
7 d'agost del 2007
Ayer fue un día triste para el teatro. Una cuadrilla de ladrones,asaltó la programación del Festival de Teatro Clásico de Olite. A cara descubierta y sin más arma que la palabra, consiguieron formar parte del cartel de representaciones previstas para este año.
Un momento de la representación de Lisistrata, el viernes en Olite.
Un momento de la representación de Lisistrata, el viernes en Olite.
VILLAR LÓPEZ
Una vez dentro, se llevaron la publicidad que el festival les ha dado, la ilusión de muchas personas que querían disfrutar de un espectáculo teatral y el dinero pactado que saldrá de los bolsillos de todos los navarros y de muchos espectadores que pagaron su entrada. No hace falta cámara de seguridad para ver las caras de los responsables. Tanto Paco Marsó, productor del evento como Antonio Corencia, director del mismo, paseaban sin ningún tipo de vergüenza por los aledaños del escenario comprobando, con sus propios ojos, cuántos primos caíamos en este nuevo timo, el timo de la función teatral. Van a perdonar que no hablemos de teatro, ya que no es eso lo que vimos en la trasera del castillo de Olite en la noche del viernes. Voy a intentar explicar el timo, para que si alguno de ustedes se encuentra ante circunstancias parecidas esté alerta. La estafa consiste en convencer a algún ingenuo programador de que se encuentra ante un producto de una calidad fuera de lo común. Para persuadir al contratante es importante estar avalado por alguna institución oficial. Aquí, ese papel lo ha ocupado el Festival de Teatro Clásico de Mérida. El interés de los extremeños en homenajear al autor, Martínez Mediero, ha colocado un puente plata a estos desalmados. El propio autor revisará el texto escrito en 1979 y la dirección correrá a cargo del mismo director que la estrenó en 1980. Una vez ganado el interés del pagador, entra en juego la fase de marketing. En este proceso es importante la labia, un apellido conocido y un currículo más o menos importante. Contar con una lengua afilada y no tener una pizca de pudor es fundamental en este proceso del timo. Para vender este espectáculo se ha dicho, cito textualmente: «se trata de un espectáculo colorista, visual y multitudinario, ya que contará con casi cien personas en escena, y usará varios efectos especiales, se verá el vuelo de un Ícaro, un barco de 16 metros que se construirá en escena en minuto y medio y catapultas.» Y se añade «una obra en cinemascope y technicolor». Es imposible no dejarse convencer por semejante propuesta. Falta convencer a algún actor de renombre, si es posible con buen cartel, ese papel es el de Miriam Díaz Aroca.
Bien, una vez pasado el filtro del programador y pactado el precio, sólo falta pasar por caja. Creo importante añadir que este tipo de sujetos, refugiados en que la cultura es un medio complicado de medir, si se sienten acosados y descubiertos, tienden a decir frases del tipo «la culpa es de los figurantes»,«el escenario no estaba bien preparado para acoger la magnitud del evento», «era un público muy malo» o «este público no ha entendido el mensaje» y se quedan tan anchos. Como es normal en cualquier tipo de timo, una vez engañado el pringao, se le da gato por liebre.
Relataré ahora el gato que tuvimos que comernos; A Ícaro no lo vimos. El barco de dieciséis metros montado en minuto y medio, era, para que me entiendan, como cualquier regalo de esos que aparecen en esos huevos de chocolate con sorpresa, pero grande. No solo no se montó en un minuto y medio sino que a más de espectador le entraron ganas de subir al escenario para ayudar a las montadoras que parecían incapaces de conseguirlo. Sí resultó cierto que hubo más de cien personas en el escenario, pero actores no pudimos ver a ninguno. La revisión del autor sobre su propia obra resultó una broma para cualquier aficionado, chocarrera, soez y ordinaria. La dirección de Corencia, inexistente, ni un solo actor sabía cómo moverse, adónde ir y mucho menos cómo tenía que decir. Con tonillo y sin ritmo ninguno las palabras de Mediero surgían aburridas y sin sentido. Las mejores interpretaciones por parte del elenco de actores fueron las de un burro y sobre todo la de la cabra. Si esto es un grito reivindicativo de la mujer en busca de su espacio en la sociedad, me quedo con la versión de Aristófanes que lo hace con mucha más eficacia.
Me da pena ver el nombre de Aristófanes mezclado en este lamentable proceso, me dan pena los actores que participaron en el mismo. Me da pena ver como la cultura también se puede convertir en un mero trapicheo monetario. El festival de Teatro Clásico de Olite ha recibido un duro golpe en plena fase de crecimiento, espero que sirva para en próximas ediciones se tenga en cuenta y se actúe en consecuencia.
Una vez dentro, se llevaron la publicidad que el festival les ha dado, la ilusión de muchas personas que querían disfrutar de un espectáculo teatral y el dinero pactado que saldrá de los bolsillos de todos los navarros y de muchos espectadores que pagaron su entrada. No hace falta cámara de seguridad para ver las caras de los responsables. Tanto Paco Marsó, productor del evento como Antonio Corencia, director del mismo, paseaban sin ningún tipo de vergüenza por los aledaños del escenario comprobando, con sus propios ojos, cuántos primos caíamos en este nuevo timo, el timo de la función teatral. Van a perdonar que no hablemos de teatro, ya que no es eso lo que vimos en la trasera del castillo de Olite en la noche del viernes. Voy a intentar explicar el timo, para que si alguno de ustedes se encuentra ante circunstancias parecidas esté alerta. La estafa consiste en convencer a algún ingenuo programador de que se encuentra ante un producto de una calidad fuera de lo común. Para persuadir al contratante es importante estar avalado por alguna institución oficial. Aquí, ese papel lo ha ocupado el Festival de Teatro Clásico de Mérida. El interés de los extremeños en homenajear al autor, Martínez Mediero, ha colocado un puente plata a estos desalmados. El propio autor revisará el texto escrito en 1979 y la dirección correrá a cargo del mismo director que la estrenó en 1980. Una vez ganado el interés del pagador, entra en juego la fase de marketing. En este proceso es importante la labia, un apellido conocido y un currículo más o menos importante. Contar con una lengua afilada y no tener una pizca de pudor es fundamental en este proceso del timo. Para vender este espectáculo se ha dicho, cito textualmente: «se trata de un espectáculo colorista, visual y multitudinario, ya que contará con casi cien personas en escena, y usará varios efectos especiales, se verá el vuelo de un Ícaro, un barco de 16 metros que se construirá en escena en minuto y medio y catapultas.» Y se añade «una obra en cinemascope y technicolor». Es imposible no dejarse convencer por semejante propuesta. Falta convencer a algún actor de renombre, si es posible con buen cartel, ese papel es el de Miriam Díaz Aroca.
Bien, una vez pasado el filtro del programador y pactado el precio, sólo falta pasar por caja. Creo importante añadir que este tipo de sujetos, refugiados en que la cultura es un medio complicado de medir, si se sienten acosados y descubiertos, tienden a decir frases del tipo «la culpa es de los figurantes»,«el escenario no estaba bien preparado para acoger la magnitud del evento», «era un público muy malo» o «este público no ha entendido el mensaje» y se quedan tan anchos. Como es normal en cualquier tipo de timo, una vez engañado el pringao, se le da gato por liebre.
Relataré ahora el gato que tuvimos que comernos; A Ícaro no lo vimos. El barco de dieciséis metros montado en minuto y medio, era, para que me entiendan, como cualquier regalo de esos que aparecen en esos huevos de chocolate con sorpresa, pero grande. No solo no se montó en un minuto y medio sino que a más de espectador le entraron ganas de subir al escenario para ayudar a las montadoras que parecían incapaces de conseguirlo. Sí resultó cierto que hubo más de cien personas en el escenario, pero actores no pudimos ver a ninguno. La revisión del autor sobre su propia obra resultó una broma para cualquier aficionado, chocarrera, soez y ordinaria. La dirección de Corencia, inexistente, ni un solo actor sabía cómo moverse, adónde ir y mucho menos cómo tenía que decir. Con tonillo y sin ritmo ninguno las palabras de Mediero surgían aburridas y sin sentido. Las mejores interpretaciones por parte del elenco de actores fueron las de un burro y sobre todo la de la cabra. Si esto es un grito reivindicativo de la mujer en busca de su espacio en la sociedad, me quedo con la versión de Aristófanes que lo hace con mucha más eficacia.
Me da pena ver el nombre de Aristófanes mezclado en este lamentable proceso, me dan pena los actores que participaron en el mismo. Me da pena ver como la cultura también se puede convertir en un mero trapicheo monetario. El festival de Teatro Clásico de Olite ha recibido un duro golpe en plena fase de crecimiento, espero que sirva para en próximas ediciones se tenga en cuenta y se actúe en consecuencia.
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