22 d’octubre 2006

Ejercicio de estilo


16 octubre 2006

salvador domínguez

Tres versiones de la vida. Teatro Olympia. 2006. Comedia. España. Autor: Yasmina Reza. Dirección: Natalia Menéndez. Intérpretes: Silvia Marsó, José Luis Gil, Joaquín Climent, Carmen Balagué, David Marco.

CRÍTICA DE TEATRO

A principios de los noventa, la dramaturga francesa Yasmina Reza consiguió el éxito internacional con Art. En España la estrenó Josep María Flotats, aunque en Valencia no se pudo ver este montaje, sino otro, más populista, protagonizado por Ricardo Darín. Tres versiones de la vida, la quinta pieza de Yasmina Reza, suma al recuerdo de Art un reparto de actores afamados por su participación en series televisivas. Silvia Marsó, el valenciano Joaquín Climent, conocido por su trabajo en El Comisario, o José Luis Gil y Carmen Balagué, miembros del vecindario de Aquí no hay quien viva. En esta nueva obra la autora evoca aspectos estructurales de su primer gran éxito. En Art, tres amigos emitían su opinión sobre un cuadro en blanco, originando un conflicto de apariencia superficial, del que emergía la verdadera crisis emocional de sus relaciones. En Tres versiones de la vida no son tres personajes los que debaten sobre un único asunto, sino tres escenas que presentan la misma situación con tres desarrollos diferentes. Un astrónomo fracasado va a publicar un descubrimiento que regenerará su prestigio, pero no sabe que otros investigadores ya lo han hecho. Su jefe lo aprovechará para humillarle. Este núcleo temático se plantea de manera distinta en cada una de las tres escenas, al igual que los asuntos que origina: el poder social, el éxito o fracaso profesional, la relación de pareja, e incluso un atisbo de mística armonía colectiva. La dispersión resulta inevitable, y al contrario que en Art la profundidad humana es tan sólo un apunte. Tampoco la comicidad tiene brillantez. La obra parece un ejercicio de estilo donde la autora cambia la perspectiva de los hechos como entrenando su destreza creativa. Si lo que pretendía decirnos es que la vida puede ser de muchas formas ya lo sabíamos. La puesta en escena, aburguesada, sigue el espíritu del texto: un sofá modular que permite diferentes composiciones. Lo mismo les ocurre a los actores, que tienen que trabajar su versatilidad interpretativa. Silvia Marsó, sobre todo, y José Luis Gil, cambian bien cada registro. Joaquín Climent y Carmen Balagué, más lineales, asumen la misión cómica.