación de Anna Ycobalzeta como la Juana de Arco del Ejército de Salvación, como la de Pere Arquillué, la dirección poseería «un dominio consumado y no fiel del rico texto» que en ocasiones, como cuando «la vieja historia de la preguerra se tambalea inmisericordemente», arrancó para la sorpresa de algunos el aplauso de un patio de butacas especialmente exigente.
En el «Gurs», un drama existencial en el campo de concentración para milicianos españoles en el sur de Francia, ve en cambio el crítico de la radio pública una pieza que «nos tememos, raras veces podrá ver el escenario». «Semprún ha escrito una obra de información y disusión con demasiados significados abstractos y existenciales», con la habilidad además de cruzar tres idiomas. De su obra destaca el Taggespiegel el sentido Lessing-niano de «una búsqueda, antes que el hallazgo, de la verdad».
Presentado al través de un juego de preguntas y respuestas entre dos milicianos españoles, una violinista judía y dos comunistas de la brigada Thälmann, el discurso incorpora hechos de la política comunista para Europa de aquel entonces; la escusa escénica es la preparación de un concierto en el campo -arte, cuando no hay salida- pero que evoluciona hacia el montaje de «La medida», otra de esas piezas en que Brecht dejó la épica por la didáctica, antes de reencontrar el sentimiento.
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