15 d’agost 2007

El mundo cabe en un retablo



6 d'agost del 2007

Patricia Slukich




Hace unos meses, dos titiriteros que ejercen su tarea cotidiana en nuestra provincia decidieron que era tiempo de viajar al exterior. Con la intención de contrastar sus formas de producción artística con las de otros países, embarcaron sus muñecos y petates rumbo a Bolivia; aunque terminaron no sólo en aquellas tierras del altiplano sino también en varias provincias argentinas y en Brasil.

La experiencia no podía ser más vivificante y fructífera. Lo que comenzó con la invitación a un festival de títeres de Santa Cruz de la Sierra (“Festitíteres”), se convirtió en el debut dentro de uno de los acontecimientos más importantes de América Latina en el ámbito de los títeres: el Festival de Canelo, que tuvo lugar entre el 14 y el 17 de junio, que maneja un presupuesto de más de 200 mil dólares y convoca a 35 mil espectadores. Aquí, los propios artistas, Oscar Navarro y Jorge Díaz, hablan sobre su aventura.

-¿Cómo empezó este periplo y por dónde transcurrió?

-Oscar: En principio nos habían invitado a participar de algunos festivales en los que yo había estado en el 2004. Nos fuimos en marzo y volvimos a fines de junio. Primero estuvimos en cuatro festivales de títeres que tuvieron lugar en distintas ciudades de Bolivia y también fuimos viajando y haciendo funciones en provincias argentinas. En Festitíteres, que fue entre marzo y abril, hacíamos siete funciones por día. Después fuimos a Cochabamba, donde actuamos en teatros independientes y organizamos una pequeña gira por La Paz y Sucre.

-¿Este itinerario surgió de forma casual o planificada?

-Jorge: Íbamos armando el circuito a medida que viajábamos, con los contactos de compañeros. La verdad es que nos ha ido tan bien que pensamos volver a Sucre el año que viene, en abril. Fue una experiencia fantástica porque pudimos compartir nuestro trabajo con elencos de Francia, Estados Unidos, de otros países latinoamericanos. Hemos recibido una invitación para participar en la Segunda Bienal de Teatro de Títeres para Adultos en Lima, Perú, y conocimos gente de Canelo -en Brasil-.

-¿Cómo llegaron a integrar la grilla de espectáculos de uno de los festivales más importantes del mundo, como el de Canelo en Brasil?

-Jorge: Sí. Es un festival que tiene el noveno puesto en categoría de festivales de títeres. Es una cosa increíble: la ciudad está bañada de muñecos por todas partes mientras se realiza el festival. Sucede que éste fue siempre un festival de sala pero, este año, quisieron incorporar una muestra off (que se llama “Bonecos do Chapeu”) en esta 19° edición. Allí fuimos a parar nosotros que éramos los únicos extranjeros. Verdaderamente, Brasil le saca el sombrero al artista, existe una valoración que es incomparable con nuestra provincia, hasta en el cachet se ve eso: en Colombia, México o Brasil un cachet no baja de los 400 dólares; aquí no pasa de los 70. Si vos comparás lo que gana un elenco que viene a la provincia a actuar a un festival con lo que pagan en Bolivia o Brasil no lo podés creer. Por eso es tan difícil traer grupos de afuera, porque los valores y requerimientos que ellos tienen son altísimos para Mendoza.

-¿Qué diferencias artísticas existen entre Bolivia o Brasil y Mendoza?

-Oscar: Hay muchísimas diferencias. Nosotros, como artistas titiriteros argentinos, estamos alejados de la realidad latinoamericana. Hace 15 años era distinto. El teatro de títeres decayó en su peso frente a las instituciones estatales: la pérdida de la Fiesta Nacional del Títere, por ejemplo, fue algo desastroso. No hay contexto en el que trabajar, estamos mezclando los lenguajes. Y, justamente, lo que más me llamó la atención fue una compañía europea que, con pocos recursos de producción y calidad, hizo un espectáculo en el que se mantenía la esencia del títere.

“Aunque el títere argentino aún sigue siendo reconocido, no ha perdido su prestigio. En Mendoza, por ejemplo, tenemos público de títeres; en cambio en Jujuy o Salta, no”.

-Jorge: Aquí, en Mendoza, tenemos que plantearnos que esto es renovación artística o muerte. Ideas lindas que nosotros estamos planteando como novedad, como el teatro más pequeño del mundo que estoy intentando hacer, en Brasil son corrientes. En Canelo vimos como 20 de ellos, les llaman “lambe lambe”.

-Oscar: Yo, ahora, me voy cuatro meses a Buenos Aires, al Museo del Títere para aprender sobre dirección y puesta en escena en el teatro de títeres. Creo que eso es algo que todavía nosotros no estamos trabajando. Después, en octubre, estoy invitado al Festival de Títeres de Río de Janeiro. Y creo que no vuelvo. Es que aquí todo es muy difícil. Por ejemplo: La Casa de los Títeres, todavía no puede obtener una habilitación como corresponde; por cuestiones burocráticas. Ahora está funcionando hasta que se pueda y después, cerraremos. Es que no existe una categoría de habilitación para estos pequeños espacios y te exigen lo mismo que le exigirían a un teatro con capacidad para dos mil personas; nosotros tenemos una sala para 35. No hay predisposición para alivianar las cargas, algo que en este viaje pudimos ver que no pasa en otros países de Latinoamérica.

Los próximos proyectos de Jorge Díaz también están relacionados con viajes: al Festival Internacional de La Plata y después al Festival de Santiago de Chile.

Queda repicando una sentencia de Díaz a lo largo de esta nota: “Esto es renovación artística o muerte”. Y uno implora: ojalá que ese ímpetu llegue porque si no, ¿qué será de nuestros niños sin la bella poesía del retablo?