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2 de setembre de 2006
HENAR DÍAZ
VALLADOLID.
Con mucho calor y esta vez, después de once años, sin lanzamiento de huevos. Así transcurrió ayer el pregón, en el que el veterano actor aragonés, Juan Antonio Quintana, recordó los fuertes vínculos que unen a la ciudad de Valladolid con su querida profesión, la de actor. Los miles de vallisoletanos congregados en la Plaza Mayor dieron un caluroso recibimiento al actor, que visiblemente emocionado comenzó su intervención como no podía ser de otra forma: con el Julio César de Shakespeare.
Tras agradecer al alcalde la confianza depositada en él al nombrarle pregonero, el actor recordó que a pesar de no haber nacido en Valladolid, siempre se ha sentido muy cercano a la ciudad: «Elegí Valladolid libre y voluntariamente para cumplir mis sueños y desarrollar mi trabajo artístico», señaló.
Asimismo, el popular abuelo de «Ana y los 7» alabó la pasión de la ciudad por el teatro «cuya realidad es prometedora», citando como ejemplos la consolidada programación desarrollada por teatros como el Calderón, el Cervantes o el Carrión, entre otros, y recordó el atractivo proyecto de recuperación del teatro Zorrilla: «Todo Valladolid rezuma representación porque es una ciudad viva y en movimiento como el mismo teatro». En ese sentido se refirió a la ciudad como un gran «escenario teatral» del cual estaba formando parte él, como actor.
Flanqueado, entre otras personalidades, por el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva; la concejal de Cultura, Ángeles Porres, y el presidente de la Diputación, Ramiro Ruiz Medrano, el veterano actor -trompetilla en mano, como no podía ser menos debido a su condición de pregonero- quiso finalizar interpretando a tres de los personajes que más alegrías le han dado en su carrera teatral: el entrañable Zapatero de «La Zapatera Prodigiosa» de García Lorca; el tacaño Harpagón, del «Avaro» de Moliere, y el ingenioso Hidalgo «Don Quijote de la Mancha».
Así, por primera vez desde que De la Riva está al frente del Consistorio, el comienzo de las fiestas no vivió el bochorno de ver al pregonero bañado de huevos. Sólo la Plaza Zorrrilla fue escenario de pequeños percances cuando un grupo de peñistas tomaron la fuente por suya, hecho que lamentó el alcalde advirtiendo que acciones de este tipo «degradan» la imagen de las peñas. Pese a todo, se congratuló del «pregón» y del «comportamiento de los vallisoletanos» y destacó que «se ha reincorporado a la plaza Mayor» la gente de Valladolid.
Flanqueado, entre otras personalidades, por el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva; la concejal de Cultura, Ángeles Porres, y el presidente de la Diputación, Ramiro Ruiz Medrano, el veterano actor -trompetilla en mano, como no podía ser menos debido a su condición de pregonero- quiso finalizar interpretando a tres de los personajes que más alegrías le han dado en su carrera teatral: el entrañable Zapatero de «La Zapatera Prodigiosa» de García Lorca; el tacaño Harpagón, del «Avaro» de Moliere, y el ingenioso Hidalgo «Don Quijote de la Mancha».
Así, por primera vez desde que De la Riva está al frente del Consistorio, el comienzo de las fiestas no vivió el bochorno de ver al pregonero bañado de huevos. Sólo la Plaza Zorrrilla fue escenario de pequeños percances cuando un grupo de peñistas tomaron la fuente por suya, hecho que lamentó el alcalde advirtiendo que acciones de este tipo «degradan» la imagen de las peñas. Pese a todo, se congratuló del «pregón» y del «comportamiento de los vallisoletanos» y destacó que «se ha reincorporado a la plaza Mayor» la gente de Valladolid.
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