5 de setembre de 2006
En el arranque de la temporada, la capital británica presenta un esplendoroso panorama de estrenos y reposiciones
JUSTO RUIZ
JUSTO RUIZ
londres. La referencia indiscutible de la producción teatral en Europa sigue siendo Londres, tanto para los espectáculos sobre autores vivos como para interpretar a los clásicos, ya sean comedias o tragedias, musicales o montajes de vanguardia. Este estimulante viaje emocional a los escenarios londinenses tiene un prólogo en nuestro país, donde la compañía inglesa Check By Jowl dirigida por Declan Donnellan ha presentado su extraordinario montaje de la obra de Middleton y Rowley The Changeling (El intercambio). Donnellan siente debilidad por España, y más concretamente por Sevilla, que aclamó con entusiasmo su Fuenteovejuna en el Teatro Lope de Vega durante la Expo 92.
The Changeling se sitúa en Alicante y cuenta una historia terrible y demoledora, llena de oscuridad y sarcasmo interpretada por actores tan espléndidos con Hill Keen, que ya había impresionado en la obra de Tom Stoppard La costa de la utopía en el National Theatre londinense.
Y es la obra de Tom Stoppard Rock'n'Roll uno de los acontecimientos más interesantes y atractivos del panorama teatral británico. La última obra de Stoppard se representa en el Duke of York's Theatre y está dirigido por el magnífico Trevor Nunn e interpretada por actores de la talla de Brian Cox, Sinead Cusack o Rufus Sewell. La obra, que el autor dedica a Václav Havel, abarca desde 1968 a 1990 en la doble perspectiva de Praga, donde la música rock simboliza la oposición al régimen comunista, y Cambridge, donde los acontecimientos configuran la vida de tres generaciones de un profesor marxista. Es toda una reflexión sobre nuestra época y, sobre todo, sobre los conceptos de amor y libertad.
Al terminar, entusiasmado no pude resistir el impulso de ir a felicitar a la actriz Sinead Cusack, hija del gran actor Cyril Cusack, mujer encantadora y conmovedora actriz, y al pasar a su camerino me llevé la grata sorpresa de que estaba con ella su marido: Jeremy Irons.
Y si quieren disfrutar, si quieren pasar una tarde deliciosa les recomiendo este musical: Sunday in the Park with George, de Stephen Sondheim, en el Wyndham's Theatre. Se trata de una fantasía musical sobre el pintor francés George Seurat y el momento de crear su famoso cuadro Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte. Una puesta en escena inteligente, sensible y de una gran calidad musical. Daniel Evans y Jenna Russell, a la que se vio la temporada pasada en Guys and Dolls con Ewan McGregor, encabezan el magnífico reparto.
Si prefieren pasar un buen rato al aire libre, donde el ambiente festivo está asegurado, pueden acudir al Globe Theatre, junto a la Tate Modern a orillas del Támesis y contemplar la divertida farsa de Shakespeare La comedia de los errores, basada en Plauto. O el gran poema épico Coriolano, o la macabra historia de Titus Andrónico o la sublime, bella y trágica historia de amor de Antonio y Cleopatra, dirigida por Dominic Dromgoole, el nuevo responsable de The Globe Theatre y protagonizada por una insuperable Frances Barber.
Y otra gran actriz, Judi Dench, tan conocida por el cine, triunfa en el Royal Haymarket Theatre en la comedia Noel Coward La fiebre del heno, en un espectacular montaje bajo la dirección de Peter Hall.
A veces la sospecha, la deslealtad en la frágil convivencia humana, pueden conducirnos a crear en nosotros un clima interior de turbación difícilmente superable. Y eso es lo que le ocurre al protagonista de la obra de James Joyce Exiliados, que se ofrece en la sala Cottesloe del National Theatre. La obra de Joyce, dirigida por James Macdonald, nos introduce en un capítulo de su vida en la que la fidelidad de su amante Nora Barnacle es puesta a prueba y desencadena una tormentosa relación. Teatro de texto, de gran intensidad dramática en una puesta en escena medida, vibrante, de notable penetración sicológica que constituye un verdadero deleite para el buen aficionado al mejor teatro. Hay que verla porque tanto la calidad del texto como su puesta en escena son insuperables.
Y otro montaje del National Theatre que no hay que perderse es el Galileo Galilei de Bertolt Brecht en versión de David Hare. Esta puesta en escena de la vida de Galileo que dirige Howard Davies, uno de los grandes del teatro inglés que prepara un montaje para septiembre en el Old Vic con Kevin Spacey de la obra de O'Neill Una luna para el bastardo, es un montaje de los que hacen época. Con vestimenta contemporánea, la obra de Brecht alcanza una grandeza y un virtuosismo difícilmente superables. Simon Russell Beale encarna a un Galileo absolutamente impresionante, tan memorable como el de Charles Laughton de 1947. La sala grande del National Theatre se llena a diario con un público subyugado por tan bello espectáculo.
Katie Mitchell es una directora siempre interesante que trabaja con grandes textos de Esquilo, de Eurípides, de Chejov o de Pinter. Es una gran creadora de atmósferas e investigadora sagaz en la verdadera raíz del drama. Me impresionaron sus Tres Hermanas y su Ifigenia en Aulide del pasado año. Ahora tiene en el National Theatre otro Chejov, La gaviota, en la sala Lyttelton en versión de Martin Crimp y con Juliet Stevenson como Arkadina. Un muy sólido trabajo interpretativo y un audaz, arriesgado y muy persona, criterio de dirección.
Existen una evidente y justificada conexión entre la tragedia griega y el drama contemporáneo norteamericano ya iniciada con Eugéne O'Neill y continuada lógicamente por autores actuales como Sam Shepard. En el Apollo Theatre podemos ver uno de los textos más representativos de Shepard, Fool for Love (Loco de amor) con un reparto encabezado por Juliette Lewis, la joven estrella americana que hemos visto en películas de Scorsese, Woody Allen u Oliver Stone. Esta historia de amor que surge como un estallido de violencia en un motel al borde del desierto en el lejano oeste americano no está muy lejos de las áridas tierras homéricas y su poesía y su violencia purificadoras son de igual naturaleza. Todos están a gran altura en calidad y energía y este texto ya es un clásico.
La Royal Shakespeare Company, que este año ha estado en el Festival de Almagro con Los cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer, los pone en escena en el Gielgud Theatre. Esa mirada lasciva, irreverente, crítica y desenfadada a los hechos y conductas del mundo que nos rodea, como hacía Chaucer, es muy saludable en estos tiempos de tan agrio porvenir. Un auténtico gozo para los sentidos y una notable reflexión para la inteligencia.
Y música. Aparte de aquellos musicales que continúan en cartel, como Los Miserables, El fantasma de la ópera, Billy Elliot o Los Productores (del que el actor Santiago Segura prepara la versión española aunque no sabe cantar, ¿para cuándo un tribunal de delitos estéticos?), todos ellos recomendables, pueden asistir a un auténtico delirio de imaginación, de encanto, de magia y de calidad de un buen gran espectáculo: Mary Poppins en el Prince Edgard, en pleno West End. Su música, sus coreografías, su energía, su gracia y su vitalidad son realmente contagiosas. Su director, Richard Eyre, otro de los grandes, ha conseguido, con todos los medios posibles, una obra maestra, un espectáculo, por decirlo en una palabra: supercalifragilisticoexpialidoso. Soberbio.
Otros musicales se reponen en nuevas versiones, como el mítico Cabaret con Natalie Portman como Sally, en el Apollo, con coreografía de Javier de Frutos a punto de estreno. The Sound of Music (Sonrisas y lágrimas) de Rogers y Hammerstein II en el London Palladium Theatre volverá en noviembre.
Una reposición que merece nuestro aplauso es Evita en el Adelphi, sustituyendo a Chicago, que pasa al Cambridge Theatre. El musical de Tim Rice y Andrew Lloyd Webber dirigido por Michael Grandage nos brinda a una protagonista excepcional: la argentina Elena Roger, tan prodigiosa como lo fue en su día Elaine Paige.
Una auténtica maravilla. Pasen, pasen… y disfruten.
The Changeling se sitúa en Alicante y cuenta una historia terrible y demoledora, llena de oscuridad y sarcasmo interpretada por actores tan espléndidos con Hill Keen, que ya había impresionado en la obra de Tom Stoppard La costa de la utopía en el National Theatre londinense.
Y es la obra de Tom Stoppard Rock'n'Roll uno de los acontecimientos más interesantes y atractivos del panorama teatral británico. La última obra de Stoppard se representa en el Duke of York's Theatre y está dirigido por el magnífico Trevor Nunn e interpretada por actores de la talla de Brian Cox, Sinead Cusack o Rufus Sewell. La obra, que el autor dedica a Václav Havel, abarca desde 1968 a 1990 en la doble perspectiva de Praga, donde la música rock simboliza la oposición al régimen comunista, y Cambridge, donde los acontecimientos configuran la vida de tres generaciones de un profesor marxista. Es toda una reflexión sobre nuestra época y, sobre todo, sobre los conceptos de amor y libertad.
Al terminar, entusiasmado no pude resistir el impulso de ir a felicitar a la actriz Sinead Cusack, hija del gran actor Cyril Cusack, mujer encantadora y conmovedora actriz, y al pasar a su camerino me llevé la grata sorpresa de que estaba con ella su marido: Jeremy Irons.
Y si quieren disfrutar, si quieren pasar una tarde deliciosa les recomiendo este musical: Sunday in the Park with George, de Stephen Sondheim, en el Wyndham's Theatre. Se trata de una fantasía musical sobre el pintor francés George Seurat y el momento de crear su famoso cuadro Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte. Una puesta en escena inteligente, sensible y de una gran calidad musical. Daniel Evans y Jenna Russell, a la que se vio la temporada pasada en Guys and Dolls con Ewan McGregor, encabezan el magnífico reparto.
Si prefieren pasar un buen rato al aire libre, donde el ambiente festivo está asegurado, pueden acudir al Globe Theatre, junto a la Tate Modern a orillas del Támesis y contemplar la divertida farsa de Shakespeare La comedia de los errores, basada en Plauto. O el gran poema épico Coriolano, o la macabra historia de Titus Andrónico o la sublime, bella y trágica historia de amor de Antonio y Cleopatra, dirigida por Dominic Dromgoole, el nuevo responsable de The Globe Theatre y protagonizada por una insuperable Frances Barber.
Y otra gran actriz, Judi Dench, tan conocida por el cine, triunfa en el Royal Haymarket Theatre en la comedia Noel Coward La fiebre del heno, en un espectacular montaje bajo la dirección de Peter Hall.
A veces la sospecha, la deslealtad en la frágil convivencia humana, pueden conducirnos a crear en nosotros un clima interior de turbación difícilmente superable. Y eso es lo que le ocurre al protagonista de la obra de James Joyce Exiliados, que se ofrece en la sala Cottesloe del National Theatre. La obra de Joyce, dirigida por James Macdonald, nos introduce en un capítulo de su vida en la que la fidelidad de su amante Nora Barnacle es puesta a prueba y desencadena una tormentosa relación. Teatro de texto, de gran intensidad dramática en una puesta en escena medida, vibrante, de notable penetración sicológica que constituye un verdadero deleite para el buen aficionado al mejor teatro. Hay que verla porque tanto la calidad del texto como su puesta en escena son insuperables.
Y otro montaje del National Theatre que no hay que perderse es el Galileo Galilei de Bertolt Brecht en versión de David Hare. Esta puesta en escena de la vida de Galileo que dirige Howard Davies, uno de los grandes del teatro inglés que prepara un montaje para septiembre en el Old Vic con Kevin Spacey de la obra de O'Neill Una luna para el bastardo, es un montaje de los que hacen época. Con vestimenta contemporánea, la obra de Brecht alcanza una grandeza y un virtuosismo difícilmente superables. Simon Russell Beale encarna a un Galileo absolutamente impresionante, tan memorable como el de Charles Laughton de 1947. La sala grande del National Theatre se llena a diario con un público subyugado por tan bello espectáculo.
Katie Mitchell es una directora siempre interesante que trabaja con grandes textos de Esquilo, de Eurípides, de Chejov o de Pinter. Es una gran creadora de atmósferas e investigadora sagaz en la verdadera raíz del drama. Me impresionaron sus Tres Hermanas y su Ifigenia en Aulide del pasado año. Ahora tiene en el National Theatre otro Chejov, La gaviota, en la sala Lyttelton en versión de Martin Crimp y con Juliet Stevenson como Arkadina. Un muy sólido trabajo interpretativo y un audaz, arriesgado y muy persona, criterio de dirección.
Existen una evidente y justificada conexión entre la tragedia griega y el drama contemporáneo norteamericano ya iniciada con Eugéne O'Neill y continuada lógicamente por autores actuales como Sam Shepard. En el Apollo Theatre podemos ver uno de los textos más representativos de Shepard, Fool for Love (Loco de amor) con un reparto encabezado por Juliette Lewis, la joven estrella americana que hemos visto en películas de Scorsese, Woody Allen u Oliver Stone. Esta historia de amor que surge como un estallido de violencia en un motel al borde del desierto en el lejano oeste americano no está muy lejos de las áridas tierras homéricas y su poesía y su violencia purificadoras son de igual naturaleza. Todos están a gran altura en calidad y energía y este texto ya es un clásico.
La Royal Shakespeare Company, que este año ha estado en el Festival de Almagro con Los cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer, los pone en escena en el Gielgud Theatre. Esa mirada lasciva, irreverente, crítica y desenfadada a los hechos y conductas del mundo que nos rodea, como hacía Chaucer, es muy saludable en estos tiempos de tan agrio porvenir. Un auténtico gozo para los sentidos y una notable reflexión para la inteligencia.
Y música. Aparte de aquellos musicales que continúan en cartel, como Los Miserables, El fantasma de la ópera, Billy Elliot o Los Productores (del que el actor Santiago Segura prepara la versión española aunque no sabe cantar, ¿para cuándo un tribunal de delitos estéticos?), todos ellos recomendables, pueden asistir a un auténtico delirio de imaginación, de encanto, de magia y de calidad de un buen gran espectáculo: Mary Poppins en el Prince Edgard, en pleno West End. Su música, sus coreografías, su energía, su gracia y su vitalidad son realmente contagiosas. Su director, Richard Eyre, otro de los grandes, ha conseguido, con todos los medios posibles, una obra maestra, un espectáculo, por decirlo en una palabra: supercalifragilisticoexpialidoso. Soberbio.
Otros musicales se reponen en nuevas versiones, como el mítico Cabaret con Natalie Portman como Sally, en el Apollo, con coreografía de Javier de Frutos a punto de estreno. The Sound of Music (Sonrisas y lágrimas) de Rogers y Hammerstein II en el London Palladium Theatre volverá en noviembre.
Una reposición que merece nuestro aplauso es Evita en el Adelphi, sustituyendo a Chicago, que pasa al Cambridge Theatre. El musical de Tim Rice y Andrew Lloyd Webber dirigido por Michael Grandage nos brinda a una protagonista excepcional: la argentina Elena Roger, tan prodigiosa como lo fue en su día Elaine Paige.
Una auténtica maravilla. Pasen, pasen… y disfruten.
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