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7 de maig de 2015
Álex Vicente
Thomas Jolly, ganador del premio Molière al mejor director,
triunfa en París con un montaje íntegro de las tres partes de ‘Enrique VI’ que
dura 18 horas
La última revelación de la escena francesa se llama Thomas
Jolly. Tiene 32 años y acaba de ganar un premio Molière al mejor director por
su puesta en escena íntegra de Enrique VI, de Shakespeare, con la que ya
triunfó en el pasado Festival de Aviñón y que vuelve a representar en el
Théâtre de l’Odéon de París hasta el 17 de mayo. En una mañana de primavera,
este joven vivaz y escuálido se despierta tras un largo sueño, exhausto, pero
feliz. Acaba de pasar el fin de semana subido al escenario, durante 18 horas.
Con otros 20 actores, ha interpretado los 15 actos y cerca de 10.000 versos de
las tres partes de Enrique VI, escritas a finales del siglo XVI y ambientadas
al final de la Guerra de los Cien Años, cuando los Lancaster y los York se
disputaron el trono de Inglaterra.
Cuando se vuelva a levantar el telón, las sillas de madera
se convertirán en caballos por arte de magia. Las espadas serán cintas de
gimnasia rítmica y las coronas, sombreros de una tienda de segunda mano. Los
actores bailan coreografías como si estuvieran en un flashmob. Juana de Arco
tiene el pelo azul y un tatuaje en la pierna. Y los actores alternan la
solemnidad con el chascarrillo, a veces en la misma frase. La lectura de Jolly
del texto shakespeariano es mucho más distendida de lo habitual. “Quienes se
pasan de serios cometen un error. Shakespeare alterna dos registros de forma
permanente: lo solemne con lo cómico, lo grotesco con lo sublime”, afirma este
apasionado por el teatro isabelino, pero también fan confeso de los videojuegos
y de Lady Gaga.
El origen del proyecto se remonta al verano de 2009, con el
director encerrado a cal y canto en su casa de Rouen. “Estaba triste, a causa
de una ruptura sentimental”, explica. Decidió hacer algo útil para combatir el
mal de amores. “Recordé esta obra, que había descubierto en un taller años
atrás, y me propuse montarla en versión íntegra”. De esa quimera imposible
surgió un espectáculo de dos horas que iría ampliando hasta llegar a las 18
actuales.
Apasionado de las obras isabelinas, es un fan de Lady Gaga y
los videojuegos
Se ha comparado este montaje por capítulos con la estructura
de las series televisivas. “En realidad, es Shakespeare quien ha influido en
las series, y no al revés. Fue él quien inventó el entretenimiento tal como lo
entendemos hoy, y también los cliffhangers, esos momentos de máximo suspenso
que marcan el final de cada episodio”, sostiene Jolly.
La referencia a Juego de tronos es la primera que viene a la
cabeza: en la serie, los protagonistas son los Lannister y los Stark, nombres
fonéticamente parecidos a los clanes de Enrique VI. ¿Es comparable su propuesta
con el binge watching, esa ingesta desmedida de capítulos televisivos habitual
entre los fanáticos? “En todos los periodos de crisis, nos orientamos hacia las
grandes historias buscando un poco de sentido”, responde. “El éxito de las
series y las sagas cinematográficas, tal vez como el de mi propuesta, se
explica por nuestra sed de relatos largos. Se han convertido en primera
necesidad, igual que comer y dormir”, añade.
“El teatro también puede ser un remedio contra el mal viento
que sopla en Europa”
Con este mastodóntico montaje, Jolly logra dar relevancia a
la pieza. “Es cierto que no es Macbeth o Romeo y Julieta”, concede. El director
recalca que fue el paralelismo histórico con la Europa actual lo que le impulsó
a dar el paso adelante. “Enrique VI habla de un país en crisis, en proceso de
degeneración, que culminará con la llegada de un monstruo político como Ricardo
III. Hoy no estamos a salvo de personajes igual de temibles, que también
amenazan con instalarse en nuestros tronos”, argumenta Jolly.
Precisamente, su próximo proyecto será un montaje de Ricardo
III, para cerrar el círculo dibujado por el bardo inglés. “Será un trabajo
fácil: solo durará cuatro horas”, bromea. Lo estrenará en otoño, a pocos meses
de las elecciones presidenciales francesas, en las que teme un impulso de la
ultraderechista Marine Le Pen: “El teatro puede ser un remedio contra el mal
viento que sopla en Europa. Es uno de los últimos lugares donde la humanidad se
reconoce a sí misma".

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