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26 de març de 2010
Miguel Ayanz
Madrid
Después de visitar Madrid con «Rain», el Cirque Éloize, junto al Teatro Sunil y al director Daniele Finzi Pasca, regresa con otro viaje en sepia que mezcla música, teatro, danza
y acrobacias.
Se encienden las luces, baja el telón y una sonrisa se adhiere tozuda al rostro del espectador. No sabe bien si ha estado en el teatro, si ha pasado una tarde en el circo o si ha salido de un sueño amable que lo ha llevado a tierras vecinas y tiempos pretéritos. Otro circo es posible, y «Rain», que pasó por Madrid hace apenas un año, lo dejó claro. Antes fue «Nomade». Y ahora, cerrando la que han llamado «Trilogía del cielo», «Nebbia», que significa niebla en italiano. Es el Cirque Éloize, una de las compañías canadienses de nuevo circo más fascinantes, y vuelve a España aliado una vez más con Teatro Sunil, y con Daniele Finzi Pasca a la cabeza como creador y director. «Toda la trilogía tiene el mismo color, la misma factura. Lo que cambia es cómo las imágenes teatrales influyen en la creación. En “Nebbia” hay una dimensión teatral más presente incluso que en “Rain”», explica el joven maestro italiano sobre este nuevo espectáculo que, como ocurría en «Rain», mezcla las artes circenses con buenas dosis de teatro, algo de danza y mucho humor.
El resultado es moderno y, a la vez, clásico en sus homenajes: da la sensación de que sus habitantes son aquellos ociosos burgueses finiseculares que retrataron las películas de Fellini, de Scola, de Mikhailov... Damas de domingo y marineros de arrabal... Todos flotan etéreos en la esencia estética de la trilogía y devanean a lo largo de paseos marítimos que Finzi Pasca y los suyos ayudan a imaginar con poco más que unos acordes de piano. «En mi familia han sido todos teatreros. Mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo... Creo que soy la última generación que trabaja con el blanco y negro», cuenta Finzi Pasca. «Lo que hago es muy sepia. Me fascina esta textura de las cosas. Me parece que los sueños están hechos de esta materia». Y añade el director: «Creo que lo que hago es darle vida, movimiento, a esas postales que heredamos de nuestros abuelos y que están en mi memoria».
Homenaje a su barrio
Esa materia de los sueños se traduce en este espectáculo en una cierta poesía, que es ya marca de la casa. «Eso es lo que yo hago», cuenta el director. «Esa poesía no está en otros espectáculos del Cirque Éloize, o está de forma distinta. Estos tres son montajes muy europeos, muy mediterráneos. En todos se cuentan historias de un barrio, que es el barrio en el que nací yo. La italianidad, la forma de jugar en el mar y debajo del agua, el fútbol... Es un mundo que me es muy cercano, y estoy seguro de que también lo sentirán próximo los españoles».
Daniele Finzi Pasca nació en Lugano (Suiza) en 1964. Debe de ser que, como nuestros bilbaínos, los faranduleros italianos nacen donde quieren. También engaña su edad. O, más bien, su voz, que parece la de un veterano y venerable teatrero, como si al otro lado del auricular estuviese el mismísimo Dario Fo redivivo, o Totó o Marcello Mastroianni... Lo cierto es que el italiano lleva mucha historia a sus espaldas: estuvo 19 años viajando con un monólogo, «Ícaro», por el mundo –un canto a la libertad tras un breve paso por prisión por ser objetor de conciencia en su país–, creó Teatro Sunil y, entre otros 25 espectáculos, ha escrito y dirigido para el Cirque Éloize «Nomade» (1998) y «Rain» (2001), y para el Cirque du Soleil «Corteo» (2005).
«Nebbia» retoma las claves de «Rain»: un grupo de acróbatas que son a la vez intérpretes y músicos, una ambientación preciosista de aire «fin de siécle» y mucho humor, sin descuidar la perfecta ejecución del reto circense. «Se trata de continuar el camino y agregarle elementos, llevar un poco más allá el mismo discurso», explica Finzi Pasca. El formato sigue igual: es casi un circo de cámara con una decena de intérpretes: «Es la forma de poder viajar por el mundo y de poder abordar cierta dimensión teatral. Ocurre como cuando cocinas: no puedes tener de todo. Tienes tus cacharros, pero si compras pollo no puedes comer salmón. Hay que elegir. Lo bueno es que cuando hay tan pocos intérpretes, te obliga a que sean muy buenos».
Al director no le gusta hablar de «renovarse o morir» cuando se le pregunta por el futuro del circo. «No creo que nadie tenga que morir. Cuando dirigí la ceremonia de clausura de las Olimpiadas –se refiere a las de Invierno 2006 en Turín–, llamé a la gente del circo tradicional, porque son parte profunda para escribir la historia de la cultura italiana. En mi caso, lo que hago en el circo es darle cierta forma a la coreografía». Y cuenta que «hay sitio para todos hoy en día, para el circo moderno y para el clásico. Luego, ocurre como en todo: hay buenos y malos circos. Hay compañías tradicionales que se estancaron un poco y ahora no logran llegar a donde llegaban antes, a crear una magia fascinante y fuerte. Pero esto, decidir cuál es bueno, es un juicio de valor». Y sostiene: «La razón de existir del circo de toda la vida es hacer que perdure la tradición. Es bonito, como viajar en el tiempo».
Habla Finzi Pasca de la «italianidad» del montaje. El país mediterráneo es cuna de ilustres bufones, desde Carlo Colombaioni y Dario Fo, a Roberto Benigni. «¡Y cuántos otros! En Italia hay una máscara clownesca, un personaje muy típico, que es el Polichinela. Representa cómicamente al filósofo malabarista. Los griegos tenían a los sofistas, y en Nápoles este clown juega con las ideas y las palabras, y crea todo un mundo teatral», ilustra el autor. «Están el augusto y el clown blanco, y el Polichinela, son figuras que provocan una reflexión un poco pícara. Invitan a la nostalgia. Muchos estamos ligados a este personaje. Polichinela vive dentro de nosotros». Por eso, promete el autor y director, «el público se reirá tanto como en los espectáculos anteriores».
- DÓNDE: Teatro Compac Gran Vía. Madrid. - CUÁNDO: desde hoy hasta el 2 de mayo. - CUÁNtO: de 20 a 38 euros. Tel.: 91 541 55 69.