Federico García Lorca. Su sólo nombre está
cargado de todo un imaginario artístico, poético, teatral, creativo,
vanguardista, incluso de género, y también de una significación personal frente
a la barbarie fascista que perpetró su asesinato. (Es necesario que sigamos
recordando que Lorca es el gran mártir de la guerra civil −junto a Machado y a
Miguel Hernández− y que sigue enterrado en una cuneta sin que se hallen sus
restos). Poeta de innegable valor, Lorca fue un artista completo, que tocó
todas las ramas del arte y lo divulgó allá donde estuvo. Se atrevió además a
cruzar la línea de la convención marcada y nos regaló piezas que no serían
comprendidas ni valoradas hasta mucho tiempo después, como ese maravilloso
Poeta en Nueva York, o El público, o la incompleta Comedia sin título.
Pero sus orígenes artísticos se enraizaban en
la cultura popular de su tierra, en sus romanceros gitanos, en sus dramas
rurales. Bodas de sangre es uno de ellos. El poeta la escribió a partir de una
noticia aparecida en el periódico que le inspiró, años después, su obra. Las
ocasiones en que se ha montado, en todas partes del globo, por todo tipo de
grupos, profesionales o amateurs, en toda clase de versiones, son innumerables.
De ahí que sea una pieza que, de haberla leído o visto en varias ocasiones, y
más allá de admirar el lirismo del texto, o de la curiosidad por la apuesta
escénica de la directora o director en cuestión, no esperas que vaya a
sorprenderte en exceso. O incluso hay quien prefiere el teatro imposible de
Lorca a sus dramas rurales, que siente más alejados, de otra época. Tanto si tu
caso es el primero, como si es el segundo, debes correr al teatro de la
Biblioteca de Catalunya para ver el montaje de Bodas de sangre de La Perla 29,
dirigido por Oriol Broggi y protagonizado por un reparto de lujo, compuesto por
la gran Clara Segura, Nora Navas, Pau Roca, Ivan Benet, Montse Vellvehí y Anna
Castells, además de Juguetón, un hermoso caballo oscuro que sale al paso y al
trote en varios momentos de la pieza, y de un trío musical imprescindible
formado por Joan Garriga, Marià Roch i Marc Serra.
El montaje de Broggi ha logrado escenificar
aquella cita lorquiana tan célebre (y que completamos) de que “el teatro es la
poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse, habla, grita,
llora y se desespera. El teatro necesita que los personajes que aparezcan en la
escena lleven un traje de poesía y al mismo tiempo que se les vean los huesos,
la sangre. Han de ser tan humanos, tan horrorosamente trágicos y ligados a la
vida y al día con una fuerza tal, que muestren sus tradiciones, que se aprecien
sus olores, y que salga a los labios toda la valentía de sus palabras llenas de
amor o de ascos”. Eso es justo lo que se ve y, sobre todo, se siente durante
las dos horas de representación. Una fuerza poética que surge del escenario y
atrapa a público e intérpretes en un torbellino de emociones que pueden llegar
a estremecernos.
Hay tres puntos fundamentales −más allá de la
sabiduría escénica con que ha sido dirigido y el gran trabajo interpretativo−
que contribuyen a hacer de este montaje una exquisita obra maestra. El primero
es la presencia hipnótica del caballo en escena, que es además una figura
fundamental en toda la obra lorquiana mediante la que el poeta representaba la
pulsión sexual. El segundo es su banda sonora en directo que arropa la poesía
del texto y que es un personaje más de la función. Una banda sonora que dan
ganas de llevarse a casa si estuviera registrada. Y el tercero es el gran
homenaje a Lorca que ofrece Broggi, con varios guiños entrañables como la
incursión del himno de La Barraca o esa “Leyenda del tiempo” con la que cierran
la función todos los artistas.
Montar un clásico contemporáneo con estas
características, respetando su tradición a la vez que se ofrece algo novedoso,
y que se junten en escenas talentos tan grandes como el que llevan demostrando
Broggi y el equipo de La Perla 29 desde hace tiempo, y el duende del poeta
granaíno hace que salgas del teatro como si flotaras, con la seguridad de acabar
de presenciar algo muy grande. Eso explica perfectamente por qué es la tercera
vez que reponen el espectáculo, que se estrenó en el Festival Grec 2017 el
verano pasado, que ha estado de gira, y que estará ahora hasta el 28 de julio,
para volver a estar en cartel también en septiembre.
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Por Esther Lázaro - jueves, 12 | julio
Fuente: La Perla 29

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