17 de juliol de 2006
BAEZA (JAÉN),
El director teatral y catedrático de Teoría y Práctica del Teatro de la Universidad de Murcia (UM) César Oliva afirmó hoy que la salud del teatro español "sigue en precario porque probablemente sea muy difícil levantar la losa que ha caído sobre la creación dramática, ya que, aunque el espectáculo se hace muy bien y hay muchos recursos, los contenidos son muy pobres".
Oliva, que participa en la Escuela de Teatro que la Universidad Internacional de Andalucía organiza desde hoy en Baeza (Jaén) dentro de sus cursos de verano, concretó que el problema es que "hay pocas exigencias en los contenidos que se ofrecen al público y muchas en las formas, puesto que los medios de ahora nunca se han tenido y, sin embargo, falta chispa e intención".
En declaraciones a Europa Press, el catedrático de la UM destacó que el teatro "siempre ha sido un lugar que además de ofrecer algo placentero ha encerrado una lección, y actualmente muy pocas veces es capaz de conmover como lo hacía 'Bodas de sangre' (Federico García Lorca) o 'Luces de bohemia' (Valle-Inclán)". Oliva señaló a los medios de comunicación como competidores directos del escenario en cuanto a dispensadores de contenidos se refiere, por lo que enfatizó que la misión del teatro "es difícil, ya que no sólo ha ofrecer contenidos, sino que además debe invitar a la reflexión".
En cuanto a la evolución del teatro en el nuevo siglo, cuestión sobre la que César Oliva dirigió un foro en 2002 en Valladolid ('El Teatro español frente al siglo XXI'), indicó que en los pocos años que llevamos "no hay muchas señas que marquen diferencias sustanciales, algo lógico porque los cambios no se producen de un día para otro, pero lo preocupante es que tampoco hay indicios de que los vaya a haber".
Sin embargo, César Oliva sí acució un cambio en el espectador del siglo XXI, "ya que está muy acomodado a todo, más que nada al mando a distancia, y eso produce efectos determinados, porque la gente se acostumbra a ir a ver cosas que sabe seguro que le gustará y no se arriesga a probar con obras que en principio no le llama la atención".
Así, concretó que en los últimos años el número de espectadores "se incrementa según la sociedad de autores, pero no se sabe si son espectadores de toda la vida o son coyunturales que asisten a festivales de teatro, a musicales de importación, o cualquier espectáculo puntual". "El público es muy conservador --añadió-- y hace falta algo que reactive su conciencia para que se sienta en la necesidad de renovarse como espectador".
Un factor que suele servir como atractivo en los escenarios es la
presencia de figuras conocidas en el reparto, y según subrayó Oliva, "parte de esa crisis del teatro español es que no hay grandes figuras dramáticas, sino que la mayoría proviene de la televisión, y a veces no funcionan tan bien en el teatro como en la pequeña pantalla".
En esa línea, el catedrático de la UM explicó que hay escuelas de arte dramático que intentan concienciar a los alumnos de la importancia que tiene ofrece contenidos de calidad y compañías de teatro que están preocupadas por renovar sus líneas de actuación, incluso el Centro Dramático Nacional "está haciendo una buena programación para salirse de lo convencional, con lo que el panorama no es en absoluto sombrío", según manifestó Oliva.
Respecto al papel de las autoridades por impulsar la oferta dramática, el director teatral afirmó que el Ministerio de Cultura "lleva un par de años con ganas de plantear cambios y mejoras, lo que pasa es que muy complicado, pero la Compañía de Teatro Nacional o de Teatro Clásico intentan ofrecer algo diferente".
"Aún así, falta mucho por hacer --añadió--, sobre todo si se tiene en cuenta que la política cambia muy rápido y no existe una línea de actuación común en materia dramática entre los partidos, por lo que cada cuatro años suele pasar que se cambian los esquemas".
En cuanto a si la celebración de festivales de teatro favorece la situación, Oliva respondió que "hay una política de festivales demasiado dispersa y diferente, aunque siempre es interesante porque permite ver agrupados muchos espectáculos que normalmente no hay oportunidad de ver, pero hay que tener cuidado --advirtió-- porque también puede ser una trampa, ya que hay ciudades que utilizan los festivales como excusa para no hacer una política teatral durante toda la temporada".
Oliva, que participa en la Escuela de Teatro que la Universidad Internacional de Andalucía organiza desde hoy en Baeza (Jaén) dentro de sus cursos de verano, concretó que el problema es que "hay pocas exigencias en los contenidos que se ofrecen al público y muchas en las formas, puesto que los medios de ahora nunca se han tenido y, sin embargo, falta chispa e intención".
En declaraciones a Europa Press, el catedrático de la UM destacó que el teatro "siempre ha sido un lugar que además de ofrecer algo placentero ha encerrado una lección, y actualmente muy pocas veces es capaz de conmover como lo hacía 'Bodas de sangre' (Federico García Lorca) o 'Luces de bohemia' (Valle-Inclán)". Oliva señaló a los medios de comunicación como competidores directos del escenario en cuanto a dispensadores de contenidos se refiere, por lo que enfatizó que la misión del teatro "es difícil, ya que no sólo ha ofrecer contenidos, sino que además debe invitar a la reflexión".
En cuanto a la evolución del teatro en el nuevo siglo, cuestión sobre la que César Oliva dirigió un foro en 2002 en Valladolid ('El Teatro español frente al siglo XXI'), indicó que en los pocos años que llevamos "no hay muchas señas que marquen diferencias sustanciales, algo lógico porque los cambios no se producen de un día para otro, pero lo preocupante es que tampoco hay indicios de que los vaya a haber".
Sin embargo, César Oliva sí acució un cambio en el espectador del siglo XXI, "ya que está muy acomodado a todo, más que nada al mando a distancia, y eso produce efectos determinados, porque la gente se acostumbra a ir a ver cosas que sabe seguro que le gustará y no se arriesga a probar con obras que en principio no le llama la atención".
Así, concretó que en los últimos años el número de espectadores "se incrementa según la sociedad de autores, pero no se sabe si son espectadores de toda la vida o son coyunturales que asisten a festivales de teatro, a musicales de importación, o cualquier espectáculo puntual". "El público es muy conservador --añadió-- y hace falta algo que reactive su conciencia para que se sienta en la necesidad de renovarse como espectador".
Un factor que suele servir como atractivo en los escenarios es la
presencia de figuras conocidas en el reparto, y según subrayó Oliva, "parte de esa crisis del teatro español es que no hay grandes figuras dramáticas, sino que la mayoría proviene de la televisión, y a veces no funcionan tan bien en el teatro como en la pequeña pantalla".
En esa línea, el catedrático de la UM explicó que hay escuelas de arte dramático que intentan concienciar a los alumnos de la importancia que tiene ofrece contenidos de calidad y compañías de teatro que están preocupadas por renovar sus líneas de actuación, incluso el Centro Dramático Nacional "está haciendo una buena programación para salirse de lo convencional, con lo que el panorama no es en absoluto sombrío", según manifestó Oliva.
Respecto al papel de las autoridades por impulsar la oferta dramática, el director teatral afirmó que el Ministerio de Cultura "lleva un par de años con ganas de plantear cambios y mejoras, lo que pasa es que muy complicado, pero la Compañía de Teatro Nacional o de Teatro Clásico intentan ofrecer algo diferente".
"Aún así, falta mucho por hacer --añadió--, sobre todo si se tiene en cuenta que la política cambia muy rápido y no existe una línea de actuación común en materia dramática entre los partidos, por lo que cada cuatro años suele pasar que se cambian los esquemas".
En cuanto a si la celebración de festivales de teatro favorece la situación, Oliva respondió que "hay una política de festivales demasiado dispersa y diferente, aunque siempre es interesante porque permite ver agrupados muchos espectáculos que normalmente no hay oportunidad de ver, pero hay que tener cuidado --advirtió-- porque también puede ser una trampa, ya que hay ciudades que utilizan los festivales como excusa para no hacer una política teatral durante toda la temporada".
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