14 d’agost 2007

¡Mucha mierda!

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6 d'agost del 2007


El centro de las artes de la Universidad Pace en Nueva York está a reventar. Los aspirantes a cineastas se concentran allí, atentos. Después de casi dos horas y media de grabación para el programa “Desde el Actors Studio”, Dustin Hoffman está por terminar su intervención.
Hoffman: “…ustedes pensarán que para mi es fácil decirlo porque soy exitoso pero no, lo digo de corazón, es lo que me hubiera dedicado el resto de mi vida. Sin duda. Sea como actor de Hollywood o dando clases en una escuela en alguna región de este país lo seguiría haciendo. Lo importante aquí es hacerlo ¿Te gusta el teatro, te gusta la actuación? Hazlo. Bajo el techo del teatro más grande como en el más modesto garage sólo hazlo”
Dije y lo sé, que esta semana discutiríamos sobre los estrenos en TV abierta del mes de julio y sobre aquellos programas que van a mitad o fines de temporada pero, bueno, al final de cuentas esto es un blog, una bitácora y lo sucedido en los últimos días merece mención. Esta idea de Dustin Hoffman expuesta en el programa de “Desde el Actors Studio” parece simple pero no muchos la consideran y ahora la tomo como apoyo para compartirles la historia real de Marko y Gabriela.
Gabriela, mi mejor amiga, junto con Marko, hicieron teatro en Puebla por 10 años y lo hicieron con pasión, con las ganas de ser actriz y actor a pesar de todo. Poca gente sabe, salvo los que somos amigos de los teatreros, que montar una obra en México es una verdadera odisea. Es un reto enorme que va más allá del trabaja histriónico. Es, sí, aprenderse el texto y aprendérselo bien; memorizarlo a sólo dos días de la primera lectura en grupo porque “el tiempo ya está encima”. Es investigar sobre la época y las costumbres que vivió el personaje que se tiene que desarrollar. Sí, es comenzar a trazar y ensayar sin descanso y sin pretextos. Es perderte la comida de graduación de tu mejor amigo, la boda, el viaje, el café, las salidas al cine, la vida en pareja. Es hacer química (y llevar la fiesta en paz) con tus compañeros de tablas para evitar el celo y recelo propio de los artistas. Es, sí, todo esto, que además por oficio debe hacer un histrión. Sin embargo la parte tal vez más desgastante por la incertidumbre que genera, viene al momento en que se debe pensar dónde y cómo abrir el telón una vez que el reparto, los textos y los papeles están definidos, desarrollados, ensayados y listos para ser estrenados.
¿En qué teatro y cuánto cobrará por el alquiler? ¿Cómo es que va a apoyar (si es que va a apoyar) la Secretaría de Cultura? ¿Cuál será el costo por la publicidad y de qué manera puede ser efectiva al precio más bajo? ¿Llenará? Los teatros no están disponibles porque es época de graduaciones pero “la obra debe estrenarse esta semana” ¿Cuánto cobrarán los actores o cuánto se les podrá pagar si es que hay ganancias?
En el mundo del teatro en México (y al parecer de muchos otros países también) la parte de los números nunca es la mejor, mucho menos suficiente. Gabriela ha tenido que combinar su más grande pasión con otros deberes que le permitan generar ingresos. Junto con Marko y el grupo denominado por ellos como “Teatrofilia” levantaron el telón decenas de veces en la capital poblana. Telón que bien ha sido desde un enorme género rojo de grueso terciopelo hasta un par de sábanas blancas sostenidas por dos personas. Artistas que se han alimentado con el aplauso de mil personas como también con el reconocimiento de doce. Pero como dice Hoffman: “lo hicieron”.
Después de 10 años de hacer teatro juntos Gabriela y Marko se despidieron y lo hicieron con la satisfacción de nunca haber cancelado un proyecto porque éste no “fuera negocio” o porque no “hubiera dónde”. Gabriela aprendió de Marko (y yo de los dos) que cuando se ama el teatro se ama con todo y se hace a pesar de todo.
Marko Castillo, “maestro” como yo y muchos otros más le decíamos, recibió el último aplauso el 3 de agosto en el Teatro de la Ciudad en la capital poblana. Dramaturgo, actor y director que nunca abandonó, a pesar de sus virtudes e innumerables oportunidades, la convicción de hacer teatro en su propia tierra. Muchos podrán gustar o no de las obras escritas por Marko. Habrán quienes tengan sus reservas de él como director o algunos otros como actor; pero lo que nadie puede negar es esa pasión, actitud y energía que Marko Castillo tenía por la vida y por la vida a través del teatro.
Víctima de cáncer, el teatro poblano perdió esta semana a un artista como pocos y que, como pocos, se fue satisfecho de haber saciado esa sed por hacer arte. El “te vas a morir de hambre como actor” nunca fue dragón a vencer para Marko. Venció sí, y en muchas ocasiones, a quien sólo un buen actor y un conocedor de la dramaturgia debe vencer cada vez que pisa el escenario: a sí mismo. Te has ido Marko pero sin duda dejaste mucho. Es curioso pero nunca logré que me dirigieras; nunca pude recibir una instrucción tuya a pesar de las propuestas y a pesar de las oportunidades y ¿Sabes por qué? Porque aprendí tarde la lección que ahora tú y Gaby me han demostrado con hechos, la que hace días Hoffman instruyó a sus alumnos en el Actors Studio: “hacer teatro a pesar de todo y a pesar de todos. Hacerlo bajo el techo del teatro más grande como en el más modesto garage”. Ahora, lo único que puedo decirte, como muchas noches logré decirte antes de tus estrenos es: “mucha mierda Marko, mucha mierda”.