21 agost 2006
Fue en 1935 cuando se puso por primera vez en escena la obra en este municipio del Valle del Guadiato. Un madrileño, Emilo Goyanes, será el encargado de dirigir este año la novena edición de la representación, que convertirá a unos ochenta vecinos del pueblo en actores hasta el próximo sábado, en la Plaza Lope de Vega.
-El teatro popular supone un nuevo reto en su carrera. ¿Qué puede decir de esta experiencia?
-Ha sido impresionante. Ya había trabajado en cosas similares, como el Festival Medieval de Cáceres en 1989, pero realmente ésta es la primera vez que monto una representación de este tipo. Mentiría si digo que no dudé cuando me ofrecieron el proyecto. Era algo muy grande. No sabía los inconvenientes y las ventajas que me iba a encontrar. De hecho hemos ido superando dificultades de todo tipo. Pero éste es el pan nuestro de cada día. Todo espectáculo de teatro es una aventura: un viaje a un país desconocido. Siempre parece imposible, pero al final se consigue.
-Debe de ser muy peculiar a la vez que difícil dirigir una puesta en escena con actores no profesionales.
-Sí, es complicado, todo un desafío. Obviamente hace falta renunciar a ciertas pautas que empleas normalmente, e inventar otras nuevas. Necesitas mucha flexibilidad contigo mismo, con tus criterios, con la manera de enfrentarte al trabajo. También hay que tener mano izquierda. No diría paciencia, pero sí un talante tranquilo, para aceptar lo que te van contando, las dudas que se plantean a lo largo de los ensayos. Un actor profesional ya tiene asumidos un montón de conceptos, digamos que ya ha adquirido una rutina. Es verdad que contamos con actores que antes ya habían hecho teatro aficionado, pero la mayoría se suben por primera vez a un escenario.
-Usted afirmó en cierta ocasión que con este tipo de representaciones «el teatro adquiere su verdadero sentido social». ¿A qué se refería exactamente?
-Un escritor francés dijo en los años treinta que el teatro debía ser como la peste, esto es, tenía que llegar a trastornar la vida de la población. De alguna manera esto se consigue con el teatro popular, pues trasforma la cotidianidad del pueblo durante un tiempo. Al final se cumple una labor de agitación. Yo creo que la principal función del teatro debe ser remover las conciencias. Es uno de los patrimonios vivos y en evolución constante de la cultura de un país. Por eso el teatro debe servir de revulsivo de la sociedad.
-Dicen que usted ha conseguido dar un giro importante a la representación. ¿Cuáles son las principales novedades de esta edición?
-Realmente es casi todo nuevo: el enfoque de los personajes, la puesta en escena, la iluminación, la música. Son puntos diferentes, tan respetables unos como otros. Yo he querido otorgar al pueblo, a los vecinos, una mayor presencia. éste creo que ha sido el cambio fundamental, No es que se haya aumentado el número de actores, sino que es una cuestión de tiempo, aparecen más en el escenario.
-Para muchos críticos, «Fuenteovejuna» es la mejor obra teatral de Lope de Vega. ¿Qué valor guarda este texto?
-Si esta obra se ha representado en todo el mundo a lo largo del siglo XX y finales del XIX, será por algo. Fundamentalmente, su valor radica en que trata un tema universal: la lucha entre el pueblo y un poder tiránico. Un conflicto que ha permanecido siempre vigente, porque está en la propia esencia de la vida. No puedes consentir que te aplasten, que te pisoteen. Cuando te atan de pies y manos, necesariamente debes rebelarte. Hoy sigue habiendo dictaduras, bolsas de pobreza, problemas nunca resueltos, avaricia. Aunque cambien sus caras, los lobos continúan ahí. Esta obra plantea este conflicto eterno de una manera muy heroica, y ademñas muy positiva para el pueblo, pues acaba triunfando. Transmite un mensaje alentador.
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