
17 de setembre de 2006
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA
MIKEL CASAL
BIOGRAFÍA
Melvin Kaminsky nació en Nueva York en 1926. Sus padres eran judíos de origen ruso. Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en el Cuerpo de Ingenieros. Estuvo destinado en el Norte de África.Comenzó a trabajar como músico y guionista. Adoptó su nombre artístico acortando su apellido materno: Brooksman.Estuvo casado diez años con Florence Baum, con quien tuvo tres hijos. En 1964 se casó con Anne Bancroft.Ha dirigido once películas, entre ellas 'El jovencito Frankenstein' y 'La loca historia del mundo'. Ha producido cine, teatro y televisión.Durante tres años encarnó el papel del tío Phil en la telecomedia 'Loco por ti'.Es, junto a Audrey Hepburn o Liza Minnelli, uno de los pocos artistas que han ganado un Oscar, un Emmy, un Tony y un Grammy.
'Los productores' comenzó siendo una película. Se rodó en 1968 y, pese a no tener éxito, obtuvo el Oscar al mejor guión original. Era el primer filme dirigido por Mel Brooks, que por entonces era un reconocido cómico de televisión. Había comenzando escribiendo guiones para el programa de Sid Caesar, junto a jóvenes talentos de la escuela neoyorquina como Woody Allen y Neil Simon. Después comenzó a representar sus propios números en compañía de Carl Reiner. En 1965 debutó como productor creando una teleserie, 'El Superagente 86', que sería un éxito en todo el mundo. «Nadie había realizado un show con un idiota como protagonista», suele repetir Brooks cuando le recuerdan al agente Maxwell Smart. «Así que decidí ser el primero». En los setenta dirigió dos clásicos de la comedia: 'Sillas de montar calientes' y 'El jovencito Frankenstein'. Para entonces su peculiar humor ya era una marca reconocible. Torrencial, brillante, absurdo y frecuentemente grosero, el diminuto Brooks es el bufón que salta impelido por un muelle cuando se abre la caja de la risa. Puede ser genial y puede ser mediocre, pero ante todo es incansable. Dentro de su cabeza se esconde una máquina de expender chistes a la que se le ha disparado el mecanismo. Cuando acierta, es uno de los mejores. Cuando falla -y recordemos películas como 'La loca historia de las galaxias' o 'Drácula: un muerto muy contento y feliz'-, sus errores constituyen catástrofes que no dejan de tener su gracia. Mel Brooks es el sultán de la comedia y no puede permitirse dos minutos públicos de seriedad. En las entrevistas que concede no es raro que se lleve un zapato a la oreja y hable con la Casa Blanca o que se suba a la mesa para cantar con voz de vicetiple algún clásico de Gerswhin. Su especialidad son los chistes sobre judíos y las referencias a las mallas verdes de Robin Hood. Sin embargo, hay algo detrás de su disfraz de humorista perpetuo. Se reconoce enamorado de la literatura rusa y del cine de Renoir y Vittorio de Sica. Como productor, apostó fuerte por películas de culto como 'El hombre elefante' de David Lynch. Aunque quizá lo más llamativo de su biografía sea su matrimonio. En 1961, de algún modo inexplicable, el pequeño histrión se las ingenió para enamorar a la maravillosa Anne Bancroft, la inolvidable Mrs. Robinson de 'El Graduado'. Se conocieron en un programa de televisión y Brooks averiguó cuál era el restaurante favorito de la actriz. A partir de entonces comenzó a dejarse caer por allí «accidentalmente». Se casaron tres años después y su matrimonio duró hasta la muerte de la actriz, en 2005. Fue precisamente Bancroft quien le animó a recuperar 'Los productores' para Broadway. Ella le convenció para que, además del guión, escribiese la letra y la música de las canciones del espectáculo. Brooks lo hizo y consiguió uno de los mayores éxitos de su carrera. En 2001 'Los productores' ganó 12 premios Tony, superando el récord de 'Hello Dolly!'.
En un artículo publicado en 'The New York Times', Brooks reconocía su deuda con «la increíblemente bella e inteligente Anne Bancroft». Se sabe que, en la intimidad, la llamaba 'Obi Wan Kenobi', en referencia al mentor jedi de Luke Skywalker en 'La guerra de las galaxias'.En el gran libro de la comedia americana Brooks ocupa un lugar de privilegio. Es uno de los artistas que revolucionó el humor en los sesenta. Si Woody Allen es el cómico intelectual, Neil Simon el elegante y Bill Cosby el familiar, Mel Brooks es el chiflado, el gamberro incorregible, el maníaco capaz de rodar en color una película muda en la que sólo habla el mimo Marcel Marceau. Siempre ha hecho lo que le ha venido en gana y su carrera ha estado llena de altibajos.
Ahora corren buenos tiempos para él: su nombre resplandece rodeado por centelleantes bombillas en los teatros de Nueva York, Londres y Madrid. En algún lugar del mundo, el viejo bufón pone cara de niño travieso y repite su macabra definición del negocio: «Yo me corto un dedo y eso es una tragedia. Un tipo se cae por una alcantarilla abierta y se mata: eso es una comedia».
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