17 octubre 2006
El secretario general de la Asociación de Directores de Escena (ADE), Juan Antonio Hormigón, y el director teatral, Xosé Manuel Rabón, comentan que la situación del colectivo en España es única porque no tiene una ley que ampare la actividad, que no se puede decir que haya una crisis porque cada lugar se encuentra en un nivel de desarrollo distinto y que no es problema de dinero sino de que los gobiernos marquen sus objetivos desde el punto de vista cultural. El teatro merece dejar de ser una noticia puntual acompañada de buena fotografía para ser aquel termómetro que medía la realidad del momento. Los dos coinciden en que un marco jurídico será el principio de otra etapa.
REPORTAJE DE
MARTA GARCíA MáRQUEZ
Que el teatro español está en crisis es una generalidad en la que no se debe caer porque cada país se encuentra en un nivel de desarrollo diferente. Ahora bien, el secretario general de la Asociación de Directores de Escena de España, Juan Antonio Hormigón, confiesa que ya le gustaría estar como sus amigos los alemanes.
El profesional de las artes escénicas asistió durante estos días al congreso que su colectivo organizó, de jueves a domingo, en el Pazo de Mariñán. Dice que lo que pasa aquí no ocurre en ningún otro lado de Europa, el teatro está a medio camino y la solución comienza, según el experto, con una ley que sea capaz de crear la armonía que falta en la factoría de los sueños.
Explica que han trabajado mucho para redactar el proyecto legislativo que presentan el 30 de octubre en el Congreso de los Diputados y que también están los que no quieren que haya un marco regulador de la actividad, porque sólo buscan el negocio por encima de una red de centros públicos.
Otro de los profesionales, Xosé Manuel Rabón, señala que España es el único de los paises tradicionales europeos que no cuenta con un respaldo jurídico en el teatro y que no es un problema de dinero sino de que los gobiernos marquen sus objetivos desde un punto de vista cultural. Porque, según Hormigón, los públicos se crean como se creó uno grande para la exposición de Velázquez: "La promoción que se hizo convirtió la muestra en un éxito enorme". El poder se olvida del teatro porque molesta, no interesa. Por eso, dice Rabón, ha dejado de ser el termómetro que medía la realidad de cada momento.
Insiste en que, al igual que los ingleses se vanaglorian de Shakespeare y se rompen la cabeza para versionarlo una y otra vez, los españoles tienen a un Valle-Inclán, un Lope de Vega y un Calderón que hacen virguerías encima de los escenarios.
Los dos coinciden en que las artes escénicas necesitan que los gobiernos tengan la voluntad política de poner en marcha proyectos a medio y largo plazo.
Porque no hay que confundir el teatro, advierte Hormigón, con el marketing y una noticia casual acompañada de una fotografía con una sonrisa de oreja a oreja.
Que el teatro español está en crisis es una generalidad en la que no se debe caer porque cada país se encuentra en un nivel de desarrollo diferente. Ahora bien, el secretario general de la Asociación de Directores de Escena de España, Juan Antonio Hormigón, confiesa que ya le gustaría estar como sus amigos los alemanes.
El profesional de las artes escénicas asistió durante estos días al congreso que su colectivo organizó, de jueves a domingo, en el Pazo de Mariñán. Dice que lo que pasa aquí no ocurre en ningún otro lado de Europa, el teatro está a medio camino y la solución comienza, según el experto, con una ley que sea capaz de crear la armonía que falta en la factoría de los sueños.
Explica que han trabajado mucho para redactar el proyecto legislativo que presentan el 30 de octubre en el Congreso de los Diputados y que también están los que no quieren que haya un marco regulador de la actividad, porque sólo buscan el negocio por encima de una red de centros públicos.
Otro de los profesionales, Xosé Manuel Rabón, señala que España es el único de los paises tradicionales europeos que no cuenta con un respaldo jurídico en el teatro y que no es un problema de dinero sino de que los gobiernos marquen sus objetivos desde un punto de vista cultural. Porque, según Hormigón, los públicos se crean como se creó uno grande para la exposición de Velázquez: "La promoción que se hizo convirtió la muestra en un éxito enorme". El poder se olvida del teatro porque molesta, no interesa. Por eso, dice Rabón, ha dejado de ser el termómetro que medía la realidad de cada momento.
Insiste en que, al igual que los ingleses se vanaglorian de Shakespeare y se rompen la cabeza para versionarlo una y otra vez, los españoles tienen a un Valle-Inclán, un Lope de Vega y un Calderón que hacen virguerías encima de los escenarios.
Los dos coinciden en que las artes escénicas necesitan que los gobiernos tengan la voluntad política de poner en marcha proyectos a medio y largo plazo.
Porque no hay que confundir el teatro, advierte Hormigón, con el marketing y una noticia casual acompañada de una fotografía con una sonrisa de oreja a oreja.
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