12 de desembre 2014

El tormento de Hamlet



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10 de desembre de 2014
José Carlos Sorribes

En el año Shakespeare de la temporada teatral barcelonesa no podía faltar una de las obras cumbre, y sin duda la más conocida, del genial dramaturgo. Y ha llegado de la mano de una pequeña sala, como la Atrium del Eixample, que ha superado el valiente reto de abordar un montaje de tanto relieve como Hamlet. El desafío es doble porque afecta tanto a la propuesta colectiva como a la individual del actor que debe encarnar un personaje capital del teatro. Así, Raimon Molins, director de la Sala Atrium, proporciona otra muestra de una capacidad interpretativa que ya brilló en Himmelweg, de Juan Mayorga, la pasada temporada.

Es Molins un Hamlet solitario y atormentado, de principio a fin del espectáculo, por la revelación de la muerte de su padre en un complot urdido por su propia madre y su tío, hermano de su padre. Su desazón inconsolable inunda un clásico que planea sobre grandes temas como el amor, la traición, los celos, la venganza, el poder o la ambición. Y, por supuesto, la duda existencial

Molins se ha multiplicado como protagonista y director, tarea que comparte -al igual que la dramaturgia- con Marc Chornet. A su lado, en un irregular elenco de seis intérpretes, brilla la fuerza y convicción de Clara de Ramon (Ofelia), una joven actriz que debutó en Agost.

La apuesta del Hamlet de la Sala Atrium se centra también en una desnuda y ágil puesta en escena a través de un escenografía con unas plataformas móviles a dos niveles. Por este espacio central se mueven los personajes y algunas escenas tienen el apoyo del vídeo. Un recurso que no siempre funciona con igual acierto. Sí lo hace el de jugar con la mitología griega al incorporar a Caronte (un cómico Toni Guillemat), el barquero de los difuntos en el hades, como el sepulturero de Ofelia. No falta ni el agua bajo la pasarela.

Lo que sí falta es algo más de espacio para el espectador, dispuesto en los laterales de la plataforma, y más con un montaje de 2 horas y 20 minutos. Pero ese es un problema consustancial (y menor por el resultado final) a las dimensiones de la sala.