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8 octubre de 2008
El Ateneo Republicano de Valladolid rinde homenaje al dramaturgo De Rivas Cherif, figura clave en la modernización de la escena española
A. CORBILLÓN
VALLADOLID
De Rivas Cherif (de pie) charla con Miguel de Unamuno
EL NORTE
EL HOMENAJE
Lugar: Ateneo Republicano de Valladolid (c/Piedad 1-3).
Día y hora: Jueves, 9 de octubre. 20 horas.
Participantes: Fernando Urdiales (director de Teatro Corsario), Fernando Herrero (crítico teatral de El Norte de Castilla), Elisa Colías (actriz y gestora cultural) y Miguel Ángel Pérez (gestor cultural).Dice de él que era inasequible al desaliento, pero trabaja siempre en segunda fila. El pasado año se cumplieron cuatro décadas de la muerte de Cipriano de Rivas Cherif (1891-1967) en cuyo currículum habría que poner muchas actividades para tratar de abarcar su enorme obra. Para muchos historiadores fue el amigo, cuñado y secretario del último presidente de la República, Manuel Azaña.
Pero fue también abogado, actor, poeta, novelista, traductor, dramaturgo y, sobre todo, una de las manos más importantes que explica la génesis de la estructura que todavía hoy puede apreciarse en el teatro español. Instituciones como el Centro Dramático Nacional o el festival de teatro clásico de Mérida (que creó junto a Margarita Xirgu y que ya ha cumplido sus bodas de platino), no se entenderían sin las aportaciones de este hombre, al que el Ateneo Republicano de Valladolid rendirá un homenaje mañana.
A pesar de su origen madrileño, Cipriano de Rivas tuvo una gran relación con Valladolid en cuya universidad estudió derecho. El matrimonio de su hermana con Azaña y las posesiones familiares en Villalba de los Alcores le llevaron a pasar largas temporadas en su finca de esta localidad vallisoletana. De sus viajes de juventud por Europa, sobre todo Italia y Francia, trajo conceptos nuevos que aplicó a la renovación del teatro español, marcado hasta entonces por una idea de espectáculo de entretenimiento burgués sin más ambiciones.
Grandes nombres
Unos aires a los que ayudó su conexión con las mentes más lúcidas de su tiempo: Valle-Inclán, Unamuno o García-Lorca (escenificó casi todas sus obras) entre otros muchos. Incluso en casa de la saga de los Baraja improvisó un teatrito para iniciados que llamó El Mirlo Blanco.
En todo caso, De Rivas Cherif entendió el teatro como un derecho universal y como una actividad de 'servicio público'. En esta línea, apostó por la necesidad de formar a los actores y a las empresas y dotar a los proyectos de todos los medios técnicos que les permitieran parecerse a lo que llegaba del otro lado de la frontera. Ambiciones que se cortaron a este lado, en casa, con el estallido de la Guerra Civil. Sin delitos de sangre, su vida se convirtió en un argumento teatral. Encarcelado en el penal de El Dueso (Cantabria), aplicó su visión pedagógica y rehabilitadora del teatro montando hasta 20 obras con los presos.
Tras serle conmutada la pena de muerte por el exilio, murió en México donde fue uno más de los muchos intelectuales españoles que dejaron en los países de acogida parte de la obra que no pudieron desarrollar en España. Allí murió haciendo monólogos de León Felipe o Rafael Alberti.
Para muchos, Cipriano de Rivas Cherif forma parte de esas mentes que pudieron conformar el segundo Siglo de Oro español. Una aportación desperdiciada, olvidada durante décadas, y de la que el país todavía no ha acabado de pagar 'peaje'.
8 octubre de 2008
El Ateneo Republicano de Valladolid rinde homenaje al dramaturgo De Rivas Cherif, figura clave en la modernización de la escena española
A. CORBILLÓN
VALLADOLID
De Rivas Cherif (de pie) charla con Miguel de Unamuno
EL NORTE
EL HOMENAJE
Lugar: Ateneo Republicano de Valladolid (c/Piedad 1-3).
Día y hora: Jueves, 9 de octubre. 20 horas.
Participantes: Fernando Urdiales (director de Teatro Corsario), Fernando Herrero (crítico teatral de El Norte de Castilla), Elisa Colías (actriz y gestora cultural) y Miguel Ángel Pérez (gestor cultural).Dice de él que era inasequible al desaliento, pero trabaja siempre en segunda fila. El pasado año se cumplieron cuatro décadas de la muerte de Cipriano de Rivas Cherif (1891-1967) en cuyo currículum habría que poner muchas actividades para tratar de abarcar su enorme obra. Para muchos historiadores fue el amigo, cuñado y secretario del último presidente de la República, Manuel Azaña.
Pero fue también abogado, actor, poeta, novelista, traductor, dramaturgo y, sobre todo, una de las manos más importantes que explica la génesis de la estructura que todavía hoy puede apreciarse en el teatro español. Instituciones como el Centro Dramático Nacional o el festival de teatro clásico de Mérida (que creó junto a Margarita Xirgu y que ya ha cumplido sus bodas de platino), no se entenderían sin las aportaciones de este hombre, al que el Ateneo Republicano de Valladolid rendirá un homenaje mañana.
A pesar de su origen madrileño, Cipriano de Rivas tuvo una gran relación con Valladolid en cuya universidad estudió derecho. El matrimonio de su hermana con Azaña y las posesiones familiares en Villalba de los Alcores le llevaron a pasar largas temporadas en su finca de esta localidad vallisoletana. De sus viajes de juventud por Europa, sobre todo Italia y Francia, trajo conceptos nuevos que aplicó a la renovación del teatro español, marcado hasta entonces por una idea de espectáculo de entretenimiento burgués sin más ambiciones.
Grandes nombres
Unos aires a los que ayudó su conexión con las mentes más lúcidas de su tiempo: Valle-Inclán, Unamuno o García-Lorca (escenificó casi todas sus obras) entre otros muchos. Incluso en casa de la saga de los Baraja improvisó un teatrito para iniciados que llamó El Mirlo Blanco.
En todo caso, De Rivas Cherif entendió el teatro como un derecho universal y como una actividad de 'servicio público'. En esta línea, apostó por la necesidad de formar a los actores y a las empresas y dotar a los proyectos de todos los medios técnicos que les permitieran parecerse a lo que llegaba del otro lado de la frontera. Ambiciones que se cortaron a este lado, en casa, con el estallido de la Guerra Civil. Sin delitos de sangre, su vida se convirtió en un argumento teatral. Encarcelado en el penal de El Dueso (Cantabria), aplicó su visión pedagógica y rehabilitadora del teatro montando hasta 20 obras con los presos.
Tras serle conmutada la pena de muerte por el exilio, murió en México donde fue uno más de los muchos intelectuales españoles que dejaron en los países de acogida parte de la obra que no pudieron desarrollar en España. Allí murió haciendo monólogos de León Felipe o Rafael Alberti.
Para muchos, Cipriano de Rivas Cherif forma parte de esas mentes que pudieron conformar el segundo Siglo de Oro español. Una aportación desperdiciada, olvidada durante décadas, y de la que el país todavía no ha acabado de pagar 'peaje'.